Portada

Cleopatra y Marco Antonio vuelven en su versión definitiva gracias a la editorial Diabolo que recopila en un tomo integral la genial obra de Mique Beltran. Mique es uno de los exponentes de la línea clara en los años 80, un autor que ha ido evolucionando hacia nuevas fronteras. La edición de la obra nos devuelve a sus personajes más emblemáticos y nos sumerge en la aventura sin fin de sus protagonistas, toda una joya que nos muestra como el paso del tiempo no ha hecho mella sobre una obra atemporal, todo un clásico de la historieta que demuestra su vigencia absoluta. Con Mique repasamos su trayectoria.

Pregunta: Comienzas en el mundo de los cómics a finales de los años 70. ¿Cómo recuerdas tus comienzos en el “Polvorón Polvoriento”?

Respuesta: Eran una época muy interesante. Aquí empezaba a llegar el underground norteamericano con autores como Robert Crumb o Gilbert Shelton y para mí fue todo un descubrimiento. Era el inicio de la contracultura y se hablaba abiertamente de sexo, de drogas, sin ningún tipo de censura. En el contexto de aquellos años supuso una autentica conmoción, así que con apenas 20 años decidí dibujar y editar mi propio fanzine, El Polvorón Polvoriento y lo vendía donde podía. Fue muy divertido y me permitió conocer a otros dibujantes que también sacaban fanzines, como Manel Gimeno, Sento o Micharmut.

P.: Como autor empiezas a publicar en los 80, una época en la que proliferan las revistas. ¿Cómo era el mercado del cómic entonces?

R.: A finales de los 70 las temáticas que dominaban entre las grandes editoriales era lo que se llamaba material de agencia: género romántico, del Oeste, terror casposo… que a mi no me interesaban lo mas mínimo. Yo editaba mis fanzines pero ni siquiera me planteaba entonces dedicarme a dibujar, y de golpe, a principios de los 80 empezaron a surgir un montón de revistas: El Víbora, Bésame mucho, Cairo, Cimoc, Metal Hurlant, Madriz…. revistas de contenidos muy diversos en las que cualquier cosa cabía. Así que llevabas 3 o 4 páginas y era muy fácil publicarlas. Era fantástico porque suponía un gran aprendizaje, y luego si la cosa funcionaba entonces ya te encargaban una historia larga de 50 páginas. En definitiva, era un paraíso para el dibujante que empezaba.

P.: Pegas un cambio de estilo brutal desde la primera línea underground del “Polvorón polvoriento” a la línea clara heredera del cómic francobelga. ¿Cómo se forja esta transición?

R.: Yo estaba coqueteando con el underground y de pronto me entró la fiebre contar aventuras trepidantes en países exóticos con grandes dosis de humor. La estética underground no casaba demasiado bien con esta temática, así que acabé yendo a mis referencias de mi infancia que eran Tintin y Spirou. Curiosamente, la primera aventura de Cleopatra, Pasaporte para Hong Kong, la llevé a El Víbora, pero el editor quería mas “caña” y me propuso unas modificaciones que me negué a hacer. Además, acababa de salir Cairo y tuve la intuición de que allí la historieta encajaría mejor,  como así fue.

P.: Un autor que revoluciona el modo de entender el cómic en la época es Yves Chaland que renueva la tradición franco belga de Tintin mezclada con el impacto visual de los cómics americanos de Kirby.

R.: Sí, fue de los primeros autores que empezó a conjugar las influencia de los tebeos europeos con la de los cómics americanos. En mi caso yo miré mas hacia Milton Caniff, sobre todo a nivel estético porque sus historias no me interesaban gran cosa. Yo consideraba a Kirby o a Caniff artistas pop.  Estéticamente los adoraba pero sus historias me parecían muy pueriles. En aquella época yo también estaba influenciado por Segar, Al Capp o Harvey Kurtzman, cuyas historias satíricas me interesaban bastante mas, y me encantaba Will Eisner.

P.: En la época triunfa Indiana Jones, que curiosamente tiene una influencia fuerte de las aventuras de Tintin.

