“Es preciso buscar la sorpresa para aportar algo nuevo al lector”. Entrevista a José Luis Munuera.”

José Luis Munuera es un autor de reconocido prestigio en el país galo. Su trabajo más emblemático en Francia ha sido su aportación a Spirou. Con “Zorglub”, el autor regresa al universo del botones para contarnos la vida familiar del villano más icónico de la serie. Mientras tanto, Munuera cierra una de sus series más queridas: “Los Campbell”, cinco tomos en los que ha mostrado su pasión por el género de aventuras y sus preocupaciones como padre.

Con “Las tres maldiciones” completas una de tus obras más personales, “Los Campbell”. ¿Cómo vives el fin de la serie?.

Como algo natural y lógico. Como lector, me gusta que la experiencia de lectura conduzca hacia algún sitio, que sea un viaje con un destino. Con el último tomo de Los Campbell he intentado cerrar la mayoría de los hilos narrativos que con tanta alegría como inconsciencia he ido abriendo a lo largo de los 4 álbumes precedentes, para llegar a lo que a mí me parecía un final ineludible, que se anunciaba desde el primer álbum.

A lo largo de cinco álbumes hemos ido conociendo la vida de los dos hermanos piratas, una historia fraternal que, presentada como una sitcom con piratas de fondo, nos presenta una tragicomedia que podía firmar Shakespeare.

Responde a mi estrategia “caballo de Troya” en la que uno seduce al lector ofreciéndole algo aparentemente ligero, pero que encierra algunas cargas de profundidad. En realidad, la serie, a parte de utilizar una arquitectura narrativa compleja, para lo que es un standard de tebeo clásico, a base de flash backs y flash forwards, que se ajusta en mi opinión a la sofisticación actual de los lectores y, sobre todo, una mezcla de tonos narrativos muy acusada, en la que se pasa por distintos tipos de comedia, por secuencias de pura acción y por elementos más dramáticos, ha intentado sobre todo recuperar el aire del tebeo tradicional. Ese espíritu aventurero y esa intriga de constantes cliffhungers que nos hacía pasarnos horas pegados a un tebeo, hasta que prácticamente lo deshacíamos de tanto manosearlo. Mi ilusión como autor es que algún crío (¡o no tan crío!) lea mis cómics y entre tanto en la historia que se olvide de que es un tebeo.

Luego hablaremos de ello pero en la serie muestras tu interés por hablar de las relaciones familiares utilizando el folletín como trasfondo de la historia.

La técnica del folletín es consustancial al tebeo, desde las tiras de prensa de principios de siglo, cuyo objetivo no disimulado era el de atraer lectores día tras día al periódico. En ese sentido, yo he estudiado, entre otros muchos ejemplos, la maestría de las sundays de Frank Robbins en Johnny Hazard, en las que, a razón de una página semanal, iba construyendo unos relatos de pura diversión, cargados de emociones y de un sentido del humor muy fino. Esa técnica narrativa es complejísima, te obliga a recapitular toda la información cada cierto tiempo, pero al mismo tiempo te permite avanzar en las tramas desarrollando a placer y en profundidad a cada personaje. Esta historia en particular podría igualmente haber sido un western o una space ópera, puesto que lo que me interesaba en realidad, lo que ocultaba el caballo de Troya, era componer unos personajes muy tridimensionales con relaciones complejas entre ellos.

En “Los Campbell” vemos una vuelta de tuerca perversa del origen de “El hombre enmascarado”. En este caso hablas de una tradición en el que el negocio familiar es la piratería.

¡Es que a mí siempre me han sorprendido esos héroes de tebeos que no sabe uno de qué viven! ¿cómo se gana la vida Spirou? ¿y Tintín? ¡Tiene que ser algo que de mucha pasta, porque se pasan la vida viajando! Me gusta hablar del trabajo de los personajes, porque eso también los define y me permite hablar de muchos temas utilizando el punto de vista de alguien que se dedica a una actividad concreta. ¡Y, qué demonios, la piratería novelesca a la que yo hago referencia me parece un trabajo tan ideal que no veo cómo podría evitar que algunas de las hijas de Campbell acabara siguiendo los pasos de sus progenitores!

