Sus apariciones públicas eligen siempre el momento preciso. Sus palabras son advertencias envueltas en consejos de supuesto sabio. Sus púlpitos, casi siempre los mismos, los medios del más influyente grupo mediático español, imperio que ayudó a construir desde su dilatada presidencia del Gobierno.

Felipe González es ya un clásico en su reivindicación de la abstención de los socialistas para dejar gobernar a Mariano Rajoy. Un clásico en menos de tres meses porque sus declaraciones en ese sentido ya no se cuentan con los dedos de una mano. Así que Felipe González, reconociendo que Rajoy no se lo merece, reclama al PSOE la abstención que facilite un nuevo Gobierno cuanto antes porque eso va en beneficio de todos, aunque él lo precisa “en beneficio del Estado”.

Hay una anomalía en la política española, otra más, que tiene a los expresidentes del Gobierno como protagonistas. Quienes alcanzaron tan alta distinción por decisión de los ciudadanos que votaron sus candidaturas, comparten un estatus que les da derecho a una asignación mensual, secretaria y despacho, además de los servicios de protección. A cambio de estas prestaciones se les pedía que formasen parte del Consejo de Estado, un organismo de asesoramiento al gobierno de turno.

Hasta aquí la formalidad. La realidad fue diferente. Uno a uno han ido renunciando a esa tarea en aras de atender su agitada vida privada: conferencias por doquier, asesoramiento a empresarios de postín, consejos de administración de grandes empresas e intermediarios en los más variados conflictos. A lo que tardan más en renunciar es a la dotación mensual, a la secretaria, coche oficial y despacho. Para eso se dieron muy poca prisa.

Excepto muy raras excepciones, ninguno de los expresidentes renunció a intervenir en el debate político cotidiano. Cada uno arrimando el ascua a su sardina, como si aún fuesen líderes de un partido político en una disputa electoral. González y Aznar han sido quienes en mayor número de ocasiones han intervenido en el día a día de sus respectivos partidos. Aznar lanzando puyas a Rajoy y González, últimamente, condicionando las decisiones del acosado líder socialista. Ayer, pidiéndole de nuevo que facilite con su abstención un gobierno de Rajoy.

¿Qué pretende Felipe González? Hace unas semanas Gregorio Morán escribía en bez.es una semblanza de González y Aznar, a quienes definió como “Dos golfos y un destino”. Conviene recordar la conclusión a la que llegaba Morán en su artículo: “Aquí estamos los dos –podría decir cualquier de ellos- convertidos en golferas con un solo destino: asesorar a los ricos que nos hacen caso y aconsejar a los de nuestro partido, que no nos lo hacen. Pero sobre todo ganar un dinero que nos consienta mirar a los demás con ese punto de desdén y superioridad que otorga haber sido un supuesto estadista”

  

Asesorar a los ricos que nos hacen caso y aconsejar a los de nuestro partido, que no nos lo hacen. Pero sobre todo ganar un dinero que nos consienta mirar a los demás con ese punto de desdén y superioridad que otorga haber sido un supuesto estadista

Gregorio Morán

Escribe en bez.es los fines de semana

Escrito por Gregorio Morán en http://www.bez.es