Los contenidos digitales han cobrado un especial protagonismo en estos tiempos de confinamiento. Nos acercamos a una obra, Hopper que muestra la especial sensibilidad de su autor, Felipe H. Navarro, para mostrarnos la poesía que puede albergar una viñeta. Con él repasamos su trayectoria y nos acercamos a la autoedición en analógico y digital.

¿Qué es Hopper?

Un tebeo, un divertimento, un suicidio artístico… un futuro libro.

Primera viñeta de Hopper.

¿Cómo nace la obra?
Noctámbulos, Habitación de Hotel, Casa junto a la vía del tren, Sol de la mañana… eso, y poco más, era lo que yo conocía de Edward Hopper, así que, cuando en 2012, tuve la suerte de poder acudir a la fantástica exposición que organizó el Museo Thyssen-Bornemisza, fue un verdadero descubrimiento. Mi inmersión en la obra de Hopper fue tal, que me evadí de la realidad y habité en cada uno de sus cuadros. Me ganó como admirador. En algún instante de ese verano algo se empezó a fraguar en mi cabeza, seguro, y se mantuvo en algún rincón de mi mente hasta que vio la luz en 2016. En ese entonces había comenzado a colaborar con Jorge García en la que sería nuestra primera historia juntos. Yo venía de hacer lo que me daba la gana y me topé con un guionista exigente, y aunque la colaboración conjunta era deseada, se me hacía un poco dura. Necesitaba una vía de escape que me permitiese llevar a buen puerto nuestro trabajo. El cuerpo me pedía hacer algo libre, algo mecánico, como los dibujos que se hacen mientras se habla por teléfono… sin muchas, o ninguna, reglas. Abrí Photoshop y dibujé dos pirámides en tonos azules. Con esa viñeta acababa de nacer Hopper, y como muchas otras cosas, no hubiesen sido posible sin que Jorge “me animara” a hacerlo, je je.

Mark-Rothko, Clyfford-Still y Maria-Blanchard.

El minimalismo está muy presente en tu obra. El relato avanza de un modo inusual, magnificando los detalles más nimios para convertirlos en conductores de la historia. ¿Cuáles son tus referentes?

¿Minimalistas? No los tengo. Paradójicamente no soy muy conocedor del movimiento. Sí intento aplicar su máxima de, “Menos es más”, aunque yo la conocí por boca del dibujante Alex Toth y no por ninguno de los adscritos al movimiento. Lo que sí me gusta, y mucho, es el expresionismo abstracto de Mark Rothko y Clyfford Still;  El cubismo de Picasso, Juan Gris, y sobre todo, ¡María Blanchard! La Blanchard me gusta muchísimo. Imagino que todos ellos han tenido que ver algo en Hopper, aunque no de manera consciente.

Portada del séptimo capítulo de Hopper.

Tienes una larga tradición dentro del mundo editorial con un gran activismo dentro de la autoedición. ¿Cómo ha cambiado la autoedición desde tus comienzos?