En la serie conjugas drama y comedia de un modo magistral.

Gracias. Me interesa mucho la heterodoxia narrativa, cambiar de registro, a veces en la misma página, pasando, por ejemplo, de la sátira a la épica. También como espectador y como lector, espero que me propongan relatos que no pertenezcan necesariamente a un género. El contexto narrativo en el que nos movemos, en mi opinión, es el de la ruptura de géneros, las hibridaciones, las mixturas y los paseos entre tradiciones diferentes. ¡Es fascinante y divertidísimo!

Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos.

Por supuesto, no puede ser de otro modo si uno tiene la intención de crear personajes con cierta hondura, que sean creíbles. El héroe monolíticamente “bueno” ya es una cosa del pasado, un reducto naïf de la tradición historietística de antaño, que hoy resulta inverosímil. Igualmente, el malo puro, al estilo Fumanchú, es, a estas alturas del contexto narrativo, harto ridículo y sólo sirve para la parodia, que no es ni mucho menos el único de los subgéneros del humor que a mí me interesa (aunque también).

Da la sensación de que has invertido una gran cantidad de cariño en la serie.

Sí, por supuesto, no puede uno dedicar tanto esfuerzo y tanto trabajo a algo si no es desde el cariño. Esto de ser autor de tebeos solo funciona si estás enamorado de esta profesión y de este medio. Si puedes vivir sin hacer tebeos, ¡no los hagas! En mi caso, no imagino otra forma de vida, así que me entrego a fondo. Y es duro y es abrumador y es angustioso a veces, pero también es apasionante. Y, por supuesto, uno le coge mucho cariño a esas personas completamente ficcionales que han ido creciendo página a página, definiéndose a sí mismas durante el proceso. Pero hay que saber dejarlas tranquilas cuando llega el momento…

Este quinto tomo parece cerrar la posibilidad de retomar el universo de “Los Campbell” pero torres más altas han caído.

Veremos. Lo cierto es que por el momento no me lo planteo. Me gusta como ha quedado cerrado el arco, sin trampa ni cartón. A bocajarro.

 Una nueva serie va a ocupar tu tiempo. ¿Qué es “Zorglub. La hija de Z”?.

Es un spin-off de la serie “Spirou y Fantasio” en el que el protagonista es el malo de la serie: Zorglub. Zorglub es una creación de Franquin y Greg que representa al villano típico de los años 60 y 70 tipo James Bond. Cuando me ocupé de la serie principal de Spirou fue el personaje que más me gustó tocar. A pesar de ser un cliché tenía una gran ambigüedad y se preguntaba constantemente su lugar en el mundo. Los héroes de hoy en día tienen que tener más enjundia que la que tenían los clásicos para adaptarse a los nuevos lectores, mucho más sofisticados. Los lectores jóvenes son espectadores que exigen personajes con cuerpo y carácter. Un ejemplo muy claro lo puedes ver en la serie de Harry Potter o en los dibujos animados de Cartoon Network, que tienen un trasfondo que se articula a través del humor. En el mundo de Spirou el figurante que mejor reúne esas características es Zorglub.

Zandra, la hija de Zorglub, es el personaje principal del álbum. Una adolescente tridimensional que sabe afrontar los conflictos generacionales de un modo mucho más maduro que su padre, anclado en un pasado glorioso.

Efectivamente. Es el personaje clave. De hecho Zorglub es un secundario en su propio tebeo.

Yo quería hablar de un tema que me preocupa especialmente: dejar a la gente que quieres que tomen sus propias decisiones y cometan sus propios errores. Es algo que vivo de cerca porque mi hija tiene 18 años y está estudiando en Holanda. De algún modo intentaba hablar metafóricamente de ello y al meter a Zorglub en el conjunto las piezas empezaron a encajar y Zandra, creció por si misma. Zandra es una adolescente que va descubriendo en la historia quién es y cuál es su lugar en el mundo.