R.: Fue la época del redescubrimiento de Herge por todo el mundo. Sin duda Spielberg conocía bien las aventuras de Tintin, tanto como George Lucas las aventuras de Valerian.

P.: Hablabas de un personaje que te acompañará a lo largo de toda tu trayectoria: Cleopatra. Recientemente Diábolo ha editado un integral en el que se puede ver toda la obra que has realizado del personaje. A pesar de la sensación de rapidez que se ve en todas sus historias, cuenta Manel Gimeno que el proceso fue largo y laborioso. Tardas 2 años en hacer la primera aventura del personaje, “Pasaporte a Hong Kong” una historia de 16 páginas.

R.: No es que tardara 2 años en hacer 16 páginas, lo que hice durante ese tiempo fue buscar un estilo. Yo venía de una estética underground y al plantearme hacer aventuras exóticas en clave de humor estuve probando un tiempo hasta que di con un estilo que creí adecuado. Básicamente lo que hice fue sustituir la plumilla por el pincel para conseguir una línea mas limpia. De todas formas la estética underground me sigue gustando y Crumb me parece un genio.

P.: ¿Cómo nace el personaje de Cleopatra?

R.: Buscaba un protagonista para vivir aventuras exóticas por todo el mundo y pensé ¿por qué no una mujer? Me dí cuenta de que no había en ese momento nada parecido y seguí adelante. En aquella época las mujeres en la ficción tenían un papel meramente ornamental: o eran las novias del héroe a quien había que rescatar o tenían un componente puramente erótico, así que pensé en una protagonista guapa y simpática, que no renunciara a su feminidad, pero que asumiera los roles que hasta entonces estaban dirigidos a los hombres, como el liderazgo, la acción, las peleas, y las persecuciones.

P.: Te adelantas a la época y Cleopatra es un personaje muy liberal.

R.: Me planteé el personaje como un ser totalmente libre. Hoy puede resultar curioso que entonces Cleopatra fuera catalogada hasta de feminista porque se comportaba como lo haría ahora cualquier mujer, pero estamos hablando de principios de los años 80, y aunque oficialmente ya había llegado la democracia, el panorama para las mujeres seguía siendo desolador.

P.: Sorprende lo bien que funcionan los clichés en la historia.

R.: Supongo que sera porque siempre he intentado darles un tono satírico. Me resulta divertido coger clichés, darles la vuelta y parodiarlos.

P.: Desde el principio, el dinamismo de las historias remiten al slapstick y a los dibujos animados. El humor y la aventura sin freno son referentes directos de la obra.

R.: En aquella época me encantaban las comedias de Willy Wilder o Blake Edwards y la animación de Tex Avery. Me gustaban la rapidez de la acción, los diálogos, las réplicas, las elipsis y en ese sentido intentaba trasladar esos códigos narrativos del cine al papel. Quería que mis historias se leyeran de manera muy fluida y en determinados momentos a gran velocidad.

P.: Las historias de Cleopatra nacen en las revistas como historias cortas pero enseguida comienzas a realizar las aventuras en el formato álbum en las que encadenas gags sin freno. ¿Cómo evoluciona tu trabajo con el cambio de formato?

R.: Cuando me proponen hacer historias largas me sentí liberado. Sin duda las historias cortas supusieron un buen aprendizaje, pero en el espacio corto me sentía muy constreñido porque yo soy de escribir mucho argumento, meter muchos personajes, mucha información en las historias. Así que cuando Joan Navarro me propuso una historia larga fue el comienzo de la aventura total. Podía hacer tramas, subtramas, desarrollar personajes secundarios… Tenía espacio por delante y me encontraba como pez en el agua. Supongo que evolucioné hacia un estilo mas barroco, estéticamente y narrativamente.

P.: Uno de los grandes éxitos de la obra son sus personajes, especialmente sus secundarios. El Mariscal Bom-Bom, El Marqués, Choni… adquieren en cada aparición una relevancia que en ocasiones eclipsa a sus protagonistas.