Bueno, la autoedición me vino impuesta. Me costó despegar como autor, encontrar algo interesante que contar, buscar un estilo propio con el que sentirme cómodo… y cuando por fin creí poseerlo, me encontré que todo el mercado editorial español estaba derrumbándose, redefiniéndose. No tuve suerte con lo que presenté, e incluso di con un editor que se río de mi trabajo, el tipo me trató como una mierda. Él logró retirarme del mundo editorial antes de empezar.  Así que la única alternativa que me restaba para difundir mi trabajo era autoeditármelo. Pero siempre me ha dado mucha pereza autoeditarme, aunque lo disfruto muchísimo, me cuesta arrancar, preparar los materiales, contactar con la imprenta, mover los fanzines… no me gusta ir a salones y ferias como vendedor, ja ja ja, soy lo más alejado a un buen ejemplo de autoeditor o fanzinero… así, que posiblemente por eso, en 1999, y tras la crisis que me provocó la burla de ese editor, lo primero que hice fue un webcómic. Mis primeros fanzines en papel tardarían aún tres años en llegar, los hice en 2002, a base de fotocopias en blanco y negro con plegado y grapado a mano, vamos, lo que había al alcance de mi bolsillo y de la gran mayoría.
Apenas cuatro años después de mi segundo fanzine fotocopiado, surgieron plataformas de libros bajo demanda, y aunque su calidad y precio aún estaban por mejorar, supusieron un gran avance. En 2015 saqué mi último fanzine con impresión digital, y la calidad reproducción y acabado eran ya muy altas. Echando la vista atrás parece increíble que en cosa de 12 años se produjera un cambio tan radical y que ahora exista una impresión digital de alta calidad al alcance de cualquiera. Con respecto a la publicación de webcomics, en 1999, Internet era casi un secarral, y yo rezaba para que los pitidos que mi módems de 56 Kbps lograsen establecer una comunicación estable que me permitiese subir la entrega correspondiente de mi tebeo sin que se colgase la conexión. Aprendí html para poder colocar mis cosas en mi propia web, pero también publicaba en Fotolog. La velocidad y calidad de la conexión no tardó en mejorar y ahora vivimos un tiempo en el que ni nos acordamos de nuestros viejos módems. Cuando en 2007 aparecieron Facebook y Tumblr dieron un buen espaldarazo a los autores que habían decidido autogestionar su obra en rrss e Internet. En la actualidad, hay tanta variedad y calidad de artistas en rrss, que estas son una fuente inagotable de nuevos talentos. Por fortuna, para muchos de ellos la autopublicación en papel es una de sus prioridades, lo que ha contribuido a la proliferación de gran cantidad de festivales de autoedición. Así que se podría decir que estamos en un gran momento tanto para vender como para comprar fanzines.

Story West, segundo capítulo de Hopper.

Perteneces a una generación que crece a caballo entre lo analógico y lo digital.

¿Qué te hace elegir la edición digital para Hopper?

La inmediatez. La idea pasa de mi cabeza al ordenador, y de este, a Internet. Algo rápido, sin complicaciones. La historia de Hopper nace de la improvisación y no fue hasta la mitad del primer capítulo cuando vi que tenía que establecer cierto orden. Así que la idea de trasladar todo esto a una edición impresa no estaba en mis planes, pero La Casa Encendida y Fulgencio Pimentel convocaron los Premios Puchi, y les envié Hopper. Como ya sabrás, no gané el Puchi, pero como para participar en el concurso tuve que elaborar un pdf y una carta de presentación, no quise malgastar el tiempo invertido en ello y comencé a enviárselo a todas las editoriales independientes del país. Algunas jamás contestaron, otras fueron sumamente amables; y curiosamente, las que yo pensaba que serían las editoriales más indicadas para sacar el proyecto adelante, ni siquiera se molestaron en leerlo. Tras unos años recopilando negativas dejé de insistir en buscar editor.
Fantaseo con editarme Hopper, pero ya veremos qué acaba deparando el futuro.

Tres páginas junto a Jorge García.

Durante los últimos años has colaborado en “La Resistencia” junto a Jorge García.

Acostumbrado a ser autor completo de tu obra, ¿cómo vives la colaboración con otro guionista?