A través de los personajes podía hablar de la paternidad y veía a Zorglub como un científico, un creador de máquinas que ve cómo lo que más quiere se escapa de su control, de hecho, el tebeo es una versión a veces explícita de Pinocho y al estar rodeado de un ambiente tecnológico podía darle mucho juego al conjunto.

¿Cómo nace la obra?.

Al principio pensé en realizar un one-shot alternativo a la colección principal de “Spirou y Fantasio”  pero enseguida vi que me interesaba desarrollar más la idea. La fricción entre Zorglub y Zandra crea muchas situaciones con las que me podía sentir identificado y mi idea ha sido desarrollar la relación. Para ello, he contado con  la complicidad de la editorial que me ha dejado trabajar a capricho. Por ejemplo he podido meter la tinta de plata en la portada, algo que le viene muy bien al personaje, que es muy engreído.

También he podido hacer una página cuádruple en la que el lector abre las páginas y descubre a la vez que Zandra cosas sobre su pasado. Es algo que no creía que me iban a dejar hacer pero todo lo contrario. Han sido todo facilidades. No he encontrado los problemas que puedes encontrar al trabajar en una franquicia sino que me han dejado desarrollarlo como un proyecto personal que es lo que es en definitiva. Vivimos en un contexto cultural en el que el concepto de franquicia se ha impuesto pero hay muchas formas de afrontarlo. Se puede hacer de un modo servil y automático o se puede hacer de un modo honesto. Un ejemplo es “Better call Saul”, spin-off de “Breaking bad”, o la serie “Fargo”, que han conseguido brillantes resultados y una autonomía narrativa con respecto a sus referencias originales.

En este contexto de la nostalgia con la que el espectador se enfrenta a las obras derivadas es preciso buscar la sorpresa para aportar algo nuevo al lector.

Hablas de reciclar viejos conceptos para un público nuevo. En la primera página del libro haces toda una declaración de principios al respecto.

Sí, quería poner las cartas sobre la mesa desde el principio. Tenemos unos lectores muy formados y era consciente de que su primera crítica sería, sin duda, sobre la necesidad de volver a los viejos éxitos del pasado. Mi intención es decirle al lector que estamos de acuerdo. Tú lo sabes, yo lo sé, pero vamos a pasarlo bien.

Uno de los grandes hitos de tu trayectoria es haber actualizado la franquicia en un momento en el que estaba muy anclada en sus orígenes y llevar a Spirou al siglo XXI. Con Zorglub parece que vuelves a hacer un renacimiento de la serie.

Mi idea no era trabajar para un lector nostálgico. Lo que he intentado es llegar a un público nuevo que pueda entrar en la serie sin necesidad de conocer los cuarenta álbumes anteriores. Quería hacer entendible la mitología del personaje desde el principio. Cada vez que me pongo a hacer un guión me acuerdo de la frase de Stan Lee que decía que quizás ese tebeo que estaba haciendo fuese el primero que lea en su vida alguien y con esa idea trabajo.

En España edita Dibbuks respetando la edición francesa.

Así es. Dibbuks está haciendo un gran trabajo con Spirou, algo que no se hacía en España desde los años 80. El lector español desconocía mucho el personaje y Dibbuks está haciendo un esfuerzo de promoción para mostrar la serie. Desde hace quince años los mecanismos de difusión y compra han cambiado mucho, no solo en los cómics, también en la música o el cine. Las editoriales y los autores tenemos que ser muy proactivos para llegar al público y el caso de Dibbuks con Spirou es la muestra de un trabajo bien hecho.

En la literatura los clásicos siempre están presentes mientras que en los cómics parecemos vivir en la novedad permanente.

