Curiosidades y anécdotas viajeras. Hace tiempo que me di cuenta que al ser humano le gusta complicarse la vida. A  mí no, a mí ni me gusta complicármela ni que me la compliquen, e intento no complicársela a nadie. Bastante nos la complican los mandatarios a nivel burocrático con impedimentos y/o imposiciones. Nos imponen impuestos para  sacarnos los cuartos, poniéndonos mil trabas administrativas al pedir cualquier tipo de ayuda. Sino ¿A qué viene tener que rellenar tanto formulario y tener que estar yendo y viniendo de un lado para otro? Lo hacen para complicarnos, para que no podamos solicitar las cosas. Ahora, deja a deber un céntimo de euro y verás, verás. Ahí no hay trabas que valgan, y lo pagarás con creces.

A lo que vamos. Porque esta breve introducción viene por estar viajando en crucero. Y por haber hecho varios y haber alcanzado la categoría más alta somos Perla Diamante.

Y esto, damas y caballeros, conlleva ciertos beneficios (pero en el fondo es una castaña, grande como un piano de cola).

Esto es lo que implica viajar en categoría superior, tras contratar un viaje de estas características con la naviera italiana Costa Cruceros.

RESTAURANTE CLASE SUPERIOR

Para Carlitines y para mí comer o cenar en este restaurante es una caca. Y lo es

por varias razones (las enumero aquí):

Primero: LA PRIMERA EN LA FRENTE

Sí, la primera distinción la hacen nada más entrar al restaurante de lujo pues nos

sentimos cuestionados y los comensales -vestidos de punta en blanco como si estuvieran celebrando el bautizo de algún nieto- nos miraban con descaro.

Eso sí, los pijos estos luego van de educados.

A nosotros nos miraban como si les debiéramos algo porque somos los más jóvenes. Entonces, qué pasa ¿Que para ser Perla Diamante hay que ser un viejales?

Ellos sí que son unos perlas.

Joven o viejecillo, ante todo respeto y educación ¿No? Pues no.

Aquí es donde viene al dedillo eso de «el hábito no hace al monje». La categoría o clase no la da el dinero. Con clase se nace, y el dinero, en mentes idiotas, acentúa más las diferencias, separando a las personas absurdamente.

Sin embargo el dinero no es el que nos separa: son las personas las que separan a las personas.

Segundo: SERVICIO PROTOCOLARIO

El camarero va a hacer, en el mantel y ante ti, un despliegue de cubertería y vajilla… Uf, lo menos pondrá catorce cuchillos y tenedores, y otras tantas copas. Y se va a traer un trajín de idas y venidas…

Ahora llevo el agua y te la echo en el vaso. Después voy con la botella de vino; luego vuelvo con la de agua. Y así todo el rato.

Y digo yo: ¿no sería mejor que dejara la botella quieta encima de la mesa?

Y lo mismo con los cubiertos: ahora te quito una cuchara (que ni siquiera he tocado ni tengo intención de usar) y te pongo un tenedor. Y al momento te quito este tenedor para ponerte otro.

-Jolines, yo lo único que quería era comer tranquila. Y aún no he comenzado y estoy hecha un manojo de nervios-. Le digo a mi marido .-En serio, este camarero o está tonto o me quiere volver tonta a mí. Y yo ya tengo lo mío con estar algo trastornada de la cabeza como para que me quieran volver idiota.

La comida te la sirven en un plato redondo y grande, cual bacía de barbero que se pusiera el Quijote a modo de casco. Y te traen unas «miajinas» de pan, y con eso vas que chutas.

Tercero: UN MENÚ DIFERENTE

Un día a la semana sirven un menú especial, cocinado por el chef. Bueno, pues ese día, salvo que quieras quedarte silbando, lo mejor que puedes hacer es bajar al buffet. Los platos son tan sofisticados y los sabores están tan mezclados entre sí que tu paladar -acostumbrado a las viandas del común mortal y a los bocatas de chorizo y panceta- no distinguirá la carne del pescado ni lo dulce de lo salado.

Descuida, si tenías miedo a regresar a casa con varios kilos de más, comiendo o cenando estos menús, para nada. Al revés: sé precavido y antes de bajar del barco por última vez llénate de piedras los bolsillos de la ropa, no sea que venga una ráfaga de aire, y como a María Sarmiento, te lleve el viento.

(En esto del restaurante de lujo Carlos dice que exagero mucho y que en vez de cántabra parezco andaluza. Pero yo le digo: igual que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos; ni lo bueno es tan bueno, ni lo malo es tan malo. Entonces me mira con cara de incomprensión. Aunque a mí me da igual. Porque mientras que me entienda yo…)

Cuarto: HORARIO EUROPEO

Los horarios de comida, para los españoles, son muy desajustados. El almuerzo comienza a las doce del mediodía y termina a la una y media, y la cena es de seis a nueve de la noche.

A esos horarios de cierre, en España, muchos aún no han empezado a comer.

Quinto: VESTUARIO

Los hombres no pueden ir a cenar en bermudas, y si van en pantalón corto «les llaman la atención».

