El arte de volar y “El ala rota” forman un díptico único, dos libros fundamentales para entender nuestras raíces a través de los padres del guionista Antonio Altarriba. Ambas obras conforman un fresco de una época imposible de reproducir en otros medios gracias a la maestría de sus autores. Ambas obras se complementan y amplían y con los autores revisamos ambas buscando sus claves. Con Antonio Altarriba y Kim revisamos “El ala rota” y “El arte de volar” aprovechando la nueva edición de esta última.

Pregunta: Empezamos por el final. ¿Qué es “El ala rota”?

Antonio: “El ala rota” es un cómic en el que cuento la historia de mi madre. He escrito el guión y Kim ha realizado los dibujos. Aunque no era algo premeditado cuando nos pusimos a trabajar en “El arte de volar” que pudiera tener continuidad con la historia de mi madre, la resaca del libro y el verlo con cierta perspectiva me hizo estar descontento con la imagen que había dado de mi madre, poniéndola en un segundo plano y mostrando una imagen de ella muy vinculada al tema de la religión de modo, que pensé que merecía la pena escribirlo.

Se lo comenté a Kim y al principio le pareció un poco raro pero a medida que íbamos hablando le fue gustando la idea.

Kim: Cuando me dijo que estaba pensando hacer la historia de su madre pensé hasta qué punto podía tener frente a “El arte de volar” contar la vida de una mujer católica que siempre está en casa. Pero me contó varios detalles como el del brazo o que el padre hacía teatro por los pueblos y me pareció mucho más interesante de lo que pensaba en principio. Tiene mucha tela.

A.: Como ves, Kike, a Kim creo que le gusta hasta un poco más que “El arte de volar”.

K.: No lo comparo pero me gustó mucho la historia.

P.: “El ala rota” hace referencia al brazo roto de tu madre, Antonio. Tu abuela, Antonio, muere al dar a luz a tu madre Petra y tu abuelo intenta matar a la niña por haber matado a su mujer. Un punto de partida tremendo.

A.: Fíjate qué manera de venir al mundo. Yo crecí con ese relato familiar que mi madre contaba sin dramatizar mucho. Quien más entraba en detalles y el que me ha ofrecido más información sobre la infancia de mi madre en el pueblo Pozuelo de la Orden, un pueblo de Valladolid lindando con Zamora, es mi tío Lorenzo, el hermano mayor de mi madre.

La lesión en el brazo de mi madre debió de producirse en el momento en el que mi abuelo intentó matarla. Digo que debió suceder así porque, como cuento en el libro, me entero de que mi madre no puede mover el brazo derecho cuando está mi madre en el lecho de muerto. Tenía entonces yo 46 años y nunca me había dado cuenta de la invalidez que mi madre tenía.

En el libro he unido la anécdota que mi madre contaba en la que mi tía Josefina le arranca de la furia asesina de mi abuelo y las palabras de mi madre cuando le pregunté desde cuándo tenía el brazo así y ella me respondió que desde siempre y he pensado que pudo producirse la lesión en el forcejeo. Mira qué situación tan terrible, el padre tirando de un brazo hacia la muerte y la hermana tirando del otro brazo hacia la vida. El libro comienza con mi descubrimiento de la lesión de mi madre, pero lo curioso no es que yo no me diese cuenta. Es que mi padre tampoco ni nadie de su entorno. Eso me pareció más que una anécdota y creí que merecía dar nombre al libro. Estábamos ciegos ante las minusvalías de las mujeres de la época y mi madre tuvo siempre la habilidad para disimular su existencia.

P.: Los dos libros tienen muchas similitudes y se complementan en muchos casos. La estructura de ambos es similar y, si en “El arte de volar” te basas en la necesidad de volar de tu padre, en “El ala rota” vemos como tu madre quiere silenciar todas sus dolencias.

