Chicos buenos: La inocencia de los malotes

¿Una gran comedia de este siglo? Supersalidos, indudablemente. Y no hay nada malo en admitirlo. Todos hemos sido (y muchos serán) adolescentes que buscaban sexo o amar. No hay nada de malo en ello. Todos hemos tenido amigos diferentes o raros, todos hemos querido beber para impresionar o todos hemos falsificado un carnet. Bueno, casi todos.

¿Una gran comedia del siglo pasado? Los Goonies. Ágil, tierna y original. Todos hemos sido niños sedientos de aventuras, diversión y con ganas de hacer travesuras que nos embarcasen en increíbles aventuras. Todos hemos tenido una pandilla de inadaptados, todos hemos lloriqueado y todos hemos encontrado un tesoro pirata.
Bueno, casi todos.

¿Pero que pasa con el punto medio? ¿Acaso no hay transición entre la niñez y la adolescencia? ¿Acaso no es una etapa problemática la preadolescencia o la postniñez? Si señores. Y tras el cúmulo de risas….he podido ver un trasfondo más dramático y humano. Un trasfondo personal en el que un chico se siente solo y su padre le presta más interés a un dron que a él «…seguiras siendo mi hijo y te quiero, pero ya no me caes bien.», otro en el que un divorcio causa inseguridad y terror a perderlo todo a su retoño y un chico con miedo por no demostrar de lo que es capaz y quedarse en lo más simple (beber en vez de cantar).

Un trío de problemas sociales que se mantiene unido para no hundirse más en su miseria, y cuyos problemas aumentan ya no por las circunstancias del divertidisimo guión de Eisenberg y Stupnitsky, si no por un conflictivo periodo en el que lo sabes todo y nada, como es la preadolescencia. Y esto nos ha pasado a todos, desde mi hasta Tarantino, pasando por Carlos Boyero. Sus absurdeces se te han pasado por la cabeza y sus fallos de vocabulario tambíen, ¿verdad, nínfomanos y pirómanos?

Obviamente es una comedia, no te comas tanto la cabeza si vas a verla porque los tres jóvenes intérpretes se comen la pantalla y te desternillas con sus inocentes ocurrencias. Porque no es fácil hacer una película sobre dildos y que no parezca una obscena y repetitiva sucesión de chistes eróticos y groseros. Un lujo también el resto de el elenco que agranda la nobleza infantiloide de este film.

Aunque su dirección no sea impresionante, ni su fotografía ni aspectos tan técnicos, considero que esta película debería pasar al Olimpo de obras cómicas. Tal vez sus mayores fallos sea en la previsibilidad de algunas corrientes en la trama final, y que sea tan jodidamente corta.

Si hacen segunda parte, me tiro de cabeza a la butaca del cine. Y por dios, que estos muchachos (directores y actores) sigan haciendo cine, el humor les necesita. Una oda a la amistad.

Algunos detalles finales como el «collar» que uno de ellos regala a la chica que le gusta o que le toque a su amigo besarla eran previsibles. Otros, como el accidente de coche donde la muñeca sale despedida no, o el tiroteo a lo «Django Desencadenado» de la casa de los fumetas.

Bellísima escena final en la que tras un mes en el que cada uno ha tomado sus caminos, se reencuentran y se comportan como si verdaderamente hacía años que no se viesen (y es que para un joven, un mes de en 13 años es muchísimo más que para un adulto en 50 años) pero indudablemente saben que el espíritu de la «Panda del Puff» sigue ahí, y que como bien dicen su amistad se forjó por sus padres y cercanías, pero que más da si al final fue una amistad.

Patxi Álvarez