Los habitantes de las localidades grandes, ciudades pequeñas o medianas, se pueden acoger hoy día a una amplia oferta a la hora de contratar internet, como sucede, por supuesto, con las capitales. Atrás quedaron esos días en los que, en los barrios periféricos alejados, la velocidad se reducía considerablemente con respecto al centro. Algo de lo que, por cierto, no hace mucho.

Lo último es la fibra óptica, que ofrece una buena conexión y una velocidad alta. Eso se traduce, claro en descargas rápidas, posibilidad de jugar online sin cortes o ver la televisión por internet sin esperas. Sus ventajas lo convierten en uno de los servicios más demandados en la actualidad.

Tanto es así que, además de las grandes compañías, las de siempre, otras más pequeñas y con un carácter local, provincial o regional se han sumado a esto de ofrecer internet por fibra.

La fórmula, en algunos casos, es la siguiente: consiguen los permisos para cablear la localidad en el ayuntamiento (muchas veces, a cambio de su compromiso de dar prioridad a los vecinos a la hora de dar empleo), meten la fibra y configuran planes de lo más económicos, incluyendo planes para móviles con cobertura alquilada a las grandes compañías. En definitiva, el mercado de las telecomunicaciones es cada vez más competitivo.

El usuario que vive en una zona en la que se puede beneficiar de todo lo tiene fácil a la hora de escoger lo mejor al mejor precio. En el caso de la fibra optica, así como de otros servicios como el ADSL o el 4G, se recomienda el uso de un comparador como Kelisto, que ayuda a tomar una decisión según necesidades reales y presupuesto.

El problema viene cuando se sale de los grandes núcleos urbanos, en las pequeñas urbanizaciones o en los pueblos con escaso vecindario, tipo aldea, donde ni a las grandes ni a las pequeñas compañías les resulta rentable, de momento, montar una infraestructura de telecomunicaciones completa.

El ADSL, ¿de verdad llega?

La banda ancha tiene gran capacidad para la transmisión de datos, usando una red de telefonía básica. Pero los pequeños núcleos poblacionales más o menos remotos, siguen estando bastante castigados. Puede que la infraestructura exista, sí, ¿o no tiene todo el mundo teléfono fijo? Pero no se ha modernizado igual en todos los casos.

Así pues, antes de contratar ADSL habrá que cerciorarse de qué velocidad alcanzará. La opción más cómoda es recurrir a la tienda más cercana de la compañía en cuestión y preguntar, y lo habitual es que sean honestos en la información que dan. Su sistema les permitirá conocer qué cobertura tiene el domicilio, en algunos casos, mediante un código de colores. En Movistar, por ejemplo, si aparece en azul es que llega menos de 1 mega.

Si hay algún vecino que tenga internet, se puede comprobar su conexión en páginas como TestDeVelocidad. Conocido el resultado, habrá qué valorar si conviene, y eso depende del uso. ¿Cuántos dispositivos se conectarán?, ¿se pretende descargar contenido o verlo en streaming?, ¿jugar online?, ¿solo navegar?

4G, la otra opción

Si lo del ADSL no convence, otra posibilidad a contemplar es la de 4G. Las principales compañías ofrecen hoy día un router WiFi portátil, de pequeñas dimensiones y con un peso mínimo. Es decir, que se puede llevar a todas partes metido en un bolsillo. Eso sí, depende de la cobertura de la compañía.

A la movilidad y a las mayores posibilidades de cobertura se unen otras ventajas, como la inmediatez. No requiere instalación, es suficiente con encender el router y empezar a navegar, y enchufarlo para cargar. La velocidad de descarga y subida es más rápida que en ADSL, no necesita línea fija.

El contra principal es que las conexiones están limitadas a un consumo máximo de gigas al mes. En la actualidad, compañías como Vodafone u Orange ofrecen 50 gigas, lo que, a priori, suena bien. Pero claro, nuevamente, dependen del número de dispositivos conectadas y del uso que se le vaya a dar.

Para hacernos una idea, una hora de reproducción en streaming en Netflix, según la propia plataforma, consume 0,7 GB si se usa una calidad media, y 3 GB si se opta por el HD. Una hora de juego en línea, por su parte, consume unos 25 ó 35 MB la hora. En cuanto a la navegación, enviar un tuit con foto consume menos de 1 mega, pero ver un vídeo de cuatro minutos en Youtube con una calidad media, puede implicar unos 10. Cargar una web, por otra parte, no suele gastar más de uno.

Se escoja la opción que se escoja, obtener toda la información a través de un comparador es de lo más recomendable, al ser una herramienta que ayuda al consumidor a tomar decisiones.

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