Ich. Entrevista a Luciano Saracino y Ariel Olivetti.

Ich es una de las propuestas más estimulantes de este verano. Un libro que nos acerca a la colonización de América desde un punto de vista inédito. Los artífices de la historia son viejos conocidos en nuestro mercado, dos de los autores más pujantes del cómic argentino. En la parte gráfica destaca el espectacular trabajo de Ariel Olivetti, dibujante que ya sorprendiese al público español hace 20 años con las historias del “Cazador de aventuras” y que ha desarrollado una impresionante carrera en la que destaca su trabajo en el mercado norteamericano con incursiones en series de éxito como Punisher War Journal, Cable o Conan.

El guión está realizado por uno de los escritores más estimulantes del actual panorama argentino, Luciano Saracino, un autor todoterreno que combina géneros y medios con absoluta naturalidad. En nuestro país será especialmente conocido por su trabajo junto a Javier de Isusi en series como “Historias del Olvido” u “Ometepe” pero su trabajo se bifurca en numerosas direcciones y temas que van desde el terror hasta la reconstrucción de la vida de Oesterheld en la serie de televisión “Germán, últimas viñetas”.

Con ellos conocemos un poco mejor Ich.

 Pregunta: ¿Qué es Ich? 

Olivetti: Ich es una historieta de aventuras, de fantasía, de mitologías, de verdades y de leyendas. Y de un hombre, mezclado en todo eso.

Saracino: Ich es, como dice Ariel, un libro de historietas de aventuras (o de superhéroes, todavía no lo tenemos muy en claro) ambientado en la época de la conquista americana.

Olivetti: Ich es una entidad que sobrevive a los años y que renace con cada portador, en cada época distinta. Ich es un ser humano que tiene un poder especial que le permite transformarse en las distintas entidades que las distintas máscaras representan. Las máscaras encuentran al portador y el portador encuentra las máscaras; es un reencuentro entre un poder y un sujeto.

Saracino:  Es, también, el resultado de las ganas que tuvieron un guionista y un dibujante de hacer un libro que les divierta hacer y que, a su vez, sea divertido de leer.

P.: ¿Cómo nace la obra?

Olivetti: La obra nace de la forma más lúdica y más hermosa; entre charlas con Luciano Saracino, jugando.

Saracino: Por estas cosas que tienen las convenciones de historietas, a veces nos toca alejarnos de casa durante varios días y compartir jornadas con gente que hace lo mismo que uno. Así, entre la gente que te encontrás, con alguno se da una química especial. Con Ariel, inmediatamente hicimos amistad. A los dos nos gustan las mismas cosas (el tango, la buena comida y bebida, la amistad sin vueltas, la vida como lugar de disfrute) y amamos trabajar haciendo historietas. Hicimos las cosas al revés de lo que suele hacerse: antes de ponernos a trabajar, descansamos. Me explico: estuvimos un par de años largos juntándonos para charlar y beber sin otro objetivo que el más puro hedonismo hasta que un día nos preguntamos: “y si hacemos algo productivo?”. Y ahí nos seguimos juntando para beber y charlar, pero tirando ideas de posibles proyectos.

Olivetti: El plan era no censurar ninguna idea de las que iban apareciendo, así que el argumento se fue decantando solo.

Saracino: Los delirios crecían, a medida que avanzaban las copas. Y una vez Ariel, creo que viajando a una convención de estas que te comentaba antes, me dijo “¿y si hacemos la historia de un nativo americano que se enfrenta a los conquistadores y tiene el poder de cambiar de formas utilizando máscaras tribales?”. En aquella idea de Ariel estaba todo lo que Ariel quería dibujar: un héroe que pudiese cambiar para no aburrirse y una historia que nos perteneciera como latinoamericanos que somos, con la intención de publicarla alrededor  del mundo. No hace falta que te comente que aquella idea inmediatamente hizo tierra en mi cabeza, y cuando nos quisimos enterar, ya teníamos todo el desarrollo de la historia armado.

P.: Cada uno de vosotros tiene un recorrido muy distinto. En tu caso Lucho, te has convertido en uno de los escritores más activos de Argentina, mientras que tu Ariel has desarrollado una extensa carrera en el mercado americano. ¿Cómo surge el encuentro entre ambos? 