A.: Es cierto que son dos libros muy complementarios y que juegan el uno con el otro en muchos niveles. Los dos libros comienzan con una introducción que acaba con la muerte de mi madre en “El ala rota” y de mi padre en “El arte de volar” y la historia se cuenta como si fuese un largo flashback que empieza con la infancia de ambos. Si te fijas las dos historias están divididas en 4 partes que están muy diferenciadas. Es una casualidad que muestra sus vidas en lugares distintos, con principios y finales diferentes. En el caso de mi madre, infancia y juventud en el pueblo hasta que se va a la ciudad. Después vendría el tiempo que está sirviendo en casa del Capitán General en Zaragoza. Después el tiempo que vive con mi padre y para acabar el tiempo que pasa en la residencia después de separarse de mi padre.

En el caso de mi padre está más presente la contestación, el grito, el anarquismo. De hecho en la edición francesa de “El arte de volar” se ve a mi padre con el puño en alto. La trayectoria de mi madre es mucho más silenciosa. Es la sirviente que lleva la bandeja. Se podría decir que en la historia de mi padre se puede ver la historia de una España más republicana y de izquierdas y por parte de mi madre vemos la España nacional, más franquista. Ella vivió en la zona nacional en su infancia y sirvió a un General que había luchado al lado de Franco. Sí que hay muchas correspondencias entre ambos.

P.: ¿Cómo vives tú el proceso, Kim?. Lleváis un trabajo continuo desde 2007 pero “El arte de volar”, lejos de agotarse, crece en nuevas. ¿Cómo vives esta dilatada experiencia conjunta?

K.: Es algo que yo no me esperaba. A mi edad no se me había ocurrido meterme en el mundo de la novela gráfica. Yo seguía haciendo mis cosas de humor de siempre en “El Jueves” y fue para mí una sorpresa que me llamara. Le dije que sí a Antonio, hicimos unas pruebas a ver cómo lo hacía y tardé 4 años en acabarlo. Entonces tenía mucho trabajo y les avisé que yo lo haría pero sin prisas. Lo pasé bien haciéndolo, pero no pensaba que iba a tener el éxito que ha acabado siendo. Siempre he visto que el libro estaba muy bien, pero pensaba que sería un tema para minorías. Me ha sorprendido sobre todo el éxito en Francia. Viene mucha gente mayor con el libro y nos cuenta anécdotas que ha vivido en la guerra. Aquí en España no firmamos tanto y tenemos otro tipo de público.

Cuando Antonio me contó que en Francia estaban muy interesados en hacer un libro en la línea de “El arte de volar” y me propuso contar la historia de su madre me sorprendió al principio pero enseguida vi que el libro estaba allí. Pienso que de la vida de cualquier persona se podría hacer un libro pero la de su madre encima tenía momentos muy increíbles.

“El ala rota” sí que lo hice en año y medio. Ahora hay menos trabajo y me apetecía, así que me puse las pilas y todas las semanas trabajaba en el libro.

P.: Lleváis de gira continua varios años. ¿Creéis que la relación ha variado el enfoque a la hora de trabajar?

K.: No creo. Estuvimos mucho tiempo firmando “El arte de volar” durante mucho tiempo y no hablamos de ello. Nos solemos ver en festivales y allí me contó el proyecto.

A.: Desde que empezamos con “El arte de volar” hemos hecho una muy buena relación personal. Creo que empezamos con el libro en 2004 así que ya llevamos unos cuantos años de matrimonio. Entre los viajes que hacemos y demás creo que ha aumentado la complicidad entre ambos.

K.: Muchos años pero te fuiste con Keko (Risas)

A.: Ya has visto que eso no me lo va a perdonar. (Risas)

P.: En “El ala rota” el dibujo está mucho más fluido. Parece que le has cogido mejor el punto a la historia.

K.: Es que en “El arte de volar” iba un poco perdido. Hay momentos que me gustan y otros que no tanto. En “El arte de volar” hice unas páginas demasiado grandes y en “El ala rota”, viendo el tamaño en el que iban a publicar el libro los franceses, he trabajado en unas páginas más pequeñas. He intentado resolver cosas que no me convencían. No me gusta mucho como quedan las caras y he intentado pulirlas, pero el estilo está allí. Quería hacer algo más moderno, pero al final tienes la sensación de estar viendo una película de los años 50 pero bueno, creo que también le va bien a la historia.

P.: En Francia sobre todo el público es muy variado y no es el exclusivo del cómic.

