Érase una vez en… Hollywood: Solo la puede hacer Tarantino

Tras Los Odiosos Ocho estrenada en 2015, Tarantino vuelve a la acción para presentar su novena película (él cuenta las dos partes de Kill Bill como una única película), del total de diez que, se supone, hará en su carrera como director, al menos eso ha dicho en el pasado. ¿Y qué se cuenta el bueno de Quentin en su, supuestamente, penúltima película? Pues básicamente que sigue siendo el rey.

Estructura narrativa y dirección

Érase una vez en Hollywood no parece una película estrenada en 2019, no tiene la estructura típica. De hecho, en abril de ese mismo año se estrenó otra película sobre Sharon Tate, protagonizada por Hilary Duff (típico slasher que persiguen a la pobre Hilary por toda la casa). Y es inevitable imaginar un mundo sin Tarantino, en el que las Hilary Duff de turno corretean como pollos sin cabeza sobre unos decorados artificiales, para hacer productos estandarizados que siguen patrones y fórmulas que los espectadores hemos visto una y otra vez.

Aviso para navegantes, esta no es la típica película de Tarantino. Si uno está esperando diálogos sobre hamburguesas y tiroteos entre gente molona en traje, esta no es la película, lo cual no quiere decir que necesariamente no sea Tarantino en su mejor versión, porque lo es. Quentin se lo ha debido de pasar pipa recreando el mundo que él conoció cuando era pequeño. El CGI brilla por su ausencia. La mayoría de escenarios son reales, todo existe para nuestro disfrute visual, por lo general a través de un personaje que se desplaza conduciendo su coche como excusa para mostrar un entorno verosímil, transportarnos a la época que el director quiere.

El reparto principal

Sin duda la punta de lanza de esta película es Brad Pitt, hacía tiempo que no se le veía un papel tan potente, ejecutado con tanta afinidad hacia el personaje, puede que desde Malditos Bastardos en 2009. Pitt se lleva las mejores frases de diálogo, y eso es decir mucho en una película de este director (hay varias que tienen mucho potencial para ser icónicas en la cultura popular, el tiempo dirá). DiCaprio está sobresaliente, personalmente siempre he creído que Leo es un gran actor, bajo unas circunstancias muy concretas (gritando y haciendo de loco), pero he de reconocer que lleva un tiempo haciendo buenos papeles en buenas películas, y para un servidor, seguramente esta sea su mejor interpretación. No sólo por el amplio abanico de registros que demuestra, sino porque los clava todos.

No llores por mi Hollywood

Una buena película es autoexplicativa, es decir, no se deberían hacer «deberes» antes de verla. Da igual si sabes quién era Sharon Tate, o si no. Algunas críticas mencionan que el personaje de Margot Robbie es totalmente prescindible, que si lo borras no cambiaría nada el desarrollo de la historia. Por supuesto, cualquier opinión es bienvenida, pero discrepo bastante.

Una de las habilidades de Quentin es crear tensión, que va aumentando cual bola de nieve según avanzan los minutos, un buen ejemplo sería la primera escena de Malditos Bastardos («¿le apetece un vaso de leche?»). En esta ocasión, la tensión es más como una hoya que se va calentando a fuego lento, para hervir a toda potencia los últimos 30 minutos de película.

El montaje de las escenas nos muestra que, implícitamente, en algún momento se van a cruzar los caminos de DiCaprio, Pitt y Robbie. Y llegado el momento, cual mago que ha mantenido tu atención en un objeto brillante, Quentin hace su truco final, y madre mía, menuda maravilla de climax…

Conclusión

Erase una vez en Hollywood es una carta de amor a un pasado que seguramente fue mejor, que toma por tinta dos enormes personajes interpretados por dos enormes actores, que además tienen mucha química en pantalla. Todo lo que roda la historia está cuidado al detalle (vestuario, fotografía, música etc.), los actores tienen escenas con tiempo y espacio para actuar (por ejemplo, hay una escena de 5 minutos de Pitt alimentando a su perro, que Dios te bendiga Quentin), y no elementos de una trama que deben moverse a toda leche para mantener la atención del espectador. El uso de la violencia está muy restringido a que sea estrictamente necesario para la trama (¿habrá «madurado» nuestro querido director?). Y los diálogos son igual de brillantes que siempre.

Quentin Tarantino es uno de los pocos directores que quedan, con peso suficiente en la industria del cine, como para ser independientes, y no deberse a presiones de los estudios sobre lo que puede, o no puede hacer. Sus películas reflejan una visión y una identidad, y esto es algo que , por desgracia, escasea mucho en el cine moderno. Sería curioso que apareciese Quentin un día, con su plan estratégico para los próximos 500 años con su universo cinemático, compuesto por «Pulp Fiction volumen 7», «Jackie Brown vs El Señor Rubio, la batalla final», o «Las Aventuras de Beatrix Kiddo: ¡En el espacio!», y en la portada Thurman luchando contra Darth Vader. En fin, desvaríos a parte, como eso no tiene pinta que ocurra, disfrutemos a Quentin mientras podamos, es un director como de los que ya no quedan, y en esta ocasión lo vuelve a demostrar.

Por favor Quentin, no te retires nunca.

Patxi Álvarez