 Saracino: Creo que fue gracias a un momento en la carrera de ambos en que los dos teníamos ganas de hacer algo distinto a lo que estábamos haciendo. Salir de la zona de confort, como quien dice.

Olivetti: El encuentro fue una casualidad. Sin embargo, estábamos destinados a encontrarnos. Coincidimos en muchísimas cosas, y nuestros procesos creativos –si bien venimos de ramas totalmente distintas del arte- son absolutamente complementarios. Y la forma de sentir y de apasionarnos con los proyectos es muy similar. O sea que nos encontramos en la pasión.

P.: La historia de Ich se centra en la época de la colonización española de América. ¿Cómo es el proceso de documentación de la época? 

Olivetti: Hemos recorrido selvas y decenas de museos de latinoamerica. En muchos de esos viajes, incluso, pusimos en riesgo nuestras propias vidas y las de nuestros seres queridos, como lo explicamos en el dossier final del libro.

Saracino: Exacto. Ariel y yo somos tipos que viajamos mucho, juntos o por separado. Creo que la mayor documentación de este libro radica en esos viajes. En lo que miramos. Lo que absorbemos. Porque si bien en la superficie la historia trata sobre la conquista española sobre la América nativa, una segunda lectura nos habla de la colonización perpetua que esta tierra ha vivido y sigue viviendo. La negación de la propia cultura en pos de otra que se instala, y el grito desesperado de aquella que no quiere dejarse morir.

P.: A pesar de tratarse de una historia eminentemente de aventuras en la obra hay una gran crítica social de la época de la colonización y sus efectos, algunos de ellos mantenidos hasta nuestros días. 

Olivetti: Sí.

Saracino: Te repito que no se trata sólo de la colonización pasada sino de la presente (que se sigue dando, y en múltiples aspectos). Es una crítica hacia afuera y hacia adentro, porque en esta historia lo que más te va a costar encontrar son “buenos” plenos.

P.: Como en gran parte de tu obra, Lucho, la mezcla de géneros es inevitable, construyendo una obra que mezcla las leyendas milenarias con las historias de amor y aventuras. 

Saracino: Es inevitable e inconsciente. No me siento a pensarlo, antes de escribirlo. Pero cuando termino, es así como decís. Supongo que me aburro de las estructuras diseñadas y voy mezclando. Probando otros caminos. Si fuese cocinero sería un fracaso porque le pondría dulce de leche a los fideos. Pero, en la escritura, algunos riesgos funcionan. Y guiar al lector a un sitio prometiéndole un camino pero llevándolo por otro siempre es agradable. De esa manera, creo que Ich es una historieta de superhéroes fuera de lo común porque tiene un poco de poesía, un poco de leyenda, un poco de canción.

P.: Como en toda gran obra que se precie, tan importantes como sus protagonistas son sus enemigos. Introduces en la trama una fascinante némesis que roba la atención de la historia en cada intervención. 

Olivetti: Nosotros como lectores y espectadores amamos a los villanos. Creo que los villanos son muchísimo más importantes que los héroes. Justamente, son ellos los que justifican la epopeya.

Saracino: Sebastián de Loup fue toda una sorpresa, verdaderamente. Se fue mostrando de a poco y, cuando nos quisimos acordar, se había apoderado de la trama. Tiene una personalidad encantadora. Es el tipo de personaje que invitás a tu casa a tomar algo y se queda con tu mujer (y después mata a todos). Es, como su apellido lo indica, el lobo. El lobo feroz de Caperucita. Encantador y asesino por partes iguales.

Olivetti: Sin los villanos, no sirve de nada la historia de un héroe. Tendríamos una novela introspectiva. Y Sebastián de Loup es un villano con todas las letras.

Saracino: Cuando le mandé el guión a Ariel, naturalmente, el villano no tenía cara. Y cuando Ariel me envió las páginas dibujadas… ¡Le había puesto el rostro de Alfredo Astiz, uno de los más enormes torturadores, asesinos e hijos de puta de la dictadura militar argentina! Astiz es conocido por su cara de ángel y su alma de demonio. Así que la idea de Ariel no podía ser más genial.