K.: Eso le comentaba a Antonio. Viendo las firmas te das cuenta de que llegan personas a los que no te imaginas leyendo tebeos, pero que han leído las críticas y se han acercado.

Lo de Francia hay que verlo cómo se vive. La gente viene con mucha ilusión a las firmas.

P.: Conseguís salir de las historias personales de tu padre y tu madre, Antonio, para contar la historia de un país. Tanto tu padre como tu madre muestran la salida del pueblo a las ciudades en una época en la que se instaura la República. ¿Cómo ha sido reflejar esa época?.

K.: En el dibujo me gusta porque yo viví los años 50 y recuerdo cómo era todo. Yo he vivido lo de ir a ver la televisión a casa del vecino. Son cosas que si no las conoces son difíciles de transmitir. Además a mí me gusta mucho buscar documentación y que los detalles sean muy reales. Mostrar calendarios de época y demás me encanta y en Internet tienes toda la información que tienes.

A.: Mi padre me contaba muchos detalles de cómo era la vida en el pueblo. Al final sobre todo hablaba mucho y contaba lo mal que lo pasaba en Peñaflor, el pueblo en el que le tocó nacer. Hablaba de las rivalidades y las miserias de la gente, dispuesta a pelearse por un surco más de tierra. Nosotros somos los hijos de esa generación de los años 30. Lo hemos mamado, nos la han contado y no se diferencia tanto de la de la España de los años 50.

Recuerdo que cuando Kim empezó “El arte de volar” no tenía ordenador pero tenía muchos libros sobre la época. Esa es una clave importante de la historia. Aunque sean detalles que no se vean en una primera lectura, contribuyen a transmitir una ambientación de época.

No solo existe Internet, además hay crónicas literarias y novelas que reflejan muy bien el espíritu de la época, libros como los de Cela o la Generación del 98. La vida en el campo de los primeros años de siglo era muy dura y muy limitada en educación. Si lees los programas que tiene la 2ª República en la época te das cuenta de que en muchos pueblos no había ni escuelas y que estudiaban lo justo para leer y escribir como mi padre, que a los 9 años ya estaba en el campo. Esa brutalidad que se ve en Peñaflor en el caso de mi padre y en Pozuelo de la Orden en el de mi madre creo que responde a la situación que se vivía en los pueblos en esa época.

K.: En mi caso siempre me ha gustado ir hacia atrás. No siempre encuentras la documentación que buscas, sobre todo tratándose de los pueblos de España pero lo he pasado bien buscando información. Hay libros de fotos de la época en las que ves a gente con unos pantalones con parches que les duraban toda la vida, esos pantalones de pana. Es otra época.

A.: Mucha gente se nos ha acercado sin haber leído antes un cómic pero es algo que está sucediendo con el medio en los últimos tiempos. Hay un público que se está dando cuenta de que la novela gráfica permite contar historias interesantes con un buen dibujo y ese público lo estamos absorbiendo.

P.: Destaca en “El ala rota” la figura de tu abuelo Damián, un hombre contradictorio pero de una personalidad muy absorbente y que, por momentos, nos recuerda a aquellos cómicos de la legua del “Viaje a ninguna parte”

A.: Lo que ha quedado más de la época es el teatro itinerante de la barraca de Federico García Lorca pero en aquella época había muchas compañías como las de “El viaje a ninguna parte. Estamos hablando de una España, a finales de los años 20, en los que en los días de fiesta se proyectaba una película o había compañías como la de mi abuelo en la que toda la familia formaba parte del elenco. Era un teatro muy popular que se hacía en el verano para aprovechar las fiestas de los pueblos en el que ellos sacaban lo que les daba la gente.

La idea que transmitía sobre todo mi tío Lorenzo es que era un hombre muy brutal, pero tenía ese afán por la escritura y el teatro. Mi madre me transmitió una sensación de respeto e incluso de cariño profundo a ese hombre que estuvo a punto de matarla. Eso me hace pensar que, más allá de su brutalidad y posible alcoholismo también debía tener su sensibilidad. La que más quería de los hermanos a mi abuelo era mi madre, la que más razones tenía para odiarle.

