Me cuenta un activo exmilitante del PSOE de Cantabria que el portavoz municipal en Santander está triste, y se siente solo. Pobre. Aceptó presentarse para perder, y ahora que otros con tan poco apoyo como el suyo se han aupado al gobierno, le han abandonado a los leones de la oposición sin cobertura. Y por hacer más leña del árbol caído, además, a los que ganó en las primarias para encabezar la candidatura, y a muchos de sus sibilinos enemigos internos, les han agraciado con interesantes salarios públicos en consejerías y entes públicos. Es la ingratitud de la política, que le sube a uno al limbo inconsciente de la promesa del éxito a base de cera, jabón y buenas palabras, y lo aterriza en el suelo, y de golpe, a la misma velocidad, o más, con rostros de perfil y cambios de acera a todo correr antes de cruzar caminos.

Casares ha perdido dos veces, las elecciones de mayo y la legislatura entera. Los próximos cuatro años no le va a quedar otra que poner cara de tonto cada vez que el alcalde De la Serna le haga responsable de cada una de las siete plagas que por culpa del gobierno de Revilla asolen la ciudad. Sin culpa de eso, claro, que el bueno del lider local socialista solo la tiene de haberse dejado embaucar para salir en un cartel y comerse la fatalidad de una derrota. Con el añadido de que a los que le han puesto proa no les van a dar arcadas por negociar, hasta pactar, con De la Serna, que es cosa que a los dos les conviene para hacerle vacio al presidente del PP, otro que tal baila en este juego de supervivencias donde queda poco aire y muchos pulmones que llenar.

Si eligiera aguantar el frío invierno que le espera, Casares siempre puede tirar de buenos ejemplos en el gobierno regional de otros que estuvieron antes que él, y que con paciencia y mucho posibilismo han llegado lejos y alto. Recorriendo siempre ignotos caminos con el mayor de los éxitos, tantos que vez tras vez han sido convocados a candidaturas y despachos, en una sucesión de disponibilidad pasmosa de muchísimos años. Tal vez aquí esté el futuro de Casares, en ser una esperanza permanente, una renovación recurrente, una nueva forma de hacer política intemporal y eterna… Con su edad es joven para llegar a viejo bien aposentado en su partido, y perspectivas de otras derrotas que le revaliden, como a estos del gobierno, no han de faltarle.