De como la Armada española emergió en un parque de Santiago de Cuba

Reinaldo Cedeño Pineda

Los cruceros acorazados Cristóbal Colón y Almirante Oquendo, buques insignias de la Armada Española del diecinueve, han emergido. No son barcos fantasmas, pero han vuelto. Sus imágenes son de una belleza conmovedora.

Un ancla sin barco que no ha podido desfigurar el coral. Un gigantesco mástil hendido. Un puente roto. Un cañón señalando al cielo todavía.… La historia sale de las aguas en el céntrico parque Céspdes de Santiago de Cuba.

El milagro lo han hecho posible los arqueólogos submarinos y fotógrafos, Vicente González Díaz y Vicente González Portuondo ― padre e hijo ― con  imágenes tomadas en el Parque Arqueológico del Patrimonio Cultural y Natural Subacuático Batalla Naval de Santiago de Cuba.

Las gigantografías exhibidas muestran al mismo tiempo como eran aquellos navíos y como han quedado sus restos.

El lugar, declarado Patrimonio Nacional,  es una franja costera de más de un centenar de kilómetros, donde yacen los pecios de cinco buques de España y dos de Estados Unidos, vinculados al conflicto naval entre esos dos países, el 3 de julio de 1898.

Fue un  día  terrible. El amirante Pascual Cervera, al frente de la escuadra, convencido de la imposibilidad de lograrlo y de que el intento constituiría un verdadero suicidio, escribió al ministro de Marina D. Segismundo Bermejo: «Con la conciencia tranquila voy al sacrificio» .

La superioridad en el poder de fuego de los norteamericanos, unida a su maniobrabilidad y modernidad, sentenciaron el resultado.

Algo misterioso, algo insondable tiene esta muestra titulada “Una inmersión en la historia”. Nadie puede escapar: todos se detienen.

Santiago de Cuba, sus aguas, guardan  para siempre parte de la historia de España y de América. Esa que ahora mismo asalta al lugareño o al visitante en el corazón de la ciudad.

Un crucero acorazado (Cristóbal Colón) sin su armamento principal colocado, tres cruceros protegidos (Infanta María TeresaVizcaya y Almirante Oquendo, los tres de la misma clase) y dos modernos destructores contratorpederos (Plutón y Furor, de la clase Furor ambos) se enfrentaban a cuatro acorazados modernos (USS Texas,  similar al MaineUSS IowaUSS Indiana y USS Oregon, estos dos últimos de la misma clase), dos nuevos cruceros acorazados (USS Brooklyn y USS New York; este último regresó justo a tiempo para participar en el final de la batalla), un cañonero (USS Ericsson) y tres cruceros auxiliares (USS GloucesterUSS Resolute y USS Vixen; el primero fue anteriormente el yate de J. P. Morgan conocido como Corsair, el segundo era un mercante reconvertido, y el tercero, un yate armado que fue propiedad del financiero Peter Arrell Brown Widener).