P.: Si en “El arte de volar” el núcleo de la acción se centra en la guerra en “El ala rota” se centra en la posguerra.

K.: En el caso del dibujo es más divertido de dibujar la guerra y los dibujos de masas que la realidad tan austera de la madre. El dibujo es más limitado y no puedes hacer grandes maravillas. Cuando sale el Mercado de Zaragoza es más fácil explayarse.

P.: Será difícil también para ti, Antonio, mostrar toda esa parte soterrada que no se quería mostrar.

A.: No ha sido nada fácil primero localizar los hechos. Hay hechos de los que tengo constancia por parte de mi madre y por parte de la familia, pero hay partes que quedan en la penumbra como los años que pasó mi madre cuidando de mi abuelo durante la guerra. Josefina ya se había ido de casa, Jacinto y Lorenzo estaban en el frente. Yo no sé cómo podía vivir una mujer, casi una niña, de 17 años en la época haciéndose cargo de mi abuelo. He tenido que buscar sobre cómo era el cara a cara tan íntimo que se da entre ellos.

Además de la dificultad de recrear los hechos está la complicación de reflejar las sensaciones. En el caso de mi padre adopté una voz narrativa que me permitía contar la historia en primera persona y podía mostrar sus pensamientos y sentimientos pero en el caso de mi madre, colocando al lector frente a una personalidad más discreta, más callada, no podía poner una voz de un narrador que contase los sentimientos, de modo que lo que ella sentía debemos deducirlo de los gestos y las situaciones para entender mejor cómo ella lo vivía. Creo que “El arte de volar” es narrativamente más complejo porque tienes que deducir sus emociones de un modo más sutil. Sí creo que se ha conseguido porque veo que la gente se emociona con el libro, aunque eso no solo se consigue con el guión. Es muy importante la gestualidad, saber captar la expresividad de los personajes y eso es un mérito de Kim.

P.: Hay muchos silencios en el libro.

A.: Cualquiera que esté metido en el mundo del cómic sabe que los silencios pueden ser los momentos más elocuentes de un libro. Que no tengan texto no quiere decir que no tengan significado. Un primer plano, un paisaje pueden transmitir la carga emocional de la historia.

P.: Hay un momento en el libro, en el que vemos la llegada de Antonio a la cama en la que, sin palabras, entendemos todo el drama que hay detrás de la decisión de Petra de no volver a acostarse con su marido y las consecuencias que acarrea en su convivencia.

A.: Al final de su vida con la depresión solo hablaba conmigo y tenía mucha complicidad con mi padr. Me contaba cosas que quizás muchos padres no cuentan a sus hijos como su vida sexual. Al nacer yo mi madre decidió no volver a tener relaciones con mi padre y aunque era pequeño recuerdo perfectamente cómo mi padre solía salir los sábados a la noche y regresaba a las tantas y cuando te pones a reflexionar sobre eso te planteas qué pasaba con mi madre. Mi madre no es que no quisiera a mi padre, pero concebía el sexo de un modo muy particular y se debía encontrar en una situación muy delicada porque no podía echarle en cara que se fuese con otras mujeres si era ella la que había decidido no volver a tener relaciones con él. Pero imagino que eso no le impediría tener celos. Ese momento psicológico tiene una intensidad tremenda y contado resulta muy pesado pero si consigues transmitir con imágenes la proximidad y lejanía de esa pareja consigues una mayor profundidad.

P.: “El arte de volar” y “El ala rota” conforman un díptico que refleja dos Españas, izquierda y derecha con una forma de entender la vida totalmente opuestas. También son dos formas de entender el sexo, muy condicionada por la tradición religiosa.

A.: Tú date cuenta de que el contraste más evidente es que el primer libro es una versión masculina y el segundo tiene una visión femenina. Todos sabemos la influencia de la iglesia sobre toda la sociedad, pero en especial sobre las mujeres. Esta influencia sobre el sexo pudo ser mayor en el caso de mi madre por su relación con su padre y la muerte de su madre que probablemente le marcarán de un modo especial, pero a todas las mujeres de su generación que conozco les parece el sexo como una guarrada de los hombres a las que tenían que acceder aunque no les pareciera especialmente placentero.

