Aunque este chico no es santo de mi devoción, aunque le respeto, como a todos los santos, el lider de Podemos está expresando estos días una gran verdad.

Ante el gran frente de izquierdas que se está generando bajo la marca de AHORA EN COMÚN, Pablo Iglesias afirma que la nueva coalición en ciernes está anclada en una visión de la izquierda anticuada que nunca ganará las elecciones.

Pablo Iglesias es un gran estratega y tiene perfectamente claro que una posición de izquierda radical no tiene nada que hacer en España y esa es la razón de la imagen populista que ha fabricado para su formación.

Bajo el paragüas de «aquí cavemos todos» Iglesias afirma que «la unidad popular no es la unidad de los partidos, la unidad popular es la unidad de la gente y el poder civil» renunciando, ante la galería, a su propia ideología, no olvidemos que no hace mucho militaba en IU, y aplicando el marketing electoral que habla a las claras que la opción que no conquiste al centro sociológico, no tiene nada que hacer en las elecciones.

Iglesias y, su amigo e ideólogo, Monedero tienen un claro perfil de izquierda marxista leninista totalitaria y centralista, una opción totalmente respetable en un sistema democrática, pero asumen que esa opción nunca tendría la posibilidad de tomar el poder en las urnas, en el siglo XXI.

Por tanto Iglesias a optado por poner su ideología en el congelador y apostar por la creación de una organización abierta a todos los ciudadanos que, en estos momentos de crisis económica, están escandalizados con la corrupción de cierta clase política, favorecida por el sistema de partidos que se ha conformado en España, la dependencia del poder judicial y la permisividad del codigo penal con las conductas corruptas, malvesadoras, nepotistas y prevaridacodas.

Y es que muchos golfos aprovecharon la coyuntura de una transición vertiginosa de una dictadura a una democracia, para colocarse dentro de un sistema mal dideñado, que les permitió infiltrarse en los partidos, sindicatos y organizaciones empresariales, donde medran muchos mediocres que ademas han sido abducidos por empresarios sin escrupulos que compraron voluntades y concesiones administrativas.

Esto, unido a la macro estructura de nuestra administración heredada del siglo XVIII, donde sobran miles de municipios, todas las diputaciones y el senado, han creado una ciudadanía indignada que está por encima de las ideologías y se siente unida en su soledad, y se siente expoliada, y busca nuevas organizaciones, alejadas de las ideologías que simplemente les reafirmen en su indignación y les propongan soluciones regidas por el sentido común.

Y en ese gran mar de descontentos es donde pretende pescar Pablo Iglesias para poder llegar al poder, máxima suprema de la lucha política, como define el marxismo, repitiendo, una y otra vez un mantra populista centrado en, no más de, 5 o 6, puntos básicos en los que todos los ciudadanos estamos de acuerdo.