“Buscábamos un cómic callejero, pegado a la actualidad”. Entrevista a Simonides

Ernesto Murillo, Simonides, es un nombre esencial para entender nuestro cómic. Un pionero que participó en los comienzos del fanzine en Euskadi, siendo esencial para el nacimiento del TMEO, que este año cumple 30 años llenos de salud y mala baba. Simonides participó, además de míticas cabeceras como El Víbora o El Papus. Con el repasamos una época mítica en la que el cómic era una crónica escrita de lo que sucedía en las calles.

Empezamos por el principio. El Huerto será el primer fanzine que saques junto a Joaquín Resano y Pedro Oses.

Me voy a remontar a la muerte de Franco, el año 1975. En esa época hice la mili cuando quebró la imprenta en la que trabajaba. Había hecho un par de exposiciones en Pamplona. Yo era un crio entonces. Resano y Oses eran algo mayores y todos éramos bastante idealistas. Pensábamos que en los cómics podías acceder al gran público. Eran unos tiempos muy ideologizados. Teníamos un piso en la calle Navarrería en los que hacíamos dibujos para serigrafiar sobre vajillas pero lo que nos interesaba era estar en la calle. En aquel momento había muchos panfletos y muchos empezaban a llevar dibujitos. Se había editado un libro con una selección de Comic underground Americano con multitud de historietas de autores distintos como Crumb y Shelton que nos había creado mucha sensación y decidimos sacar un cómic. Por aquellos tiempos vi a Bernardo Atxaga vendiendo el POT TROPICALA en la calle San Nicolás en Pamplona. Hablamos con algunos amigos que escribían y sacamos El Huerto. Lo grapábamos nosotros mismos y también lo distribuíamos. La mitad de la tirada se quedó sin grapar y vendimos 20 o 30 a amigos.

¿Os llegaban aires de todo el movimiento underground que se estaba gestando?

Había dos revistas. Una era Star. Era como punk y desapareció justo cuando el punk se puso de moda y luego derivo en el Bésame mucho. Después estaba el Ozono, que traía algo de comic de vez en cuando. El Star tenía un par de historietas o tres en cada número y es allí dónde se empezaron a ver los primeros trabajos de Ceesepe, Nazario…

Allí conocimos la editorial Pastanaga que empezó a publicar El Rrollo Enmascarado, Purita… sobre todo recopilaciones de material que ya había sacado Nazario o Mariscal y que iban vendiendo a mano por las Ramblas.

Ya teníamos en Pamplona noticia de ello, claro.

Continuasteis autoeditandoos.

Sacamos un año después Preludio de los San Fermines. Pensábamos entonces que se podría vender muy bien por las calles. En ese momento en el piso que teníamos en la Navarrería nos las veíamos putas para entrar o para salir. Eran unos tiempos tumultuosos en los que solía haber bronca con la policía.

Estábamos preparados con las cajas para vender cuando vimos una turba de gente corriendo y llorando. Había una cadena de gente subiendo cubos de piedra hasta la plaza del Castillo y estaba la diputación ardiendo mientras la gente tomaba cubatas en las terrazas. Total, que no vendimos nada y salimos corriendo. El día acabo con la ciudad arrasada. Ese verano recorrí todas las fiestas vendiendo Viva SanFermines y prácticamente acabamos con todos. En el VIVA SAN FERMÍN había historietas de distintos autores en las que salían policías jodiendo las fiestas. En la mía unos polis extraterrestres cargaban en la plaza durante la corrida. Vendimos muchísimos en los puestos callejeros de las fiestas de San Fermín Chiquito. Como apenas había habido Sanfermines, pillaron a la gente con ganas de marcha y estuvieron animadísimas. Sería una tirada de unos 4.000 ejemplares.

Después hice El PRELUDIO DE LOS SANFERMINES. Allí conté los sucesos que tuvieron lugar en primavera, antes de las fiestas. Está basado en lo que me contaron testigos presenciales y en lo que vi yo mismo.

La Gestora pro ammistia nos convocó a un montón de pintores para hacer murales en la Plaza del Castillo. Era una de las muchas acciones programadas dentro de la Semana por la Amnistía. Estábamos en ello cuando se corrió la voz de que bajaban grupos de guerrilleros de Cristo Rey por Carlos III. Oímos unos gritos por diputación y fuimos desapareciendo.