Olivetti: Durante los meses que estuve dibujando este libro tenía en mi tablero pegada una foto de Astiz como referencia. Y cuando entraba algún periodista a hacerme un reportaje miraban aquello y no se animaban a preguntar. Yo no les explicaba porqué tenía en mi estudio una foto de Astiz. Así que imaginate las conclusiones a las que habrán llegado.

P.: En Ich vemos como las máscaras cobran un protagonismo especial.

Saracino: Sucede en Ich pero sucede, también, en la vida. Somos máscaras. Utilizamos una diferente para cada ocasión. Con Ich sucede que el personaje se convierte en lo que la máscara es. Con nosotros, es igual.

P.: El reto creativo de crear personajes en base a las máscaras que portan recae en ti Ariel. Da la sensación de que disfrutas en este proceso. 

Olivetti: Una de las cosas que más me gusta hacer en mi trabajo es la creación de personajes nuevos. El diseño. Y, justamente, esta historia me viene como anillo al dedo porque hay que inventar personajes (algunos recrearlos porque ya existían en las mitologías y otros inventarlos totalmente de cero). Por eso mismo para mí es un gran placer haber hecho este trabajo y creo que se ve reflejado, en la obra.

P.: La espectacularidad de tu trabajo, Ariel, se convierte en un gancho irresistible para acercarse a la obra. Da la sensación que has tomado caminos diferentes a las que utilizas para tus trabajos en el mercado norteamericano. ¿Cómo ha sido el proceso de construcción de la obra?

Olivetti: El proceso de construcción ha sido bastante similar al de mis otros trabajos. Lo que pasa es que en Ich contaba con un poco más de tiempo y, al ser co-creador de la historia, yo sabía adónde podía explayarme mejor. Creamos una historia donde mi dibujo realmente se luce y por eso lo realicé con absoluta alegría.

P.: El color cobra un especial protagonismo. 

Olivetti: El color es fundamental para mi forma de narrar y lo utilizo no solamente para darle más carácter a las ilustraciones sino que también lo utilizo para denotar pasajes en el tiempo y flashbacks. Al realizar el color yo mismo, el mismo me permite poder contar mejor la idea que quiero transmitir.

P.: ¿Cómo ha sido el trabajo en común?

Saracino: La historia la conversamos entre los dos. Todos los martes a la noche nos juntamos a cenar y, mientras hablamos de lo que rodea a la vida, diagramamos el argumento general de Ich. Luego yo escribo bloques de veinte páginas, que le mando a Ariel y él va dibujando. Cuando tiene los lápices, me los muestra. Allí es posible que Ariel añada algún cambio, por lo que tengo que replantear tal o cual aspecto del guión o me da ideas para seguir con lo que tengo que escribir. Así, hasta que se termina todo el proceso. Una vez que Ariel terminó de pintar la última página, yo me siento con todo el material (sin globitos, diálogos ni cartuchos) y reescribo todos los parlamentos y textos para que queden aceitados con las expresiones y acciones que ahora están dibujadas. Así que puedo asegurarte que Ich es un proceso de ida y vuelta, desde el comienzo hasta su fin.

Olivetti: La diferencia de trabajar con un guionista que vive en el extranjero a trabajar con Luciano, que vive a veinte cuadras de mi casa, es la comodidad. Yo amo trabajar para Marvel, pero trabajar con un colega que vive en mi país y, encima, que es amigo, me permite meterme en la parte del argumento y al guionista le permite meterse en la parte gráfica.

P.: En tu caso Lucho, Ich supone un reencuentro con el público español al que ya conocías desde “Historias del Olvido”. ¿Notas muchas diferencias entre ambos mercados? 

Saracino: En España tuve la oportunidad de publicar Historias del Olvido (Dolmen, 2007); Corina y el Pistolero (Dolmen, 2009), HO2 (Dolmen, 2011), Ometepe (Astiberri, 2012), Las Aventuras de Fede y Tomate I y II (Dibbuks, 2014) y ahora Ich, por Yermo. A pesar de que, vistos así, son unos cuántos libros, no podría definirte diferencias entre ambos públicos, si te estás refiriendo al español y al argentino. El público español, al tener mayor cantidad de ofertas que el argentino, suele cambiar casi por completo entre libro y libro (a pesar de algún grupito que te venga siguiendo porque tal o cual historia le gustó particularmente). En Argentina uno se ha vuelto un personaje un poco más estable en cuanto a su público porque te ven más, te siguen, te tienen a tiro.