Sí y no. Con la aparición de los integrales se está simplificando mucho la reedición de clásicos. Debería haber mucho más trabajo pero lamentablemente en España en particular no veo el mismo respeto por ese patrimonio que el que hay en Francia. Me refiero al material de Bruguera por ejemplo. Está durmiendo el sueño de los justos al igual que tebeos de los años 30 ó 40 y cuando se editan cariñosamente trabajos como El ladrón de sueños de Puigmiguel se venden 100 ejemplares.

Los tebeos de Bruguera han sido la mejor muestra de la posguerra y su modo de vida que ha habido y deberían estar en todas las bibliotecas.

Quizás falta un interés, como puede haber en Francia o América, de dejar los personajes a autores modernos para que los actualicen y lleven a un público actual como demanda en redes David Rubín.

Tiene que haber una voluntad editorial real más allá de sacar dos libros rezando para que no haya que convertirlos en pulpa. Yo he estado en reuniones en Dupuis y he podido ver cómo están constantemente dándole vueltas a cómo trabajar con el patrimonio y darle una nueva salida. Tiene que haber un plan de negocio y un plan creativo. Estoy de acuerdo con David, claramente, pero aquí se han hecho las cosas siempre de otro modo y así nos va.

Hace diez años realizaste cuatro álbumes del personaje y en medio has ido desarrollando tus propios proyectos. ¿Qué te lleva a volver?.

En primer lugar el cambio de aire. Regreso cuando percibo que en la editorial hay un soplo de aire fresco conceptual que me permitiría dar  mi versión de una manera muy autónoma y libre y no hacer ninguna referencia al universo de Spirou y Fantasio.

Por otro lado, el placer de trabajar con personajes a los que quiero y de los que no me quiero privar. Si me puedo permitir jugar con el juguete que otro ha construido, siempre lo voy a hacer. Es lo mismo que me llevó la primera vez a hacer Spirou aunque entonces descubrí que no iba a ser nada fácil. Afortunadamente en esta ocasión todo han sido facilidades.

En ese momento ya trabajaste con Zorglub. ¿Cómo ha cambiado tu relación con el personaje a lo largo del tiempo?

El álbum que hice entonces era hiper autoreferencial. Era casi un resumen de 70 años de historia de Spirou. En este caso no quería ningún tipo de referencia al universo de Spirou y Fantasio y eso hace que el personaje tenga mucha más libertad y no lleve ningún tipo de mochila previa.

En Zorglub vemos la influencia de películas como Gruu, mi villano favorito.

R.: Sí que pertenecen ambos a una estirpe de malos que no lo son tanto, que se muestran al lector más como personas reales que como estereotipos grandilocuentes. En el caso de Gruu la influencia es recíproca porque está muy basado en el Zorglub de Franquin y Greg. De hecho en la última película escapan en un submarino monoplaza que parece sacado de las viñetas de Spirou.

Conjugas el desarrollo de personajes con una acción fluida llena de gags.

R.: Sí. Nunca creas en el vacío. Más allá de que la obra tenga más o menos intención comercial todos estamos rodeados de la sociedad en que vivimos e incluso en el contexto empresarial en el que nos movemos. Los cómics se producen para que alguien quiera leerlos y son un negocio para los editores. Yo siempre he navegado en el filo entre la creación y el mercantilismo y es algo que todo autor debe plantearse: cómo consigue integrarse en ese contexto empresarial e industrial y seguir haciendo sus propias historias.

Creo que esta serie es un buen ejemplo. Puedes trabajar dentro de una gran empresa pero contando con una libertad que te permita apropiarte de una marca preexistente. Esa marca puede dar al editor una solvencia comercial y a ti te puede permitir contar tus propias inquietudes.

Decía Pacheco que en el mercado americano ya todas las historias son alternativas en las que se les deja a los autores, a veces totalmente ajenos al mundo de los superhéroe,  jugar con los personajes para que lleguen a nuevas direcciones.