Daba igual que fueran de izquierdas o de derechas, el machismo era transversal en esa sociedad. Mi abuelo echó a mi tía Josefina cuando tuvo la niña fuera del matrimonio. Aparece en “El ala rota” la mujer maltratada, que era muy común en la época. Ese episodio es real, ver a esa mujer con la cara tumefazca por los golpes y decírselo al confesor y el aconsejarte aguantar. Entrar en la figura de la mujer de la época sin hablar de la sexualidad y de la influencia que la iglesia ejercía hubiese sido imposible.

P.: Después de salir del pueblo tu madre en la posguerra se dedica a servir en la casa del capitán general Sánchez González, toda una lección de historia que nos muestra que incluso entre los vencedores hay una historia oculta que es necesario contar.

A.: Es algo que he descubierto preparando el libro. Cuando se lo comenté a Kim, sí recordaba la historia de un duelo de generales que se comentaba en Barcelona por aquellos años. Cuando mi madre hablaba de esa época hablaba de él con un cierto orgullo por llegar a ser gobernanta en una casa como esa. Ella decía que tenía que ir impecable, servía con guantes y delantal y hablaba del general con respeto ,pero siempre acababa diciendo que el general no quería mucho a Franco. Me decidí a investigar quién era este general Sánchez González y empezaron a aparecer muchas incógnitas sobre su muerte. Hay una historia desconocida muy difícil de desentrañar porque se trata de conspiraciones y purgas realizadas por los servicios secretos. Nada certifica que esto haya sucedido así, pero para muchos españoles será un descubrimiento lo que cuento.

P.: En los mentideros se habla mucho sobre las muertes de Sanjurjo o Mola o las conjuras para volver a coronar a Don Juan.

A.: Hay muchas historias sobre la guerra civil que aún no se han abordado de frente.De hecho, 80 años después ,aún es parte de la campaña electoral de los partidos. Los archivos militares de la época, 80 años después siguen sin ser accesibles para muchos investigadores y quizás sea el momento de contar ya las cosas y evitar echar tierra encima por ser una guerra civil que mancha a todos por igual. Así no se curan las heridas. Hay que asumir el pasado haya sido el que haya sido. Mi madre me ha permitido descubrir una pequeña parte pero todo el recorrido de Franco es muy desconocido. El propio proceso de cómo Franco va desbancando a los generales que pudieran hacerle sombra dentro del ejército y acaba siendo Generalísimo de los ejércitos en el 37 ha tenido que ser fruto de un buen número de maniobras que desconocemos. Hay que poner el foco y conocer un poco mejor nuestro pasado.

P.: Incluso colocas al emérito rey Juan Carlos en medio de las tramas de recuperación del legado de la monarquía.

A.: Todo el exilio de la monarquía es muy confuso. Cuando se produce el alzamiento militar la huella de la monarquía está muy reciente. Alfonso XIII estaba en el exilio desde el 31, solo habían pasado 5 años y una buena parte del ejército era monárquico. Ni siquiera tenemos muy claro que pasó con Alfonso, el hermano de Juan Carlos al que este mató al parecer accidentalmente. Del papel de Don Juan, al que los militares en la época llamaban al rey Juan III como reconocimiento de los derechos que tenía, se habla muy poco. En los manifiestos de Estoríl y Lausana, Don Juan reivindica su derecho al trono al gobierno de Franco, considerado ilegal tanto internamente como a nivel internacional. Tampoco está muy claro qué sucede entre el padre y el hijo con el tema de la sucesión. Por fin Don Juan reconoce a Juan Carlos como rey en los años 80, el año 85 u 86. ¿Cuál fue el papel de Juan Carlos en todo cuándo Franco le designa rey y su sucesor? Eso rompe la esencia de la monarquía según la cual la herencia se transmite por la sangre y el linaje, no por nombramiento de Franco. Aunque sea de un modo breve presento a Juan Carlos respaldado por el régimen franquista al que lo que le importa es reinar.

P.: Hay coincidencias entre “El arte de volar” y “El ala rota” mostrando una misma historia con una perspectiva distinta como el momento de la noria o de la boda.