-Pues estamos jodidos porque todos los pantalones que ha traído Carlitines son cortos-. Dije yo .-¿Y si eres mujer y vas en camiseta de tirantes también te reñirán?

A ver si se enteran los que inventaron estos protocolos sin sentido: ¡solo queremos comer y cenar sin agobios ni estrés, que estamos de vacaciones!

Sí sí, mucha preparación, mucha vestimenta de marca, mucha corbata o pajarita, y mucho comer los espaguetis con tenedor y cuchara y coger la copa de vino levantando el dedo meñique (porque yo soy más observadora que los búhos y me quedo con la copla de todo) pero cuando toque ir al baño -como todo hijo de vecino- se tirarán unos pedos del copón bendito. Y sino se los tiran, peor «pa» ellos.

Ese es un asunto importante a tratar en los viajes, lo de ir al baño. Nadie lo menciona, y sin embargo, nos atañe a todos. Porque mi madre, lo que se resienten los esfínteres a causa de los taponamientos que se forman en el culo por el cambio de aguas -sobre todo las aguas mayores- y estar las tripas tan desajustadas como los horarios extranjeros.

Si a ciertas edades no queda más remedio que llevar un cargamento de medicamentos, ahora añádele lavativas (y ya te cagas, claro). O no, porque si metemos en el botiquín portátil botes con pastillas laxantes es precisamente por eso, por no cagar.

Y eso, que ellos sabrán. Desde luego yo no pienso comer en mi vida las gambas y los langostinos con cuchillo y tenedor. Yo los seguiré pelando con los dedos de las manos, que «paeso» los tengo, «pa» usarlos. Y para chupármelos después, que el saborcillo que dejan estos productos del mar está la mar de rico.

Y Carlos está bien advertido por mí, que ya le tengo dicho: como te vea yo comer así, te retiro la palabra para siempre. Vamos, me vas a poner en evidencia comiendo los carabineros con cubiertos. De eso nada monada. Ridiculeces, las justas.

Y sí sí, mucho traje, mucha finura y muchas leches en vinagre, pero a la hora de la verdad -la de ir al baño- me gustaría verles a mí a todos estos por un agujerillo.

Lo dicho, nosotros hemos decidido que nos vamos con la tropa al buffet; pasamos de comer y cenar en restaurantes en los que no te relacionas con nadie, y a los pocos que saludas, ni te devuelven un triste hola. Qué desplante. «Pos» que sepan que no pienso saludarles más.

Encima son unos sosainas. En los otros restaurantes donde sirven a la carta, al menos una vez, el personal monta un espectáculo de escándalo. En cambio en el de los pijos ni cantan ni bailan.

SUSTITUIR LOS HUEVOS POR EL CLÁSICO ARROZ (Anécdota simpática contada por Carlitines).

Me traen la carta y leo así: entrante, huevos escalfados. De primero: huevos pasados por agua. De segundo: tarta de espinacas con huevos cocidos. Y le digo a la camarera, que es muy maja y servicial: de postre no tendrás por ahí un flan. Y responde: sí señor ¿Dé qué lo quiere el caballero, de huevo o de vainilla?

-Mujer, la duda ofende. Digo yo: de huevo, lo quiero de huevo. Y añado: y si puede ser, dile al que pone los discos que me ponga la canción Champú de huevo de Tino Casal.

-Sí señor.

Y nada, aquí estamos, escuchando musiquilla ochentera, mira tú qué cosas tiene la vida.

(Como cambian los tiempos. Debe ser que aquello de pedir arroz y que la orquesta te pusiera «arroz estiguar» está pasado por agua… Digo, pasado de moda).

CÓCTELES VIP

Que te inviten a un cóctel una vez en la vida, vale; pero cuando hay mas cócteles vip que días dura el crucero… No sé yo qué pensar. Sobre todo cuando es a las once de la mañana y estás celebrándolo rodeado de gente emperifollada.

En nuestro caso nos vimos, en chancletas y ropa playera, brindando y diciendo «chin chin» con un grupo de señoras que tufaban a perfume y llevaban zapatos con pedrería; y estaban enjoyadísimas, maquilladísimas y repeinadísimas, al punto de parecer que tenían coliflores en el pelo. Y de todas, la que se llevaba la palma era una puretilla -así, de mi misma quinta- que tenía en la mano un bolso grandísimo y llevaba puestas unas gafas de sol que le tapaban lo más preciosísimo que tenemos todos, los ojos, y en cambio, por calzado, lucía unas sandalias descalzas por las que asomaban unos pies feísimos, con aros y uñas pintadas, y callosidades y juanetes.

-Qué te parece-. Le diría yo luego a mi marido .-Taparse media cara para enseñar unos pies que son primos hermanos de los de Frodo Bolsón, el del Señor de los Anillos.

Y ante el dispar encuentro dudo muchísimo de quién flipó más: si ellas al vernos a nosotros o nosotros al verlas a ellas.

La compostura y el guardar las formas no es sinónimo de pijadas. Y las pijadas no son sinónimo de educación.

ESPECTÁCULOS EN PRIMERA FILA

Esto sí que nos gustó, más a Carlos que a mí.

