Como ocurre desde que Christopher Nolan irrumpiera en el panorama cinematográfico mundial en el año 2000 con «Memento», -sin contar con la desapercibida e infravalorada «Following» (1998)-, cada vez que Nolan vuelve a crear una nueva obra, ese momento se convierte siempre en un acontecimiento sin precedentes, aunque se trate ya como un acto religioso o una tradición que pasa cada dos o tres años, cuando se avecina el estreno de una nueva película de Nolan siempre se palpa algo especial, algo nos dice que nos vamos a encontrar con una de esas películas únicas en su especie, que no nos va a defraudar ni decepcionar. Más bien todo lo contrario, porque lo que Nolan nos regala con cada uno de sus films son experiencias irrepetibles, recuerdos audiovisuales que se impregnen en lo más profundo de nuestro ser, y sobre todo y más importante, que no volveremos a ser los mismos después del visionado.

Con «Dunkerque», Nolan ha conseguido crear una película donde se narra una historia aparentemente sencilla, pero como siempre ocurre, lo más importante no es la historia en sí misma, sino cómo contar esa historia. El director ha afirmado en numerosas ocasiones que una de sus películas favoritas de todos los tiempos es «La Delgada Línea Roja» (1998), de Terrence Malick. Orson Welles dijo que «La Cruz de Hierro» (1977) de Sam Peckinpah era la mejor película pacifista y antibelicista que había visto. Eso era porque nunca pudo ver el film de Malick, ni mucho menos el de Nolan, y es que Dunkerque es eso, no es la típica película de guerra donde se cuenta cómo los buenos ganan a los malos y se ensalza el patriotismo barato de «qué buenos son los americanos», -aunque aquí los protagonistas son los ingleses-, sino que Nolan lo que nos muestra es una increíble historia real de supervivencia, así de fácil, pero todo rodado con su ya inconfundible estilo, porque sí, aunque muchos piensen lo contrario, Nolan ya ha entrado a la historia del séptimo arte.

Al igual que Quentin Tarantino cogió o tomó prestado estilos de otros directores, Nolan hizo lo mismo hasta crear un nuevo mundo cinematográfico, su propio universo que ha creado escuela de la que cada vez salen más imitadores e impostores, pero no nos engañemos, porque Christopher Nolan solo hay uno. La épica y el espectáculo que se respira en «Dunkerque» es indudable, todo ello también hay que decirlo secundado por la mítica banda sonora de Hans Zimmer. La estructura temporal es de una mente prodigiosa, sin llegar a ser tan enrevesada como la de Memento, pero igual de original, en «Dunkerque» se van atando cabos desde diferentes líneas temporales hasta llegar a completar el puzzle. Y aunque sea una película coral en la que cada personaje aporta su pequeño granito de arena, me ha encantado el personaje «principal» interpretado por el debutante Fionn Whitehead, cuya beatífica presencia me ha recordado al soldado Robert Witt al que dio vida Jim Caviezel en la cinta de Malick.

¿Y qué es eso que dicen muchos de que Christopher Nolan hace blockbusters y que hace cine super comercial? Quizás la gran mayoría todavía no lo ha entendido, pero lo que hace Nolan es cine de autor puro y duro, pero con actores famosos y con presupuestos de 100 a 150 millones de dólares, ahí es donde radica la diferencia con respecto a otros cines de autor, como puede ser el filipino, el rumano o el palestino, por poner un ejemplo. Todas las películas conocidas comúnmente como ‘de autor’ o ‘arthouse’ son films con presupuestos de 1 a 5 millones de dólares, y en el mejor de los casos, la recaudación da para recuperar la inversión. En el caso de las obras de Nolan, el dinero que se consigue a veces ha llegado al billón de dólares.

Dunkirk es la muestra de que, en muchas ocasiones, los seres humanos sentimos la imperiosa necesidad de imponer palabras a lo que hemos vivido. Y de que quizá ahí es donde erramos. Su máxima consiste en romper los títulos de crédito iniciales con una de las mejores secuencias iniciales que el director ha filmado. Y, a partir de entonces, es imposible huir. Por mucho que los ojos se cierren, el corazón siente. Y no se puede hacer nada. Es un profundo camino hacia la reflexión sobre lo que se nos escapa y el conflicto con la esperanza de conseguirlo. Una inmersión en el corazón de la propia guerra, en la que no importa el quién, si no el qué Un viaje a la profundidad de lo desconocido, hacia la capacidad de adaptación en momentos decisivos, sobre la búsqueda de los límites y de promover el propio ingenio para sobrevivir, acerca de la inutilidad del lenguaje como un catalizador de expresión.

Es una experiencia aterradora, pero realmente mágica. Una hipnosis que nos catapulta hacia un momento en el que cuestionar todo lo que creíamos saber acerca del horror. Un viaje sin retorno, al corazón de las tinieblas, del que algunos escaparon físicamente, pero su espíritu quedó en aquélla playa.Llegados hasta este punto y en conclusión, «Dunkerque», es una obra maestra, siendo una de las mejores muestras de cine bélico de todos los tiempos, además de ser una de las películas más destacadas de este Siglo XXI, consagrando y elevando a la categoría de maestro a Christopher Nolan. UN CLÁSICO INSTANTÁNEO. CINE EN SU ESTADO MÁS PURO.

Patxi Álvarez