A.: En eso nos hemos divertido Kim y yo cambiando la visión de la misma escena. En la segunda parte del libro entra mi padre y coinciden especialmente en la tercera parte del libro. Sé que en una de las ferias de Zaragoza comenzaron a salir. Si te fijas hay sutiles diferencias en la noche de bodas, en la convivencia en común para que cada escena deje clara la psicología de cada personaje. Cada uno vive el mismo momento de un modo muy diferente. En el caso de la boda, para mi padre es un mal trago que tiene que pasar el casarse por la iglesia y comulgar, para mi madre sin embargo es un momento importantísimo.

K.: Antonio me dijo que se viesen las escenas pero de otro modo y así lo hice. Es cierto que cambia la forma de dibujar a la madre, hasta tiene otro peinado pero es parte del juego.

Al principio Antonio ni siquiera quería que se viese que era la historia de su madre.

A.: Al principio incluso teníamos un título provisional que marcaba más distancia, “La madre manca” que a Kim no le acababa de convencer. Queríamos evitar que se viese el libro como “El arte de volar 2” y al principio quisimos diferenciarlos más pero después de reflexionar y hablar con los franceses vino la idea de “El ala rota”. “El arte de volar” habla de la necesidad de mi padre de volar y de mi madre de su ala quebrada de arreglárselas como puede. Al principio la idea era hacer la historia de un hombre y una mujer y que el lector pueda leer de forma independiente cada libro y tenga su entidad pero que si lees las dos tienes una visión más amplia como en esas postales que se superponían para dar una sensación de tridimensionalidad.

P.: Un ejemplo de cómo se complementan las historias es la historia de la fábrica de galletas. Cada uno conoce una parte de la historia.

A.: Así es. En ese episodio del regreso de mi padre a España y su intento de montar un negocio que le sale mal. En “El arte de volar” vemos la fábrica, a mi padre y sus compañeros haciendo las galletas e incluso a su amigo acosador. En “El ala rota” vemos la factura que mi tía Elvira les pasa por ayudarles pero no la vemos a través de mi padre sino de mi madre, que es a quien se la cobra. Es un buen ejemplo para ver la historia completa al leer los dos libros.

P.: En “El ala rota” intuimos más tu vivencia personal.

A.: Mi idea es que se trataba de contar la historia de mi padre y la de mi madre. Kim me da codazos y me dice que ahora toca contar mi historia pero no sé. Lo que sí tenía claro es que tenía que salir obligatoriamente porque no puedo contar la historia de mi padre y muchísimo menos la de mi madre, para la que la maternidad fue tan importante, sin salir yo.

Aunque pudiera parecer que estoy más próximo a mi padre ideológicamente con quien más tiempo pasé fue con mi madre, que se ocupó de mi educación mientras mi padre trabajaba y quien me decía que no leyese tantos tebeos y que estudiase más, que si no nunca iba a llegar a nada. Yo acompañaba a mi madre a la compra, iba a misa hasta que me planté, que es otro episodio común en los dos libros. En “El ala rota” salgo más e incluso la vida en la carbonera en la que vivimos cuando nos desahucian está más desarrollado , pero mi presencia está enfocada a reflejar el carácter de mi madre y todo lo importante que era para ella.

P.: En “El ala rota” podemos ver tu habilidad para el retrato Kim, mostrando las distintas edades por las que pasa hasta llegar al que es ahora.

K.: No fue fácil, especialmente con la madre. Antonio me mandó fotos, pero al irla dibujando de niña y de joven fue creciendo de una manera que no tenía nada que ver con la madre. Incluso cuando empieza el libro con la madre en el hospital de mayor se parecía más a las fotos y tuve que cambiarla entera para que se pareciera más a la que había dibujado a lo largo del libro. Es una cosa rara.

El padre tampoco se parece en nada al padre, pero esto sucede en los cómics o en el cine. El personaje no tiene que parecerse necesariamente. Yo me dejo llevar y lo voy envejeciendo poco a poco.Su carácter no lo vas decidiendo tú, sino que va surgiendo. Lo ideal sería hacer un estudio previo para ver cómo van cambiando, pero yo no soy tan profesional. Para mí esto de la novela gráfica es algo nuevo y voy aprendiendo. Si hago otra seguro que la hago de un modo distinto.

