Natacha Bustos es una infatigable trabajadora de un talento inmenso. Panini edita por fín la esperada serie de Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, una refrescante sorpresa que dará a conocer mejor su trabajo al gran público. Sin embargo Natacha es una autora con una larga trayectoria a sus espaldas a pesar de su corta edad. Queremos agradecer a la autora su generosidad que nos permite ilustrar la entrevista con diferentes fases del proceso creativo de su último trabajo precisamente, Moorn Girl y Dinosaurio Diabólico.

 Debutas con una novela gráfica de gran intensidad, Chernóbil: La Zona. ¿Cómo afrontaste el reto?

Previamente había colaborado en una antología, Ellas son únicas, que coordinó Santiago Navarro. La antología llegó a Hernán Migoya, le gustó mucho mi historia a pesar que estaba bastante verde y me planteó colaborar en algún proyecto y ese encargo fue Chernóbil: La Zona. Yo entonces trabajaba en una agencia de publicidad pero siempre había querido hacer tebeos y me pareció la oportunidad de intentarlo. Dibujar Chernóbil fue para mí un proceso de aprendizaje. Nunca había hecho un trabajo así y tenía que adaptarme al tono que la historia requería. Trabajé codo con codo con el guionista, Francisco Sánchez. Hacíamos los bocetos y los analizábamos una o dos veces al mes a fondo El estilo que adopte para este cómic no era el mío pero me lo tomé como una prueba para ver si podía realizar un cómic de este tipo de temática con más de cien páginas y decidir si finalmente me lanzaba a hacer cómics. De hecho dejé el trabajo para acabar el libro.

De todos modos creo que no se movió demasiado bien por parte de la editorial. Es un poco frustrante cuando has trabajado tanto por tan poco. Creo que se debería cuidar más a los autores. Cuando estás empezando y no conoces bien el gremio no te das cuenta de eso ya que el mero hecho de poder publicar es todo un logro personal pero cuando lo ves con distancia te das cuenta. Entiendo que la situación editorial en España es complicada y que son muchos los gastos que tiene sacar un cómic pero pienso que hay un problema muy grave cuando los creadores de la obra, los que hacen posible el libro, se llevan la menor parte del pastel. Por eso recomiendo a todo el que esté empezando que le de importancia al valor de su trabajo, que intente cobrar lo justo por ello y que en el contrato que firme se negocien bien las condiciones. A ser posible, consultarlo previamente con amigos y colegas con más experiencia. No ayudas en nada a esta profesión aceptando no cobrar nada por algo en el que va a cobrar toda la cadena. En mi caso, con Chernóbil, se trataba de un encargo y por tratarse precisamente de eso pienso que toda la energía que dejé en el proceso debió ser mucho mejor recompensada.

Chernóbil recibe distintos reconocimientos.

Gracias a que decidimos mover el libro ganamos el Premio Tournessol 2012. Está muy bien sobre todo por ver que le gusta tu trabajo a la gente en un momento en el que no sabes si está bien o está mal pero lo que me gustó sobre todo es ver como la historia de Chernóbil había impactado a la gente, que más allá del dibujo que te gusté más o menos el cómic es capaz de llegar y emocionar.

Cuando se publicó en España la sensación fue agridulce. El cómic salió un par de semanas después del accidente de Fukushima y algunos medios dijeron que era oportunista. El caso es que al año siguiente fuimos a Japón por el libro y también fue una sensación extraña. Nos sentíamos muy felices de estar allí presentándolo y a la vez tristes por la razón por la que estábamos allí. Aún así creo que hacer un libro como este puede ayudar a mucha gente, incluso ser terapéutico y aquí Francisco tiene todo el reconocimiento porque son el tipo de historias que le van.

Tras Chernóbil realizas colaboraciones en trabajos colectivos como El diablo aburrido o Todas Putas o en series como Nuevas Hazañas Bélicas. ¿Cómo fue la experiencia?

