Dr. Alexander Bilbao sobre el Síndrome de burnout: «Existen ciertos signos de alarma como no poder dejar el trabajo en la oficina, que el fin de semana no sea reparador o que, incluso, unas vacaciones no permitan desconectar del trabajo»

El doctor Alexander Bilbao Idarraga, psiquiatra del Hospital Quirónsalud Vitoria, explica que lo más habitual es que este síndrome comience de manera paulatina y erosiva; y no de golpe

  • El doctor recuerda que el trabajo de forma intrínseca implica unos malestares e implica una serie de problemas que no tienen que patologizarse

Según la RANM, el Síndrome de burnout o de desgaste profesional se trata de un síndrome psicológico causado por un cúmulo de circunstancias, como el estrés crónico, la sobrecarga profesional, los horarios excesivos, el agotamiento emocional y una insoportable sensación de falta de realización personal. Este término se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años, pero no debe utilizarse en vano. 

«Tenemos que diferenciar claramente el burnout o el estar quemado. La propia OMS en su última clasificación de enfermedades en la CIE 11, lo clasifica como un fenómeno laboral», explica el doctor Alexander Bilbao Idarraga, psiquiatra del Hospital Quirónsalud Vitoria. Se caracteriza principalmente por tres pilares como son el «distanciamiento social, agotamiento físico y mental y cierta sensación de falta de eficacia en el trabajo». 

Pero hay un momento en el que este desasosiego cruza la línea roja y los síntomas persisten en el tiempo, incluso fuera del entorno laboral: «Existen ciertos signos de alarma como no poder dejar el trabajo en la oficina, que el fin de semana no sea reparador o que, incluso, unas vacaciones no permitan desconectar del trabajo», analiza el especialista de Quirónsalud Vitoria. Septiembre es un momento de vuelta a la rutina y no todo el mundo lo afronta de la misma manera. Hay personas que vuelven con una energía renovada y otras, en cambio, no han llegado a desconectar y el cansancio sigue ahí. 

En estos casos, el doctor Bilbao Idarraga tiene bien identificados los síntomas: «Es ese momento en el que empiezan a aparecer señales como una tristeza muy abatida, que las cosas no te hagan ilusión o no quieras hacerlas, síntomas ansiosos como miedo al trabajo, crisis de ansiedad…». En los casos más graves, cuando esta patología se ha alargado en el tiempo sin tratarse, hay personas que llegan a consumir psicofármacos para ser capaz de ir al trabajo o para olvidarlo fuera del horario laboral. 

Lo más habitual es que sea algo paulatino y erosivo, no ocurre de golpe: «El paciente habitualmente se presenta en consulta comentando que lleva mucho tiempo soportando estrés, carga laboral excesiva y no puede más». Empieza a manifestarse con esa pérdida de funcionalidad, cuando se llega a casa y se está pensando en el trabajo, cuando no se está presente donde se tiene que estar, cuando no se disfruta de la familia ni de la vida… En definitiva, cuando se deja de hacer las cosas que antes sí se hacía. 

Sin embargo, el doctor explica que el estrés laboral por sí solo no significa que exista una patología: «El trabajo de forma intrínseca implica unos malestares e implica una serie de problemas que no tienen que patologizarse». Por ello, «hay que distanciarse también de considerar que todo malestar laboral o  psicológico es una patología psiquiátrica», expone el doctor. La diferencia está en distinguir entre una patología mental y lo que puede ser un estrés laboral normal o un estrés vital normal. 

Según el especialista en psiquiatría, no existe un perfil de paciente que sea más propenso a este tipo de patología y tampoco se debe pensar que le ocurre a la «gente débil», esto es erróneo. «Suele ser una combinación de puestos exigentes, horarios laborales muy amplios, escasos reconocimientos de su desempeño laboral y ambientes laborales muchas veces que no son precisamente favorables», puntualiza. Todo ello sin olvidar la vida personal de cada persona después de sus horas de trabajo. 

Cuando una persona permanece meses o años bajo un estrés laboral sostenido, en el cerebro se produce una desregulación de sistemas: «El sistema que nos defiende de la amenaza del estrés agudo está regulado, en buena medida, por la amígdala cerebral». Esta, a través del sistema nervioso simpático, protege a las personas y las prepara para la huida y la lucha. Es un sistema que hace que se tenga un estado de hipervigilancia y de hiperalerta. «Pero la hiperactivación de este sistema puede llevar a que otros sistemas estén más inactivos, como, por ejemplo, los sistemas de la corteza prefrontal que nos ayudan a planificar y a inhibir ciertas conductas. Nuestros sistemas más avanzados están más apagados y los sistemas más primitivos de miedo y de lucha están más encendidos».

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