En la calle Mercaderes se juntó un montón de gente, una especie de asamblea popular en la que se decidió hacer frente a los guerrilleros. Un grupo de valientes pasaron de las palabras a los hechos y subieron por la calle Chapitela hacia la Plaza del castillo, debían ser gente peligrosa, porque… se toparon con un grupo de presuntos guerrilleros que hacían el camino contrario, se enfrentaron a ellos y mataron a uno de un navajazo. El muerto resultó ser un Guardia civil de paisano.

Mandé una caja a la librería MAKOKI con 250 ejemplares de Preludio de los San Fermines y los vendieron todos.

Me llamaron de El Víbora, sería el año 78 o 79, en el número 7. Me pidieron una historia sobre San Fermines.

Más tarde iría a Barcelona y llevé al Star las dos historias que salieron en El Huerto y las publicaron. Había muy pocas páginas para demasiada gente.

Un día me llamó la novia de Juanito Mediavilla, Isa, que era de Pamplona. Entonces vivía en Vitoria en casa de mi novia. Ponía tela asfáltica con un amigo y fue un alivio.

 Hubo un boom en El Víbora en la época.

Es que en ese momento no había nada además. El que mandaba era Berenguer y se hacían reuniones. Me costó entrar. Me publicaban una historieta cada tres o cuatro números. Juanito y Gallardo empezaron a tener mucho trabajo. Había una revista, Hara Kiri, que era semanal en la que salían los personajes de Chuchita y Marilyn, inspirados en las Hermanas Gilda. A las pobres siempre les pasaban cosas horribles. Miguel no daba abasto y pasé a dibujar la serie yo. Era una época en la que era fácil tirar en Barcelona. En aquel momento había trabajo. Mal pagado pero te inflabas a trabajar. Lo pasé bien en la época, la verdad.

 Fue una época de mucha convulsión

Sí que lo fue. Me acuerdo por ejemplo, del atraco al Banco de España. Juanito y yo estuvimos muy pendientes de lo que sucedió. Entraron en el Banco y lo tomaron durante dos o tres días con más de 100 rehenes dentro. Había un montón de curiosos viendo en primera fila todo.

 ¿Cómo eran las reuniones en El Víbora?

El Víbora empezó a despegar con el Tejerazo. Nos convocó Berenguer para hacer un número especial. En dos días lo montamos y la semana después ya estaba en la calle. Hasta entonces iba tirando sin más. Iba subiendo sin prisa pero eso supuso un boom. En aquella época El Víbora llegó a vender unos 60.000 ejemplares.

La primera vez que estuve en El Víbora era un cuartucho dentro de las oficinas de Toutain y no dejo de crecer. Había gente con forma de dibujar muy personal. Hasta el momento se dibujaba con un estilo muy homogéneo. Aunque algunos como yo no sabíamos dibujar bien teníamos una voz propia. Solo hay que ver los trabajos de Nazario, de Pons o Martí y Max que empezaba a despuntar.

 Los dibujantes buscan personajes fijos que pudieran desarrollar mes a mes.

No era mi caso. Siempre me ha interesado más contar historias concretas. Personajes manejaba muy bien Juanito. Con él trabajé un montón de años. Lo de Chuchita, Paquito el Mangui… Los personajes desfilaron por un montón de cabeceras como El Papus.

Después llegaría el Makoki, que era lo que mejor funcionaba en la revista y nos pasaron a todos los que hacíamos humor a la revista.

 Es un momento en el que empieza a publicar gente joven como Mauro Entrialgo.

Su primera media página, sí. Muy buena además. Calpurnio empezó también.

Hubo muchas revistas pero en pocos años se quedó El Víbora solo de nuevo. Era normal porque con la censura no había llegado un montón de material extranjero que con la apertura entró en canal.

 Comentas que publicabas también en El Papus.

