Historias de miedo para contar en la oscuridad: Leyendas para adolescentes

Los libros de Alvin Schwartz con escalofriantes ilustraciones de Stephen Gammel se han convertido, desde su publicación en los años 80, en una fuente de pesadillas para las generaciones más jóvenes; el avispado Guillermo Del Toro, como buen amante del terror, se atreve a dar carne y hueso a los terrores de Schwartz y Gammel en una adaptación libre que funciona como una puerta fantástica para que los más jóvenes se acerquen al terror clásico.

La familia Bellows no solo trajo la prosperidad al pueblecito de Mill Valley cuando instaló su fábrica de papel, también llevó la leyenda de Sarah Bellows: encerrada en su habitación, contaba historias de miedo a los niños que se acercaban al lugar.

Esta noche de Halloween tres niños – Stella, Auggey y Chuck – se atreven a entrar en la casa abandonada de los Bellows y darán con el libro, escrito con sangre, donde Sarah Bellows recopiló sus historias. La pesadilla acaba de empezar.

Incomprensiblemente, la carrera del director noruego André Ovredal aún no ha pegado el salto que se merece tras una de las mejores películas de Found Footage, Trollhunter, y esa joyita de terror ambiental que es The Autopsy Of Jane Doe; Historias de miedo para contar en la oscuridad puede ser su reivindicación porque el trabajo de Ovredal es impecable debido a que genera atmósferas de terror sin necesidad de apoyarse continuamente en los jump scares que infestan el cine de género desde hace demasiados años. La cámara de Ovredal sabe jugar con el fuera de campo, convirtiendo lugares comunes en trampas.

El trabajo de Ovredal tras la cámara esta fuera de toda duda y es sobresaliente, no así el guion de los Hageman basado en el trabajo de Guillermo del Toro ya que al basarse en relatos cortos, a veces de un par de páginas, se sacan de la manga una historia que funcione como pegamento y esta, en ocasiones, resulta demasiado manida teniendo en cuenta que las filias y fobias de Del Toro están presentes desde el primer minuto: terror gótico, la expiación, la familia y el perdón por poner las más llamativas.

Pero aunque la historia puede resultar ya conocida para el espectador avezado, hay que reconocer a los Hageman que su historia conectará a la primera con los más jóvenes, gracias a unos personajes proto adolescentes acosados por todo tipo de criaturas.

Y es que en el departamento técnico encontramos los puntos fuertes de Historias de miedo para contar en la oscuridad, la fotografía de Roman Osin es capaz de mezclar el tono crepuscular de una época que termina, la película se desarrolla a finales de los años 60 en una época turbulenta para Estados Unidos, con ese terror que vive en la oscuridad y que, implacable, te llevará consigo.

El diseño de las criaturas, un gran trabajo adaptando los diseños de Stephen Gammel, no solo es de quitarse el sombrero sino que cada una tiene entidad propia y deja con ganas de ver más.

El casting de niños es perfecto, siendo la delicada Zoe Margaret Colleti el aglutinador de la historia, bien secundada por Michael Garza, Gabriel Rush y Austin Zajur – quien protagoniza el segmento más terrorífico y que espero pase a los anales de la historia del género – pero sorprende que tengan en el reparto a dos pesos pesados como Dean Norris o Gil Bellows y los desaproveche en papeles de escasa entidad o poca presencia.

Historias de miedo para contar en la oscuridad es una más que entretenida película que huele a franquicia. Si mantiene el alto nivel de esta primera entrega podríamos hablar de una saga de cine terrorífico “familiar” que, aleluya, no trata a los jóvenes espectadores como idiotas.

Patxi Álvarez