La función del arte es comunicar y la función de la música es emocionar. Si sumamos comunicación y emoción obtenemos como resultado la función del cine. Y eso es Bohemian Rhapsody, una oda a la comunicación y a la emoción a través de las melodías creadas por una de las mejores bandas de todos los tiempos: Queen.

El grupo formado por el cantante Freddie Mercury (considerado el mejor vocalista de la historia), el guitarrista Brian May (astrofísico), el baterista Roger Taylor (dentista) y el bajista John Deacon (ingeniero electrónico), quienes generaron auténticas obras maestras en los más de quince discos que se publicaron entre 1973 y 1995.

La importancia de la película va más allá del entretenimiento que supone acudir a una sala de cine. Queen es cultura, porque su música forma parte de la memoria colectiva para miles de personas y su proyección en el cine actualiza este patrimonio artístico para que las nuevas generaciones puedan interesarse por su música. La película es memoria histórica.

La lucha contra el sida de Freddie Mercury visibilizó un problema que afectaba (y afecta) a millones de enfermos, particularmente en aquellos años ochenta, cuando todavía no existía una vacuna certera, socializando y normalizando un problema mundial. Con su ejemplo, comenzaron a realizarse campañas de prevención que salvaron millones de vidas, además de avanzar en la investigación científica para su tratamiento.

El mítico concierto Live Aid del 13 julio 1985 que tuvo lugar en el estadio de Wembley y en el cual Freddie Mercury impartió magistralmente clases de ópera y canto para millones de personas que lo estaban presenciando en el estadio y vía satélite en los cinco continentes supuso un antes y un después en el concepto «concierto multitudinario» en estadios de fútbol.

El objetivo de Live Aid era alcanzar ayuda humanitaria para el continente africano que sufría tremendas hambrunas con millones de muertos por desnutrición, en particular en el cuerno de Africa: Eritrea y Etiopía. La actuación de Queen en ese concierto, la energía que desbordó, la conexión con el público y la fuerza de su música hizo vibrar al planeta entero, consiguiendo sensibilizar a toda la sociedad sobre la problemática del hambre.

A partir de entonces, los países comenzaron a invertir en ayuda al desarrollo, se multiplicaron las organizaciones no gubernamentales y se concienció sobre la injusticia a nivel mundial.

La vida de Freddie Mercury supuso un liderazgo en la lucha por la igualdad de derechos entre todas las personas al enarbolar con orgullo su condición sexual en una época profundamente discriminatoria.

Contemplar la película Bohemian Rhapsody es rememorar aquellas canciones que forman parte de los mejores momentos de nuestra vida y constituye una oportunidad para que miles de niños, adolescentes y jóvenes que nunca antes habían oído hablar de Queen, comiencen a conocer su música.

Porque la música de Queen es única e inclasificable. Genios que mezclaron todos los estilos, desde el rock a la ópera, del pop al flamenco, de la balada al punk, ingredientes combinados en la misma composición, como en la canción Innuendo.

Es una película conmovedora para quienes conozcan la banda, pero lo importante es que los más jóvenes la vean, para que vuelvan a escuchar buena música en estos tiempos de reguetón y canciones comerciales…….

Freddie Mercury, como todos los poetas y genios, era hipersensible. De esa extrema sensibilidad, materia prima de su creatividad, nacía el miedo a la soledad. Para suplirla, la rellenaba con excesos, fiestas, alcohol, drogas, caos y «amigos» que desaparecían cuando las luces de la fiesta se apagaban y se quedaba solo en su derrumbe.

La película y la vida de Mercury nos enseña que por muy bajo que caigas siempre puedes volver a levantarte y continuar. Nos enseña que solo tú, eres el dueño de tu destino y solo tú, decides en quien te quieres convertir. Nos enseña que hay que seguir hacia delante siempre porque: «We are the champions, my friend, and we’ll keep on fighting till the end».

Patxi Álvarez