Al Papus le pusieron una bomba en la que murió el portero. Se pidió una reclamación muy alta al gobierno y en medio del proceso se escindió la revista. Por una parte siguió El Papus y por otra se pusieron los dibujantes con otra revista, El Pupas. Yo estaba en las dos. En El Papus hacía lo de Chuchita. Allí publicaba gente como Vázquez, Valles o Montesol. Aquello duro poco porque la revista se mantuvo en un momento dado esperando la indemnización. Fueron 2 o 3 años en los que trabajé mucho. En Barcelona me lo pasé bien pero la ciudad me agobiaba. Yo creo que en las ciudades grandes viven solo bien los ricos y me vine para Vitoria. En Barcelona empezó la heroína y ya era muy fuerte la situación. La heroína llegaría más tarde a Euskadi y ambienté una historia aquí: El Zestas. Era algo que tenía ganas de hacer desde hace tiempo. Parte de una historia que me contaron de un yonqui que traficaba con armas. En su época tuvo bastante repercusión y provocó una polémica en El Víbora sobre la violencia y el tema de ETA.

 

¿Alguna vez has tenido problemas por tratar estos temas?

Sí, pero fue una tontería. En un Makoki metí una canción de Siniestro Total que decía que si fuera Papa todo sería una juerga continua. Esa historieta salió en una recopilación que sacó Pamiela, que iba sacando nuestro material. La revista tenía ayudas para vender en todas las bibliotecas. La historieta la leyó alguien en una biblioteca, llegó hasta el PP que puso una interpelación parlamentaria y al final no acabó de salir. Pusieron una denuncia en la fiscalía que se desestimo y allí acabo la historia.

 Con Pamiela sacas otra recopilación, Nafarroa afrika da.

Eso es. Con material del Makoki etcétera.

 Se empieza a ver movimiento en Pamplona

En ese momento no había un gran movimiento. Había pocos. Uno que sacaba Berto en Bilbao, en Vitoria había estado Arabia Saudita y en aquel momento los de Crash Comics sacaron un fanzine que se llamaba Octopus. Estaba Jesse en Bilbao… yo me movía por allí y teníamos muchas ganas de hacer cosas aquí. La gente de Barcelona hacía cosas de allí. Se vendían pocos fanzines pero pensamos que, en lugar de venderlo solo en una ciudad podríamos publicar a autores de las cuatro ciudades en una revista y allí salió el TMEO, en el año 1987.

El problema de los fanzines suele ser la distribución. Un día apareció por Pamplona El Calvo y trajo una revista que había hecho pero que se pagó con la publicidad de los bares y allí vi yo la luz. En bares ya se habían empezado a vender fanzines como el Hamelin que sacaban Resano y Oses. En el TMEO decidimos ir a los bares de las 4 ciudades y vender publicidad y distribuirlos.

Buscábamos un cómic callejero, pegado a la actualidad. Pequeños puñetazos que se leyeran de un modo sencillo más allá de lo bien o mal que dibuje cada uno.

 Han salido autores que han cambiado la forma de hacer tebeos del país y muchos de sus dibujantes son hoy referentes del humor gráfico.

Bernardo Bergara estaba ya en el Hamelin y aprendió de Joaquín Resano, que es un autor que sigue siendo un referente aunque ya no dibuje.

 ¿Cómo se organiza la revista?

Siempre ha habido un furgonetero que se dedicaba a repartir. Cada uno, desde su lugar de residencia, buscaba los bares en los que les pudiesen hacer caso. Era una época movida. Cuando comenzó el TMEO yo todavía colaboraba en EL VIBORA, primero con EL ZESTAS y luego con PACO EL CHOTA con guiones de Mauro Zorrilla. Con los años, en EL VIBORA fueron entrando dibujantes nuevos y cada vez había menos espacio para nosotros. En Habeko Mik seguía publicando y cobrando y allí publicaba también Joaquín Resano y Pedro Oses. En Habeko Mik hice un álbum con Joaquín. Después desapareció la revista aunque se mantuvieron las colaboraciones de cómic en la revista Habe. Poco a poco fue desapareciendo todo ese mundo de las revistas.

 Te distancias del medio y comienzas a pintar.

Sí. Siempre me ha gustado pintar y siempre pensé que cuando fuese mayo me encantaría pintar así que en el año 2000 lo retomé. Me he mantenido muy desvinculado del mundo del cómic aunque hago de vez en cuando colaboraciones esporádicas. Mi pintura bebe mucho del cómic y viceversa pero me resulta imposible compaginar las dos historias. Me exige demasiado cada uno de los dos.

Las historietas siempre las he hecho cuando he tenido una idea, no pensando dónde iban a salir. Deje de pensar en ideas para cómics y empecé a pensar en hacer cuadros.

Links de interés:

Web de Simonides

Ficha de Simonides en tebeosfera