P.: En “El arte de volar” ibas haciendo las páginas a medida que las dibujabas.

K.: El sistema es el mismo. Yo le decía a Antonio que no hacía falta que me mandase todas las páginas, que me las podía mandar poco a poco. A medida que iba acabando páginas me iba mandando más.

P.: ¿Cómo trabajas esas escenas en las que los silencios son tan importantes?

K.: Antonio me manda unos guiones muy concienzudos que te hacen ver la historia como si estuviese leyendo una novela. Él siempre dice que al primer lector que hay que ganarse es al dibujante y lo consigue muy fácilmente. Él te da libertad y yo los hago a mi manera. Una vez le pregunté a ver si reflejaban cómo era su idea y él me decía que es distinto a cómo se lo imaginaba , pero pasa lo mismo cuando lees un libro y luego ves la película y no tiene nada que ver con cómo lo habías pensado.

P.: En ambos libros vemos una visión de las residencias muy poco edificante.

A.: Mi padre y mi madre, aunque diferentes ideológicamente, tenían mucho en común. Ambos pertenecían al mismo estrato social. Nacidos en el ámbito rural de principios del siglo XX, conocieron las mismas miserias y un patriarcado familiar muy semejante. Y no sólo el origen. También comparten final. Acaban en una residencia de ancianos, pública la de mi padre, privada y religiosa la de mi madre. En ellas sufrieron un trato manifiestamente mejorable, prueba evidente de las deficiencias materiales y, sobre todo, en el trato y la consideración de las personas mayores. No obstante y esto me parece muy significativo, mi padre pasó esos últimos años en la depresión mientras que mi madre disfrutó de una de las épocas más felices de su vida.

P.: Cada uno de vosotros tiene una amplia trayectoria. ¿Cómo habéis vivido encontrar el éxito a una edad tan tardía?.

K.: Son cosas de la vida. Cuando salió “El arte de volar” recuerdo que fui a la Fnac a ver cómo había quedado el libro. No encontraba el libro y al preguntar vi la calidad de lo que se publica hoy en día. En ese momento estaba un poco apartado de lo que se publicaba y al verlo me cuestionaba cómo se iba a vender el libro entre tantas maravillas. Pensaba que si llegábamos a vender los 1.500 ejemplares que habíamos sacado nos podíamos dar por satisfechos. Un día ,Antonio te venía con que había salido una crítica en El País, porque él siempre está muy al día de todo. De repente empezaron a llegar muchas críticas, se empezó a vender y me di cuenta de que la cosa iba en serio.

Me hubiese gustado que todo esto pasase cuando tenía 40 años, hubiese sido más divertido. Te llevan a firmar, te llevan a París pero no es lo mismo que cuando eres joven pero no dejamos de pasarlo bien.

A.: En mi caso a veces me acuesto en mi cama después de volver de una gira de presentaciones de éstas y no me lo creo. Como decías, los dos llevamos mucho tiempo en este mundo. Kim con Martínez el facha sí que ha tenido mucha popularidad, pero las cosas que he hecho antes no han tenido demasiada relevancia. Recuerdo cuando nos dieron el premio en el Salón del Cómic de Barcelona, en la rueda de prensa posterior cómo algún periodista preguntaba a ver quién era ese Altarriba que acompañaba a Kim. Yo empecé a hacer fanzines en los 70 pero el éxito me ha llegado con “El arte de volar”. Es un éxito que me ha venido además por las historias de mis padres. Los ingleses dirían que somos flores tardías, que dicen, además, que huelen mejor. Desde luego estoy en una nube que no me acabo de creer, me lo estoy pasando bien y coinciden en este momento muchas cosas. Coincide que me he jubilado de la universidad y puedo dedicarme a esto a pleno rendimiento. Coincide también que, como dice Kim, vamos aprendiendo y el segundo sale mejor que el primero y el tercero quedará mejor.

P.: ¿Se convertirá el díptico en trilogía entonces?