Estoy de acuerdo. Mira “La Visión” de Tom King y Walta o lo que está haciendo Glenat con “Mickey”, con las versiones de autores como Loisel o Cosey. En el cómic franco belga la serie de Spirou “visto por” es un ejemplo perfecto de cómo se intenta dejar espacio a la autoría más personal de los artistas que lo retoman. Es la idea de hacer versiones pero aportando nuevas interpretaciones. Vivimos en un momento muy barroco en el que somos muy conscientes de que existe un pasado y se sabe emplear según muy distintas intenciones. Hay razones muy mercantilistas, de apelar a la nostalgia para sacarle un rédito, y hay otros acercamientos muy sinceros, como son recrear a las raíces para crear algo nuevo.

Tenemos otros ejemplos cercanos como Díaz Canales o Pellejero, que han tenido que afrontar el reto de retomar la figura de Corto Maltés. En su caso se ve el compromiso de intentar contentar al público de siempre pero llevando cada álbum un poco a más a su terreno.

En su caso no tenían la salvaguarda que yo me puse. Como ya tuve la experiencia previa con Spirou me he guardado las espaldas. Al abrir una colección paralela evitaba también la necesidad de ser muy respetuoso a la colección principal, que es algo que en el caso de Corto Maltés tienen que afrontar. De todos modos son casos muy distintos porque Spirou y Fantasio han sido constantemente trabajados por autores muy diferentes mientras que Corto Maltés está muy ligado a la figura de Hugo Pratt. Era su gran obra. Solo había trabajado él el personaje hasta que han llegado Juan y Rubén y, con mucho tino, oficio y un talento inmenso, lo han retomado. Las cartas del juego son muy distintas cuando haces un spin-off que cuando retomas la serie y las exigencias son otras.

Esta claro que tanto Juan como Rubén beben de la tradición de Pratt y cuando escriben y dibujan suenan como él sin que sea artificial. Solo puedo quitarme el sombrero ante el trabajo que han hecho porque era un Mihura difícil.  Juan lo ha defendido con esa inconsciencia suya que le hace meterse en grandes embrollos y salir victorioso mientras que Rubén cuenta con esos 40 magníficos años de profesión. El resultado es admirable.

Mezclas cuentos clásicos como Pinocho, elementos de acción en la línea de James Bond, de Ciencia ficción e incluso de guerra. ¿Cómo casan todos estos elementos?.

Cuando vas pensando en la historia van apareciendo todos los elementos y los vas organizando como buenamente puedes. A mi me gusta la conexión de ideas. Pasar de la comedia al drama, del diálogo a la acción, de una situación de tensión a una relajada… Es mi mecánica narrativa y es así como funciono a la hora de escribir y dibujar una serie. Mezclo todo lo que he vivido y leído e intento hacer con ello una historia divertida. Mi voluntad es ofrecer al lector un buen momento de lectura. Pero creo que para conseguirlo hay que llenarlo de contenido.

En Zorglub mezclas tus preocupaciones como padre y tus inquietudes como autor, algo que ya hicieses con una serie de autoría propia, Los Campbell. Coincide el fin de la serie con el inicio de La hija de Z.

En realidad no tiene que ver una cosa con la otra. No es una causa y consecuencia. La idea de Zorglub se fue imponiendo, de hecho aparqué el quinto álbum de Los Campbell para realizar La hija de Z porque tenía muchas ganas de hacerlo.

Sí que es cierto que están en ambos casos presentes los temas que me interesan: la paternidad, la familia… La diferencia es que en Los Campbell hay una narración de fondo folletinesca que se va continuando mientras que en Zorglub tenemos aventuras autoconclusivas que tienen más que ver con la comedia de situación.

Hablas de entretenimiento familiar y hay una idea similar en tu obra a la que sostiene a series como Asterix. Un trabajo en el que toda la familia disfruta, los padres con unas referencias, los pequeños con otras diferentes.