R.: Es una influencia que también viene del cine, de esas películas de Berlanga donde aparecen un montón de secundarios maravillosos. Me gusta arropar al personaje principal con unos secundarios consistentes porque por contraste acaban definiendo mejor al personaje principal y provocan gran parte de sus reacciones. Y sobre todo, porque enriquecen mucho la narración aportando otros puntos de vista. Así que me preocupaba por que cualquier secundario, por muy poco que saliera, debía tener una historia detrás y que con pocas viñetas el lector supiera cómo era ese personaje y porque se comporta así.

P.: En la primera aventura larga de Cleopatra nace un personaje que cambiará el devenir de la obra: Marco Antonio. En la última página del álbum vemos como la aventurera Cleopatra va a tener un hijo y, mucho más insólito, vemos como se convierte en su compañero de aventuras.

R.: Esta circunstancia entra dentro de la naturalidad con la que el personaje quería que se comportara. Aunque asumiera roles masculinos quería que mantuviese los atributos femeninos, y por supuesto biológicos, propios de una mujer. Así que se me ocurrió que podría quedarse embarazada. Pero no fue algo premeditado, se me ocurrió justo cuando estaba acabando La Pirámide de Cristal y abrí una puerta sin saber qué haría después. Luego cuando escribía Macao pensé en darle protagonismo al niño, que acompañara a su madre en la aventura. Era algo disparatado y por eso mismo me gustaba.

P.: En Macao de la sensación que llegas a la plenitud gráfica que habías estado buscando, incluso con el color.

R.: Macao me lo planteé como un desafío gráfico. El anterior album, La Pirámide de Cristal, es una aventura muy trepidante, me gustaba mucho narrativamente, pero tuve que dibujarla muy rápido, sin tiempo para pensar sobre el estilo ni hacia dónde me dirigía estéticamente. Con Macao decidí dar un salto de calidad y definir un estilo que me convenciese lo suficiente para seguir con él. En ese sentido Macao fue muy satisfactorio porque conseguí definir un estilo. Creo que de las historias largas es la que mas cariño le tengo.

P.: En el siguiente álbum, La Rebelión de las Sombras, además de tener Marco Antonio un mayor protagonismo hay un giro de las historias pasando de la aventura exótica al costumbrismo, la aventura cotidiana.

R.: La idea de hacer La Rebelión de las Sombras surge cuando ya había iniciado en El Pequeño País las historias de una página semanal donde el protagonista era Marco Antonio. Yo llevaba un año o dos con las páginas sueltas y echaba de menos una aventura larga, aunque en el suplemento de El País no les entusiasmaba la idea de una aventura exótica por entregas, preferían las páginas sueltas de tono costumbrista. Pero yo no quería otra aventura en un país exótico. Ya había hecho en Hong Kong, la India, Egipto y Macao, así que les planteo que la aventura siguiera en el entorno donde se estaba moviendo Marco Antonio: la ciudad, el colegio, el barrio, las calles. En definitiva sería una aventura urbana.

P.: En La Rebelión de las Sombras se ve tu amor por los personajes malvados del cine y del cómic.

R.: Desde siempre me ha interesado el personaje del malvado, a veces por encima del protagonista. Siempre me han obsesionado los mitos, así que fue una ocasión fantástica para sacarlos a todos, desde el monstruo de Frankenstein a Freddy Krueger.

P.: Esos malos entrañables están muy presentes en tu obra. Personajes que pronto ganan el cariño de los lectores: El Dragón Rojo, Balarasa, El Marqués…

R.: En cualquier historia la altura del protagonista te la da su antagonista. Un buen malo maloso beneficia a la historia en general y al protagonista en particular porque la mayoría de los conflictos de una historia se desencadenan debido al malvado. Personalmente siempre he intentado mostrarlos con mucho humor y con una fuerte carga de ambigüedad moral.

P.: De esta ambigüedad se contagian los protagonistas.

R.: Como en la vida, nada es blanco y negro. Yo intento dotar a todos los personajes de cierta ambigüedad moral. Me gusta sembrar dudas y que sea el lector quien decida. Hay que tener en cuenta la inteligencia del lector.