Después de Chernóbil me ofrecieron proyectos largos pero con unos adelantos que no me permitían asumir el trabajo que supone estar un año desarrollando una obra. Creo que es lo que le pasa a mucha gente, después de hacer su primera obra llega el desencanto de ver que no puedes vivir de ello. Yo quería hacer cómic y el trabajo en las antologías, de 6 o 10 páginas sí me lo podía permitir. Con Manuel Mota colaboré en El diablo aburrido sobre todo por amistad. En Todas putas colaboré sobre todo por Carla Berrocal, que coordinaba el libro. Nos hacía gracia hacer el cómic después de todas las críticas que tuvo el libro de Hernán. También con Hernán hice la colaboración de Hazañas Bélicas.

Mención aparte merece tu trabajo en Caniculadas.

Caniculadas es diversión pura y dura. Caniculadas comenzó hace unos 8 años ya. Mireia Pérez nos escribió a unas cuantas autoras que había encontrado en la red cuando aún no había tanta comunicación como ahora. En principio la idea era hacer un libro pero poco a poco la idea fue cambiando hasta hacer algo online. Queríamos hacer algo de humor. Clara Soriano, a la que ya conocía de la Universidad, Bea Tomo y Mireia estaban más acostumbradas a las tiras. Para mí fue una forma de aprender de ellas. Pusimos la web en marcha sin muchas expectativas. En ese momento no había tantas conexiones como ahora con facebook y twitter y poco a poco ha ido creciendo. Lo decidimos hacer solo en verano y ha ido llegando a la gente y el año pasado lo hemos decidido dejar porque cada una tiene ya hecha su carrera y preferimos hacer otras cosas en verano.

Javier Rodríguez tiene una gran relevancia en tu obra. Recibes la propuesta de continuar la serie que crease para Francia, Lolita HR, junto a Delphine Reu.

Cuando te metes en una disciplina artística creo que es muy importante tener un mentor o alguien que te pueda guiar. Para mí Javier es ese mentor. Tiene gran habilidad para comunicar y enseñar, fue profesor de cómic y sabe muchísimo del medio. A Javier le conocí a raíz de Chernóbil. En una presentación a la que acudí con Clara (Soriano) conocí a Javier, a Albert Monteys y Luis Bustos y empezamos una relación de amistad. En Barcelona hay muchos autores y nos forzamos a reunirnos, igual por que todos trabajamos en casa. Cuando a Javier le ofrecieron cerrar la serie de Lolita él estaba muy ocupado dibujando para Marvel después de estar 8 años coloreando para ellos. No le daba tiempo a hacer el último tomo para cerrar la historia y me recomendó a Delphine. Los franceses me reclamaron que me adaptase al estilo de Javier pero me pareció genial porque me encanta su trabajo. Cuando terminamos lo presentamos en Angoulême y es impresionante ver el respeto que tienen allí a los autores.

De nuevo colaboras en una serie de Javier en SpiderWoman, en este caso en el mercado americano, que supondrá tu entrada en el mercado americano.

Participé en una antología en DC el año pasado que se llamaba Strange Sport Stories #3. Conocí a un editor hace 2 años en Barcelona y él me ofreció el trabajo. Después de ver las páginas que hice, Javier me dijo que no podía acabar el último número del arco de Spiderwoman y que le iba a recomendar a Marvel que lo hiciese yo. Le pasé las páginas del trabajo para DC para que lo viesen los editores y así surgió. Fue importante que viesen que podía trabajar en el mercado americano, de hecho Brandon Montclare, el guionista de esas páginas de Strange Sport Stories es el co-guionista, junto a Amy Reeder, de Moon Girl y Dinosaurio Diabólico.

¿Cómo te adaptas a las necesidades de un mercado tan ágil como el americano?

Primero sientes que vas a dibujar para una gran editorial y que, por lo tanto, tienes que hacer un trabajo a la altura, así que al principio un poco de presión. Realmente quería ya hacer comics que fueran 100% mi estilo y sentía que tenía la oportunidad.