Es la lección de Goscinny, que era un maestro y que es hoy la clave del éxito de Pixar. La idea es que puedas llegar a un público muy diferente y que cada uno encuentre sus propia motivaciones para llegar al relato que lo construye. Eso requiere mucha honestidad narrativa. No puedes falsear ese relato. Es muy difícil porque tienes que saber mezclar los ingredientes en su justa medida para llegar a ese gran público. Sin ánimo de presunción reconozco que tengo un talento específico para ello, ni mejor ni peor que otros.

Zorglub es un personaje ambiguo que te permite hablar de temas comprometidos como la venta de armas sin realizar juicios de valor.

Esa es la idea. Mi idea no es juzgar al personaje sino intentar comprenderlo. Zorglub es un ser amoral, no es capaz de empatizar y no tiene habilidades sociales. No es el reverso oscuro de Champignac, es un Champignac inconsciente del mal que causa. Esa creo que es la clave de la maldad, esa falta de empatía.

Da la sensación de que en Zorglub es una obra redonda en la que se suman diferentes elementos que has ido disparando en distintas direcciones en trabajos anteriores.  El dinamismo de “Walter”, el ciclo familiar de “Los Campbell”, el universo de “Spirou”, la creación de personajes de “Fraternity”

Te lo agradezco. Creo que en la trayectoria de todos los autores hay un momento en el que todas las cosas cuajan. Es el caso de Bernet con “Torpedo”, por ejemplo. Es una sintonía mágica que se produce en un momento en la carrera de un autor, antes o después. Por ejemplo a Guarnido le pasó enseguida con Blacksad.

Es algo que no se puede forzar y no sabes cuándo va a suceder pero sí creo que con Zorglub puede haberme sucedido. Aun hay mucho que demostrar pero vista la naturalidad con la que nació el tebeo, la sensación que tengo de haber tocado la tecla y la repercusión que ha tenido el tebeo tengo mucha ilusión en ello.

La serie está teniendo muy buena acogida.

Sí, pero el éxito o el fracaso dependen de muchos factores. Los autores nos solemos responsabilizar de los fracasos cuando es la labor de los editores saber vender los cómics. Tampoco se puede predecir cuál va a ser la visión de los críticos. No es una ecuación fácil.

¿Para cuándo una recopilación de tu trabajo previo en la serie?

Está en los planes editoriales de Dibbuks y cuando crean que es el momento adecuado lo sacarán.

Spirou cumple 80 años. ¿Cuáles son tus álbumes esenciales?.

Buena pregunta. “El prisionero de los 7 budas” de Franquin, por ejemplo. Hay mezclo razones sentimentales porque es el primer Spirou que leí en las páginas de “El pequeño País”.

La época de Tome y Janry me gusta mucho y coincide con mi adolescencia.

Sin ninguna duda los mejores álbumes son los de Franquin, especialmente los de Zorglub: “La sombra de Z”,  “Z como Zorglub”

Eso en cuanto a la serie, en los one-shot derivados el de Emilio Bravo me parece una maravilla y de los últimos el de la boda de Fantasio, que no sé si está editado en castellano.

Spirou es una serie que está viva, tanto por su glorioso pasado como por su presente. El lector no sabe que se va a encontrar cuando se acerca a la serie alternativa y eso es muy de agradecer.

En septiembre podremos ver el segundo tomo de la serie. ¿Qué podemos encontrar en él?

¡Más acción, más slapstick y más ganas de divertirnos! En este álbum, Zorglub se ve obligado a adoptar como becario a un niño de diez años con un cociente intelectual altísimo, mientras intenta impedir que su hija salga de marcha. Cautivado por Zandra, el becario, pronto descubrirá que en lo tocante a eliminar el libre arbitrio, uno puede ser víctima  de la zorglonda… o de las feromonas!

¿Proyectos?

Seguir currando a tope. Por el momento estoy avanzando el tercer album de Zorglub, “Lady Z”, mientras vamos concretando otros proyectos en paralelo.

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