El Portaluco pide en 2016 que nuestros políticos olviden que son españoles

españa sin gobiernoEn BEZ se podía leer un magnífico artículo de opinión de Daniel Ordás @danielordas_es del que a continuación extraigo su última parte y sirve para que EL PORTALUCO solicite a nuestros políticos españoles que dejen de ser españoles y se comporten de forma lógica y educada haciendo caso al mandato que les hemos dado los españoles para que se pongan a trabajar en la España del presente y el futuro y se olviden de las siglas de sus partidos y sus intereses sectarios.

Todos se esfuerzan en buscar analogías históricas o actuales en Europa: la Grosse Koalition alemana como garante de estabilidad y prosperidad, contrarrestando inmediatamente la Grosse Koalition griega que se tragó al PASOK y llevó a que hoy gobierne una coalición de ultra-izquierda y ultra-derecha; la maniobra portuguesa, donde una coalición inestable de izquierdas se carga a un Gobierno aún menos estable de derechas, o la solución francesa, de un sistema electoral que impide equivocaciones hasta que la presión revienta la olla. También hay a quien gusta el modelo turco, donde si no sacas la mayoría de capricho vuelves a convocar elecciones hasta que salga. Claro que a nadie se le ocurre algo tan aburrido como un Gobierno colegiado a la suiza, en el que desde hace 70 años todos los partidos relevantes comparten la responsabilidad del gestionar el país. Pensando lo impensable, se podría decir que los españoles queremos una política con 1/5 parte PP, 1/5 PSOE, 1/5 Podemos, 1/5 de Ciudadanos y 1/5 del resto, no queremos que nadie chulee a los demás, ni que nadie se autoexcluya.

Si hubiéramos podido elegir libre, democrática y directamente a nuestro Gobierno, lo hubiéramos elegido multicolor y Mariano Rajoy tendría que colaborar con Pablo Iglesias como si fueran adultos y ambos intentarían convencer al otro de más del 20% de sus propias ideas, sabiendo que gran parte de sus propuestas restantes no son aptas para consenso. Las distancias ideológicas Rajoy-Iglesias no son mayores que aquellas entre Ueli Maurer, ministro de Defensa del SVP (muy derecha) que hizo un aprendizaje administrativo y trabajó en la federación suiza de agricultores, y la ministra de Justicia socialista, Simonetta Somaruga, pianista de profesión que hoy ostenta la presidencia del Gobierno, cargo que se van turnando anualmente entre los siete ministros.

Soy consciente de que en España esto aún no es posible con el sistema actual y suena a blasfemia y utopía pensar que políticos españoles de diferentes partidos se sientan en un gabinete como adultos y gobiernan sin que ninguno salga con la suya. Me dirán que los españoles no somos suizos, pero tampoco somos alemanes, griegos, portugueses, franceses ni turcos. En este patio de colegio revuelto cabe esperar que el director de la escuela, haciendo honores a su cargo institucional, llame al orden y a consulta a los alumnos y profesores.

Gestionar el tetraempate

Un primer paso hacia la normalidad podría ser respetar la decisión de los españoles y gestionar el tetraempate del 20D.

El PP sacrificaría a Rajoy a cambio de Sáenz de Santamaría (como anticipaba el debate) y se comprometería a modificar moderadamente las leyes de educación, trabajo y seguridad ciudadana y a reducir a dos años esta legislatura que se dedicaría, sobre, todo a preparar el pre-acuerdo de reforma constitucional previsto en el artículo 168.1 de la Constitución y a gestionar el país mediante acuerdos (ya hay presupuestos aprobados para media legislatura).

El PSOE sacrificaría a Sánchez, dejando a Susana Díaz el poder en el partido que de facto ya ostenta y a Meritxell Batet el liderazgo de la oposición co-gobernante al abstenerse en la investidura de Sáenz de Santamaría.

Ciudadanos se ofrecería a abstenerse en la investidura, para que el PSOE no se tenga que hacer el harakiri solo, y a tender puentes entre derecha e izquierda, emergentes y tradicionales, como co-gobernante opositor.

Por último, Podemos se comprometería a ejercer una oposición constructiva y dialogante, ante el gran reto de consolidar el cambio fáctico que hemos dictado los españoles y llevar a buen puerto el cambio formal que toca en la legislatura 2018-2022.