P.: ¿Con qué género te sientes más cómodo?

Saracino: Sea lo que sea que haga, intento que tenga mi impronta (lo que sea, eso de la impronta). En Ich hay referencias directas a Corina y el Pistolero (de hecho, ambas obras pertenecen al mismo universo, y la que es Corina en un libro se llama Yaretzi en el otro, siendo ambas la misma entidad). También hay un tono que se acerca mucho al que se respira en Ometepe, y Yaretzi canta la misma canción que cantan los manos en El Eternauta, que es una de mis historietas preferidas. Creo que uno es, y eso que es aparece filtrado en lo que hace. En mi caso, me siento cómodo escribiendo historietas. Sean del género que sea, pero que tengan aquí o allá un hueco para poder meter mi mundo de fantasías.

P.: En Ich vemos la lucha entre el bien y el mal a través de historias desarrolladas en diferentes momentos históricos. ¿En que entornos nos podremos encontrar a los protagonistas?. 

Saracino: El segundo libro sucede pasado mañana, en cualquier ciudad grande estadounidense. Lo bueno que tiene Ich es que es un universo múltiple. No nos aferra ni a un personaje ni a un contexto.

Olivetti: Podemos, así, hacer exactamente lo que queremos hacer, siguiendo un plan determinado.

P.: Completa el tomo un relato en el que mezcláis realidad y ficción para contar la génesis de la historia. 

Saracino: En ese dossier final contamos un poco los viajes que hicimos con Ariel para buscar información sobre las máscaras de las que hablamos en el libro. Nada de lo contamos ahí es mentira, aunque poco sea cierto.

 

P.: Edita para España Yermo. ¿Cómo ha sido la experiencia con la editorial?

Olivetti: De las mejores. El producto final superó completamente nuestras expectativas. El libro es una belleza.

Saracino: Publicar en Yermo es un lujo. Por lejos, de todas las ediciones que se han realizado hasta ahora (Argentina, Brasil, USA), la de Yermo es la más lujosa. Tamaño descomunal para disfrutar de los dibujos de Ariel; tapa dura; una impresión inigualable. Además, te cuento que la edición española tiene tres páginas que no están en ninguna otra edición, hasta ahora. Si me hubieses dicho hace dos años que Ich iba a terminar publicándose con semejante calidad, te hubiese mandado a comprar más cerveza.

P.: ¿Será Ich una serie abierta o tenéis claro cuál será el comienzo y final de la historia? 

Saracino: Es una serie abierta, pero teniendo en claro el comienzo y –más o menos- el final.

Olivetti: Tenemos bien claro lo que queremos hacer, con este universo. Y adónde queremos ir.

Saracino: En el medio sucederá el mundo, así que el mundo nos irá diciendo lo que se puede y lo que no, de lo planeado.

P.: IDW publicará en Estados Unidos Ich. En tu caso Ariel llevas años trabajando en este mercado en series como Punisher War Journal. Los últimos años en el mercado americano han encontrado su hueco proyectos independientes en los que los autores tienen un mayor protagonismo. ¿Te ves trabajando en series propias en este mercado?.

Olivetti: De hecho, es lo que más me gratificaría. Pero es muy difícil poder hacer series propias en editoriales tan grandes como Marvel o DC donde ya tienen sus personajes fuertes y exitosos.

P.: ¿Te tienta, Lucho, entrar en este mercado?.

Saracino: La verdad es que sí. Sería muy necio de mi parte decirte que no estoy en lo más mínimo interesado. Como lector y autor de historietas, tengo absoluta conciencia de que el mercado americano es cuna y espacio. Yo soy un escritor de esos que se sientan y le dan a las teclas durante días enteros hasta que la historia que tiene entre manos logra un clima, un desarrollo que la haga vivir por sí misma. Me pienso, en ese sentido, realizando alguna miniserie para el mercado americano y me emociono mucho. Si bien Ich se ha publicado en cuatro entregas en IDW y estamos negociando la salida del segundo arco argumental (que será más largo que el primero), no considero que sea Ich un trabajo realizado para el mercado americano porque desde su génesis lo hicimos para nosotros. Pero claro que me encantaría escribir una mini serie de G.I.Joe, Las Tortugas Ninjas, Archie o del superhéroe que se te ocurra. ¿Vos cómo me ves escribiendo para el mercado americano, Kike?