P.: Mientras estás produciendo Cleopatra colaboras como guionista con otros dibujantes, es el caso de Mujeres fatales, una sucesión de historias cortas que realizas con Max para intentar la incursión en el mercado francés.

R.: Cuando me planteo Mujeres Fatales veo que mi estilo gráfico no es el mas adecuado. Eran historias de amor, sexo, y muerte, un dramatismo que se alejaban de las aventuras y el humor que estaba haciendo en esos momentos. Así que inmediatamente pensé en Max. Yo le admiraba mucho y pensaba que era el dibujante perfecto para sacar adelante esas historias. Así que contacté con él y le planteé venderlo directamente en Francia, que entonces era el Hollywood del mundo del cómic. Me parecía increíble que un dibujante de su talento no estuviera publicando en allí de continuo. Así que nos pusimos codo con codo e hicimos la historia. Lo recuerdo como una experiencia en la que todo salió bien: El libro quedó muy chulo, nos lo pasamos muy bien haciéndolo, fuimos a París y lo vendimos, Tonino Liberatore nos llevó de fiesta para celebrarlo, la editorial nos pagó absolutamente todo lo pactado y el libro hasta tuvo cierta repercusión: la historia de las siamesas “inspiro” a Jean-Pierre Jeunet algunas secuencias de La ciudad de los niños perdidos. Aunque de eso no cobramos nada.

P.: Uno de los condicionantes para no continuar eran las exigencias del mercado francés.

R.: Nos ofrecieron continuar pero había que adaptarse al mercado, lo que significaba producción masiva, que te “sugirieran” los temas… y nosotros éramos muy jóvenes y muy independientes. Ni siquiera nos habíamos planteado formar un tándem profesional. De hecho, yo le insistí a Max para que aceptara ofertas por separado,  pero tampoco le interesaron.  Max es uno de las artistas mas independientes que yo haya conocido.

P.: La proliferación de las revistas en los 80 hace que te unas a un dibujante totalmente antagónico a tu estilo, Keko, en una revista que a priori poco tenía que ver contigo, Madriz. Hablamos de Livingston contra Fumake.

R.: Creo que Livingston contra Fumake empecé a plantearla como una obra de teatro. Yo por entonces había escrito un musical, Escápate conmigo monstruo, que funcionó bastante bien y en plena fiebre teatral pensé escribir esta obra, pero enseguida me dí cuenta de que no funcionaría en teatro y escribí un guión para cómic. Era una historia algo siniestra, de humor negro, y por mi estilo tampoco me veía para dibujarla. Un día vi en las páginas de la revista Madriz a un autor entonces desconocido, Keko, y me quedé con la boca abierta. Tenía un estilo insólito, duro, muy expresionista, era perfecto para mi historia. Me puse en contacto con él y empezamos a trabajar juntos. Planteamos la historia en blanco y negro y Keko hizo un trabajo formidable. La historia se publicó en Madriz y se edito integra en la Colección Misión Imposible. Es una historia que me gusta mucho.

P.: Realizas también colaboraciones con Manel Gimeno, una presencia constante en tu trayectoria.

R.: Somos amigos desde siempre y hemos colaborado en comic, cine y televisión. Por aquel entonces Manel plublicaba en la revista Bésame Mucho un personaje llamado M, un detective anti-héroe cuyas historias transcurrían en el futuro envueltas en el sabor amargo del género negro. Un día me pidió que le escribiera algo para su personaje. Yo nunca había escrito para nadie, pero resulto muy fácil porque Manel y yo nos conocíamos de sobra, así que le escribí dos historias cortas, El último adiós y Flash-back en negro, y una larga, Ninguna rubia pedirá fuego a un perdedor que se publicaron en Bésame mucho. Me lo pasé en grande jugando con todas las convenciones del género. El año que viene seguramente saldrá una edición con todas las historietas de M recopiladas. También me di cuenta entonces de que como guionista podía abordar temas y géneros que no podía hacer como dibujante.

P.: Volviendo a Cleopatra, tras Macao hay un cambio de registro grande en la serie. Pasas de trabajar en el formato álbum en las revistas a trabajar el personaje de Marco Antonio para la prensa.