Del cómic superheróico me gustan los del estilo de Javier Rodriguez, Javier Pulido o Marcos Martín. El tebeo de Batgirl de Marcos Martín en el que trabajaban Javier Rodriguez y Álvaro López era de los pocos a los que me acerqué de superhéroes en los últimos tiempos. El uso que hacen de la narrativa en los cómics es asombrosa, de ahí que sean tan reconocidos, y se les vincule a un estilo más indie dentro de las grandes editoriales, haciéndolos por lo tanto más accesible a otro tipo de público. Personalmente y salvando las distancias y su recorrido, pienso que me acerco más a lo que hacen ellos que al groso de otros títulos de Marvel. Aunque ahora con el All-New, All-different están entrando cosas muy variadas.

Parece que se quiere llegar a las lectoras.

Más que a las lectoras se quiere llegar a todos los públicos: niños, niñas, adolescentes… se busca una mayor paridad en los personajes y la identificación con los lectores. De todos modos no es que se haya sustituido al cómic que se ha hecho siempre sino que se ha ampliado el mercado y se está demostrando que hay sitio para cosas diferentes y no pasa nada. Es algo muy necesario.

Muy pronto comienzas a trabajar en un proyecto propio: Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, una serie con un mensaje mucho más inclusivo.

Moon Girl es un paso adelante en el aspecto de la diversidad. Aunque no hubiese dibujado la serie, desde luego que la hubiese seguido. Es necesario apoyar este tipo de obras en las que se generan personajes diversos: femeninos, orientales, negros… con una mayor variedad como existe también entre los propios lectores. Es frustrante para un lector ver como no está incluido en las historias. A mí me pasaba. Yo soy mestiza y, aunque los tebeos siempre me han apasionado, siempre me preguntaba porque no había personajes de color, todos eran blancos. Cuando maduras te das cuenta que durante mucho tiempo en los cómics las chicas han sido las novias a rescatar o simples floreros. Creo que hay que cambiar esos paradigmas. Los cómics participan en la sociedad en la que vivimos y reflejan muchos aspectos de ella y aunque no me gusta decir que los cómics son educativos si creo en la cultura como instrumento de educación y los cómics forman parte de ello.

¿Cómo te enfrentas a cada guión de Moon Girl?

Cómo decía antes quería hacer cómics 100% mi estilo y creo que por fin puedo encontrar mi camino aquí, mientras trabajo. Sobre el guión puedo decir que en cada número encuentro siempre alguna sorpresa. Se nota que Amy y Brandon están tratando el personaje con mucho cariño. Quieren crear una base muy sólida en la que el lector conozca a los personajes y sus inquietudes. No se dan prisa en hacer un personaje muy definido sino que lo vas conociendo en cada capítulo. En España estamos acostumbrados a leer tomos completos y creo que cuando la gente lo lea en conjunto lo va a disfrutar mucho. La idea es que la historia sea bonita y alegre, que de buen rollo y que guste a todos los públicos. Me gustan mucho los diálogos. Amy me cuenta que ella de pequeña era muy nerd, conoce esa sensación de sentirse sola en clase y pone mucho de ella en la serie. Yo me siento muy identificada con Lunella porque yo también era muy nerd, de hecho dibujo a Lunella como era yo de pequeña.

¿Cómo está siendo la respuesta del público?

R.: Hay una respuesta muy bonita. Me parece precioso ver a familias subiendo a youtube a los niños leyendo la serie. Las reseñas están poniendo muy bien la serie y la acogida está siendo muy emocionante. Hasta hemos ganado un premio Glyph, algo que me hace especial ilusión porque es un premio a la diversidad.

¿Proyectos?

Mi sueño es poder vivir del cómic y me siento muy cómoda trabajando así, en equipo. Estoy cómoda aquí y estoy en un momento en el que tengo que trabajar y aprender para llegar a consolidarme.