Disfruto mucho trabajando junto a otros autores. En los últimos años he tenido la suerte de poder colaborar junto a Jorge, Tomás Gaviro y Pedro F. Navarro, y  trabajar con cada uno de ellos ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí.  Cada uno de ellos tiene sus particularidades; Jorge me da un guión bastante cerrado e incluso me adjunta unas páginas con bocetos para orientarme, algo que también hace en sus colaboraciones junto a Gustavo Rico. Puedo aportar ideas, claro, Jorge no es ningún dictador, pero suele tener las cosas muy claras. Recuerdo que en nuestra primera historia sobre Ned Kelly (La Resistencia 6) estuvimos “una mañana” discutiendo sobre dónde debería colocar un bocadillo, ja, ja, ja… Jorge es un tipo cojonudo y me encanta trabajar con él; Pedro me ofrece guiones de estructura clásica, como Jorge, pero me da libertad para que cambie cosas, trata en todo momento que me encuentre cómodo y son famosas nuestras largas charlas telefónicas para discutir cosas del guión y arreglar el mundo; Tomás es el más generoso de los tres, y me deja casi que haga lo que quiera con sus guiones. Se fía demasiado de mi criterio, ja, ja, ja… Y yo se lo agradezco infinito.
Así que se podría decir que vivo todas las colaboraciones con entusiasmo e implicándome al cien por cien, dando lo mejor de mí en cada una de ellas… pero no todas las colaboraciones que he intentado han acabado funcionando. A veces es culpa de la historia (no siempre te apetece dibujar según que cosas), en otras ocasiones dependen del momento en que te encuentras, y de vez en cuando sucede que no se logra una simbiosis entre guionista y dibujante.
Resumiendo. Las colaboraciones molan, y en general, te ayudan a crecer como autor, ya seas guionista, dibujante o colorista…

Abastos, junto a Víctor Rivas, portada inédita de Catalina y página interior.

Y ya que mencionas a los coloristas, ayudas a Miguel B. Nuñez a dar color en los libros de “Catalina”.

Efectivamente, fui el colorista de “Catalina y la isla del cíclope”, pero el próximo libro de Catalina lo coloreará Miguel. No hemos discutido ni nada, es más, me consta que tanto él, como la editorial, quedaron muy contentos con mi trabajo. Fue bastante intenso, aunque lo disfruté mucho. Está no fue mi primera incursión como colorista a sueldo, en 2015, ya había dado color al trabajo de Víctor Rivas en el álbum colectivo “Abastos”. Me lo paso en grande coloreando obras ajenas.

Cuando termine el confinamiento saldrá a la calle un nuevo proyecto de la mano de Juanjo el Rápido, “La Residencia”. ¿Cómo va a ser la colaboración?

Llevo algunos años dándole vueltas a un personaje femenino, una “bella durmiente” que despierta por sí sola, sin intervención de príncipe ni nada parecido. El mundo que la rodea todavía se mantiene bajo los efectos del encantamiento, lleno de espinos, ramas retorcidas y cuerpos inertes.  Me he basado en el lado más poético y romántico de todo ese panorama desolador para realizar las dos ilustraciones que he entregado de momento. Ese caos servirá de hilo conductor para las doce páginas que realizaré en total para La Residencia de Historietistas.

A lo largo de los últimos tiempos se ha socializado la impresión, permitiendo que las pequeñas tiradas hagan que los autores se acerquen al medio con una calidad profesional. Mientras, plataformas de micromecenazgo conviven con las editoriales, en ocasiones convirtiéndose en su alternativa. ¿Dónde empiezan los límites entre la edición independiente y la autoedición?

Yo considero a la autoedición parte de la edición independiente. Cuando te autoeditas tienes que asumir todos los riesgos, y todo el trabajo editorial es cosa tuya, esto te convierte en editor. Así que según la idea que tengo en mi cabeza, dentro de la edición independiente nos podemos encontrar a la gente de Apa Apa, Fulgencio Pimentel, Ediciones Valientes, Libros de Autoengaño, DeHavilland, Fosfatina, Aia, y por ejemplo, a Juan Berrio, que es un grande de la autoedición en nuestro país.

¿Web o papel?

Ambos como autor, aunque como lector me gusta el papel.

Colores Garfunkel y Bella Guerrera

¿Proyectos?

Muchos. Jorge y yo hemos retomado el álbum sobre Ned Kelly con la sana intención de verlo acabado y publicado en un plazo “breve”. Yo tengo un par de proyectos personales, “Colores Garfunkel”, que empecé a serializarlo en Instagram; y “Bella guerrera”, la historia de la bella durmiente de la que te he hablado arriba. El resto de proyectos se encuentran en un estado tan embrionario que no me gustaría hablar de ellos aún, pero sí te puedo decir que andan involucrados en ellos, Javier Mora, Pedro F. Navarro, Vicente Navarro y Pedro Villarejo.

Links de interés:

www.cachalotecomix.com 

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