R.: Fue un cambio brutal pero muy excitante. Pasar de 50 páginas para revistas mensuales una página independiente a la semana para El Pequeño País. Nunca había hecho una página semanal y me apetecía mucho. Me parecía un planteamiento sencillo: una página con un gag final, pero enseguida me di cuentan de que no era tan fácil.  Había que trabajar con una gran capacidad de síntesis para concretar una historia en 7 viñetas con un gag final, y tuve que hacer un aprendizaje express.

P.: ¿Te costó cambiar el público objetivo al que te dirigías?

R.: No especialmente. El target era de publico infantil pero yo también planteaba en las historias una lectura también para adultos, así que cualquier persona de cualquier edad podía leer a Marco Antonio. Pero vamos, respecto a los niños tenía como norma no tomarles por idiotas porque fueran niños.

P.: Leyendo el integral de Marco Antonio publicado hace unos años vemos como, a pesar de trabajar páginas independientes, si mantienes una continuidad entre ellas más propia de un álbum.

R.: Sí, no quería que se perdiera la sensación de serie, así que argumentalmente seguía  una cronología con el calendario escolar: exámenes, vacaciones, vuelta al cole, navidad… Y eso me proporcionaba ciclos temáticos que daban continuidad a la serie.

También manejando los personajes secundarios, que dan sensación de continuidad si los recuperas cada cierto tiempo.

P.: Gutanda y Armando suplantan el protagonismo de Cleopatra e inciden en el lado más humorístico de la historia.

R.: Cleopatra es una actriz y una aventurera, no encajaba mucho en historias costumbristas y cotidianas. En cambio Gutanda está siempre en casa, cuidando de Marco Antonio cuando Cleopatra está fuera, por lo que encajaba mucho mejor. En un principio no pensaba que Gutanda iba a tener tanto protagonismo, pero poco a poco fue cogiendo feeling con Marco Antonio y a funcionar muy bien como pareja cómica. Incluso llega a adquirir un rol casi de madre, así que a la que me di cuenta ya estaba compartiendo protagonismo con Marco Antonio.

P.: Marco Antonio se convierte en una de las series más emblemáticas del Pequeño País y se mantiene durante diez años sin repetirte. ¿Cómo consigues esta frescura?

R.: Con mucho esfuerzo! (risas). Intentando ser exigente con los gags y no cerrar puertas a ninguna vía argumental. Aunque había días que no se me ocurría nada y echaba mano de chistes que me contaban, o cosas así.  Luego llegó un momento en que ya no tenía nada más que contar, y como no quería estar repitiéndome lo dejé. Fue una decisión rápida. Empecé a hacer otras cosas, animación, cortos… y nos planteamos pasarlo a serie de televisión.

P.: La primera incursión de Marco Antonio a la animación es la película Pasaporte a Hong-Kong. ¿Cómo es este salto?

R.: Todo el mundo me decía que mis personajes eran buenos para animar, y con la narrativa tan “cinematográfica” que utilizaba el salto fue casi lógico. Aunque luego comprobé que la animación no tiene mucho que ver con los cómics, ni narrativamente ni financieramente. Respecto a la película, aunque el guión era mío la cosa no acabó de funcionar y supuso una cierta decepción. Pero fue un comienzo y a partir de entonces empezaron mis incursiones en ese campo.

P.: Años después el personaje tendrá una nueva oportunidad con una serie de 26 capítulos emitido en Clan. Imagino que sería mucho más complicado.

R.: Multiplica por 26 los problemas. Bueno, yo no intervine en labores de producción, solo en el proceso creativo. Coordinaba el equipo de guionistas, escribía los argumentos y editaba los guiones. Fue muy divertido. Pero hubo complicaciones financieras y el proceso se eternizó. Pasaron años haciéndola. De todas formas fue una gran experiencia.

P.: En Francia personajes como Titeuf han conseguido su lugar en cómic y animación. ¿Si hubiese nacido en Francia, dónde existe una mayor industria, habría Marco Antonio encontrado su sitio?.