K.: Antonio dice que no , pero habrá que ver. Igual lo hacemos dentro de 10 años si seguimos vivos. Yo estoy haciendo una cosa por mi parte ahora mismo.

A.: Yo no descarto nada. Los dos libros han sido muy importantes para los dos. Nos lo hemos pasado muy bien haciéndolos y presentándolos. No sé si hacer un tríptico, pero sí que me gustaría hacer con él una historia como las que nos gustan a los dos: una historia con profundidad psicológica y una ambientación en una época histórica. Todo esto que Kim hace tan bien. No hace falta que sea alguien de mi familia, porque solo quedo yo. Hay quien dice que mi abuelo daría mucho juego, pero no lo sé. Podíamos hacer algo sin que esté relacionado con mi familia. Yo creo que cada 6 o 7 años iremos sacando un nuevo libro.

P.: Siguiendo con tus colaboraciones, vemos en el libro “El guión de cómic” cómo te entrevista Gerardo Vilches y muestras tu gran conocimiento del medio.

A.: Durante mucho tiempo se me ha conocido más como teórico o crítico que como guionista. Hice una tesis sobre el cómic y en la UPV, en la que he trabajado, siempre insistí en introducir en los planes de estudios el cómic. No lo conseguí, pero hice la tesis sobre el tema. He colaborado y sigo yendo a congresos. Me encanta y creo que este medio, el cómic, tiene una falsa sensación de sencillez , pero tiene su complejidad. Para manejar bien el medio no te viene mal tener una serie de conocimientos teóricos. Hemos visto como algunos guionistas y escritores se están sumando al mundo de la novela gráfica porque ahora mismo interesa, pero creo que hay que tener un cierto conocimiento del medio y trabajar en función del estilo del dibujante con el que colaboras. Me sigo manteniendo muy al día de lo que se publica y asisto a diferentes charlas teóricas. Es algo que hago desde siempre y que no pienso abandonar.

P.: ¿Proyectos?

K.: Estoy haciendo una historia mía en los ratos libres que tengo. Estuve trabajando durante un año y medio en Alemania , cuando tenía 18 años y hablaría sobre eso. No tengo un guión claro sino que voy haciendo las páginas.

P.: ¿Cómo es pasar de las historias cortas de Martínez el facha a los tomos de 200 páginas e incluso convertirte en guionista?

K.: No es fácil el guión. Yo he estado muy acostumbrado a los guiones cortos de 1 o 2 páginas y nunca he sido muy bueno en los guiones pero bueno. Se lo dejaré leer a Antonio cuando lo tenga más avanzado a ver qué le parece.

A.: Lo que me ha contado Kim tiene una pinta estupenda. Él ha contado muy poco ,pero estuvo en Alemania en un momento en el que gran parte de España está en Alemania trabajando. Él es un chaval, de los pocos con estudios universitarios y además pinta y dibuja.

K.: Yo estaba viviendo en un albergue con españoles que en ocasiones no sabían ni leer ni escribir. Es una historia de la que no se ha contado nunca nada. No hay más que una película, “Vente a Alemania Pepe”. Era una época dura pero me voy acordando y tengo muchos dibujos de la época. Incluso he conseguido ponerme en contacto con gente.

P.: ¿En tu caso Antonio?

A.: Aunque se ponga celoso Kim voy a ponerle los cuernos con Keko. Ya hemos empezado una nueva historia y la intención es hace una trilogía. “Yo, asesino” ha funcionado muy bien y ha sido una colaboración provechosa que me permite dar salida a otro tipo de historias que me gustan mucho y que son más de género negro, con intriga y asesinatos.

No es una continuación a pesar del final abierto de “Yo, asesino”. Lo que vamos a hacer es un nuevo personaje y lo que ya está planteado es que vamos a hacer la trilogía del yo. Vendrá ahora el “Yo, loco” y después el “Yo, mentiroso”. En “Yo, loco” haremos otro personaje y hablaremos del papel de las farmacéuticas en la patologización de los comportamientos que recomiendan prozac y antidepresivos y en “Yo, mentiroso” entraremos en la manipulación mediática en la que se supone que es la época de mayor pluralidad. Es algo que creo que da para una buena trama.