P.: Para los lectores españoles, Ariel, su primer contacto con tu obra será la mítica serie de “El cazador de aventuras”. ¿Has pensado en algún momento retomar la serie?

Olivetti: Me hubiese gustado mucho volver al proyecto Cazador. Pero por problemas internos entre los diferentes creadores del personaje no se pudo concretar.

P.: La visión que tenemos del mercado argentino en el mercado español nos remite a los grandes clásicos del medio, desde Breccia y Oesterheld a Muñoz y Sampayo. ¿Cómo es en la actualidad la situación de la historieta en el país?.

Olivetti: En Argentina la diversidad es absolutamente vasta. Hay desde grandes humoristas, caricaturistas, dibujantes de aventuras, de superhéroes, de historieta clásica, alternativa. Hay de todo.

Saracino: Como en muchos lugares del mundo, la historieta en argentina ha salido del quiosco de revistas y ha pasado a ser parte de las librerías, al lado de las novelas canónicas y los best sellers. Eso la ha vuelto un objeto que se cuida, que se guarda a través del tiempo, y no uno que se lee y se tira, como posiblemente pasaba en otras décadas. Como contra a aquello, todos sabemos que los libros son más caros que las revistas. Eso -y otros asuntos que no vienen al caso, por lo extensos- ha hecho desaparecer el público masivo que compraba de a centenares de miles de historietas cada semana, y lo ha vuelto, también, más selecto a la hora de elegir.

Olivetti: Volviendo a lo particular que tiene nuestro mercado, es muy difícil enmarcar hoy en día a la historieta argentina en un estilo determinado. Lo que sí, nos podemos sentir contentos de formar otro dúo dinámico como este Saracino/Olivetti, como en su época fueron Trillo/Altuna o los que mencionás vos, sin querer compararme pero comparándome.

Saracino: Estoy de acuerdo con lo que dice Ariel. La nueva sangre de la historieta argentina ha tomado referentes tan diversos y universales que la ha vuelto una paleta ecléctica y maravillosa, hoy en día. Ya no es tan fácil definir lo que es “la historieta argentina”. Del mismo modo que antaño obras como las de Quino, Trillo, Altuna, Mordillo, Breccia, Oesterheld, Muñoz, Sampayo, Alcatena, Mandrafina, Robin Wood y muchísimos otros eran publicadas a lo largo y ancho del mundo, hoy tenemos embajadores de no menos talla como, entre otros muchos, Liniers, Maitena, Carlos Gómez, Eduardo Risso, Jorge González, Leandro Fernández, Jok, Juan Ferreyra… y nosotros. Porque ya te dijimos que Ich se está publicando en todo el mundo, no?

 

P.: ¿Tenéis pendientes de publicación nuevos proyectos en nuestro mercado?

Saracino: Para 2017 tendremos con Gerardo Baró terminado el tercer volumen de Las Aventuras de Fede y Tomate, así que supongo que se publicará en algún momento del año, en España.

Olivetti: Ich 2 estará terminado a fines de este año, por lo que se publicará en España a fin de este año o a principios del siguiente.

Saracino: Y, como te decía antes; el mundo. Tengo muchísimas ganas de hacer un libro nuevo con Infame & Co., con Javier de Isusi… hay mucho que contar, por suerte.

P.: ¿Proyectos? 

Olivetti: En octubre retomo una serie regular en Marvel. Y, luego de eso, a seguir contando historias de Ich.

Saracino: En mi caso, este año supuestamente se filmará Necronomicón, un film de terror que co-escribí con el novelista Ricardo Romero. También tengo en carpeta otra película, a filmarse posiblemente en 2017. Estas semanas tengo que terminar de cerrar el segundo libro de Ich. Con Carlos Gómez tenemos una historia en plena realización que se llama Kuntur y, seguro, un montón de cositas más que ahora no me estoy acordando.