R.: Puede. Aquella es un industria muy potente donde poco se deja al azar. Con Marco Antonio la parte de cómic funcionó muy bien en el Pequeño País, pero la audiovisual no tanto. La industria audiovisual aquí es muy precaria comparada con Francia.

P.: Hablabas del momento de tránsito que viviste con el paso de la animación tradicional al 3D. ¿Ha mejorado mucho el mundo de la animación?

R.: Mucho, el 3D ha logrado reducir los equipos de animación y hay un mayor control sobre lo que estás haciendo. No es que sea más barata, pero no dependes de tanta gente ni necesitas una gran infraestructura para trabajar.  Gracias a eso se están haciendo cosas muy buenas.

P.: ¿Crees que, con el tiempo transcurrido, podría tener Marco Antonio en esta época una nueva oportunidad?

R.: No creo, no tengo la pretensión de volver con el personaje. Con el libro integral de Cleopatra, junto con el de Marco Antonio, solo pretendía recuperar el trabajo de una época. La idea surgió del hecho de que algún día tenía que digitalizar todo el material antiguo de una vez, y cuando lo hice entonces pensé que era el momento de hacer una buena edición con todo.

P.: ¿Cómo ha sido el proceso de restauración de las páginas de Cleopatra?

R.: Lento y laborioso. En efecto, la palabra restaurar es la más apropiada porque

todo el material estaba desperdigado entre fotolitos antiguos, originales, o reproducciones, así que tuve que digitalizarlo todo y dejarlo a punto.

P.: Tu figura como autor está muy ligada a Joan Navarro.

R.: Yo comencé a publicar gracias a Joan Navarro y seguí publicando en el Cairo gracias a Joan Navarro, y eso no lo olvidaré. La verdad es que en aquella época Joan Navarro aportó unas premisas muy novedosas como editor: era honrado, tenía criterio propio, amaba al medio, y creía en lo que publicaba. Premisas que no eran habituales entre los editores de entonces, donde la mayoría carecía de cualquier cultura visual y gestionaban una editorial lo mismo que podrían gestionar una empresa de salchichones. Si a Navarro le gustaba un autor lo apoyaba sin fisuras incluso en contra del propio editor de Norma, y aquello resultaba emocionante.

P.: La edición está muy cuidada sin reparar en gastos. ¿Hasta que punto te has implicado para que la edición fuese la golosina que es para los lectores?.

R.: Tanto Lorenzo como yo teníamos claro que queríamos hacer una edición de Cleopatra que pudiera catalogarse como definitiva. Lorenzo no escatimó esfuerzos y yo no dudé en implicarme en todo el proceso, desde la maquetación con Naco Casanova, hasta la elección del papel. Cualquier detalle fue importante. Por ejemplo, sugerí darle al libro un dedo mas de papel por los lados para que se asemejara a aquel formato de los 80 de proporción mas cuadrada. En fin, creo que es una edición magnífica.

P.: La aparición de la novela gráfica hace que coetaneos tuyos como Sento se reconcilien con el medio y vuelvan a publicar. ¿Ves la novela gráfica como una alternativa para tí?

R.: Para mi es una alternativa muy interesante. Me gustan las historias largas y la novela gráfica me ofrece la longitud que necesito, además de que como medio no precisa de una gran inversión. He acabado algo cansado del audiovisual, y me apetecía volver a hacer algo más personal y cercano,  y eso es algo que el cómic te permite contar sin grandes presupuestos. Como Sento, tampoco descarto la autoedición, así que casí estaríamos volviendo a los tiempos del “Polvorón Polvoriento”, pero bueno, de momento hay que hacerla. Ya he he cerrado el guión y ya he empezado a dibujar, así que ya no puedo abandonarla.

P.: La historia se ubica en tu Valencia natal durante el golpe de estado de Tejero.

R.: Sí, es un relato autobiográfico donde contaré la experiencia vivida la noche del golpe de estado del 23 de febrero de 1981 mientras ocupaba Valencia encima de un tanque. Aquella noche pasaron muchas cosas, y los reclutas acabamos tan asustados como la población que se nos ordenó asustar.