Aunque creo que ver las actuaciones y a los artistas tan de cerca hace que se pierda el encanto y la magia.

«CHAO CHAO TOPEEERAS, O SOLE MIO» – CABINA Y/O CAMAROTE CON BALCÓN EXTERIOR

Se acabó dormir en las toperas. Ahora te asignarán una de las cabinas de los puentes superiores.

La asignación directa al camarote con balcón exterior no es un derecho, es una posibilidad, condicionada a la disponibilidad en el momento de hacer la reserva.

SERVICIO DE LAVANDERÍA

El día que tú elijas te lavan gratis un máximo de 25 prendas de ropa en la lavandería. Deja la ropa sucia dentro de la bolsa para tal fin. Por la tarde del día siguiente encontrarás todo limpio y doblado encima de la cama.

75 EUROS DE CRÉDITO

Si eres Perla Diamante tienes un crédito a bordo de 75 euros, que puedes gastar en lo que quieras… En lo que quieras no: la tarde del bingo no puedes comprar cartones con ese dinero y si quieres jugar -y probar suerte- tienes que abonarlo a parte.

Y a ver qué compras. Salvo chorraducas, la mayoría de los artículos están por las nubes (y eso que vamos a ras del mar).

EMBARQUE PRIORITARIO

Lo reconozco sin fisuras, esto mola mogollón. Perooo, igual que los créditos a bordo (hay varias cantidades) no tienes por qué ser Perla Diamante para embarcar con prioridad: en categorías inferiores la compañía también tiene este detalle con sus clientes. Y otros, como darte una invitación para consumir en la heladería u obsequiarte con una cena en la pizzería.

Los regalos son otorgados según se sube de categoría; y con ellos se va marcando la diferencia.

Y sí, reconozco que no tener que hacer fila mola (máxime cuando, como mi marido y yo, eres diferente por tener una tarjeta que te acredita como discapacitado. Y en esto, todos somos diferentes).

SPA – ZONA DE AGUAS

Por viajar en la categoría superior la naviera te regala un día en el spa. Y ahí es cuando exclamas ¡Qué guay! ¿Qué guay? De qué, si todos los pasajeros pueden entrar gratis a la sauna, al baño turco y al jacuzzi.

¿Dónde está la gracia y el misterio?

La gracia y el misterio estuvo en lo que le pasó a Carlitines en el baño turco:

-Estaba en la sauna, y al salir me encontré con un hombre que a su vez salía del baño turco e iba con un turbante «to sudao» y unos calzones blancos, semi transparentes. Y llevaba unas barbas blancas hasta aquí (se señala con el canto de la mano a la altura del pubis). Tú sabes cómo estaba eso, lleno de vapor. Y yo pensé: ¿cómo es que no se ha quitado el turbante? ¿Dónde se va a duchar?

-Es que yo creo que los hindús, por su religión, no pueden quitarse el turbante en público. Y digo yo que se ducharía el buen señor en su camarote-. Le dije. Y como la maquinaria de mis inventivas tontas es más rápida que las centellas, añadí a modo de pregunta .-¿Te imaginas que se hubiera ido al baño turco con un cestillo de mimbre bajo el brazo, y sentándose en las baldosas del suelo con las piernas cruzadas, se hubiese puesto a tocar una flautilla? Veo yo eso y alucino en colores ¿Y te imaginas que del cestillo hubiera salido una culebruca y se hubiese puesto a bailar al son de la música? Veo yo eso y los ojos se me ponen como platos. Aunque digo yo ¿A quién se le ocurre meter una serpiente ahí? Pobre bicho, se asfixiaría de calor.

-A ti, se te ha ocurrido a ti-. Dijo él .-Que el hombre solo iba a sudar un rato. Y eso otro del flautín y las culebras es cosa tuya, que eres más de campo que las bellotas y más simple que un botijo.

-Eso. Tú tira la piedra y esconde la mano. No sé para qué me cuentas cosas para hacerme reír si sabes que soy de risa floja. Además, el que ha empezado todo esto has sido tú, cambiando la toalla de sitio. Porque cuando uno va al spa lleva la toalla en el cuerpo no sobre la cabeza.

Y ahora, tras la parrafada ¿Queréis saber mi opinión?

Para divertirse y ser feliz no hace falta tener una cartera con fajos de billetes. Porque se puede ser pobre y feliz, como también se puede ser rico y triste.

Mirad lo que pasa en una escena de la película de Titanic: Leonardo DiCaprio le dice a la chica que viaja en primera clase que si quiere divertirse de verdad, le acompañe (pues se está aburriendo como una ostra).

Y es que de siempre la clase obrera ha sabido divertirse tanto o más que los de buena posición.

Lo dicho, muchos que tienen las carteras llenas de billetes tienen vacíos los corazones y están solos. O peor aún: están acompañados por tener las carteras llenas (eso sí, en cuanto se descuidan se quedan solos, con el corazón roto, y sin billetes).

En este artículo, Carolina y Anchoíta desean que, en caso de que marquéis la diferencia, la marquéis sin hacer distinciones.