‘Gorrión Rojo’ es un film de espías atractivo, violento, erótico y sucio, pero que en ningún momento renuncia a su posicionamiento como blockbuster hollywoodiense, lo que le convierte en menos interesante de lo que podría haber sido. Y es que se trata de una película de espías que mezcla el clasicismo narrativo de los 70 y 80 forjado por nombres como John Frankenheimer o Franklin J. Schaffner, con el mito de la femme fatale inherente al cine negro y su empoderamiento posterior dentro del cine de acción con films como ‘Nikita, dura de matar’ (Luc Besson, 1990), y también con algunos elementos del cine exploitation setentero.

Todo un cóctel explosivo que predispone al espectador a enfrentarse a un disfrute palomitero adulto, alejado del cine infantiloide en el que a menudo cae el cine comercial de hoy en día. Sin embargo, la película parece tener echado el freno de mano en todo momento y cada vez que la película se pone «burra», en seguida aparece la auto-censura consciente para no herir demasiadas sensibilidades por el camino.

No en vano, ‘Gorrión Rojo’ está dirigida por Francis Lawrence, autor del segundo, tercer y cuarto episodio de la saga ‘Los Juegos del Hambre’ que ya era una combinación en sí misma de una premisa tan malsana como la de ‘Battle Royale’ (Kinji Fukasaku, 2000) suavizada para encontrar un público adolescente sin muchas neuronas o de aquel remake postapocalíptico de la novela de Richard Matheson ‘Soy Leyenda’ (2007), donde se reducía la crueldad pesimista de la versión realizada por Boris Sagal con un final bastante olvidable. Lawrence, director, vuelve a tropezar aquí con la misma piedra y se queda en la epidermis de un relato oscuro, amargo, brutal y negrísimo, para convertirlo en un gran espectáculo para todos los públicos.

Por suerte, el lavado a máquina no es total y tiene suficientes elementos para mantener nuestro interés durante las casi 2 horas y media de metraje.

El film está protagonizado por Jennifer Lawrence, la niña bonita del defenestrado Weinstein, que aquí busca sacudirse su imagen de jovencita virginal e inmaculada interpretando un personaje lleno de aristas y clarosocuros que contiene una elevada dosis implícita de violencia y de explotación de su feminidad, aunque nuevamente parece haber unos límites dentro de la exposición sexual que requiere.

Lawrence, la actriz, muestra una extraña y sugerente combinación de hieratismo y seducción que salda con buena nota gracias a su carismática presencia física en pantalla y su desfile con estilismos varios, pero que flaquea cuando es necesario aportar una mayor carga de profundidad psicológica a algunas escenas.

‘Gorrión Rojo’ es pues un producto bien acabado y con un buen puñado de secuencias brillantes, en especial cuando se deja llevar por el lado más salvaje del relato, también es resultón en la recuperación del espíritu del cine de espías de antaño, pero es tremendamente insatisfactorio cuando se aplica la autocensura para no violentar a ningún espectador, con un ojo puesto siempre en la recaudación de taquilla.

Patxi Álvarez