No voy a negar que existe mucho de justicia poética en la hábil decisión del Presidente Casado y su equipo directivo al nombrar a Ruth Beitia como candidata del Partido a las próximas elecciones autonómicas.

Está claro que las encuestas que maneja Génova muestran muy a las claras que arrasa entre las preferencias de los cántabros (especialmente de aquellos que barajan como opción votar al Partido Popular).

Pero puedo imaginar (y digo imaginar, porque es una deducción propia) que también ha debido pesar el hecho de que la actual Presidenta no sólo tenía unas bajísimas perspectivas electorales, sino que, además, ha demostrado una nula capacidad y voluntad para recomponer la unidad en el Partido, para dirigir el Grupo Parlamentario, y para recuperar a todos esos militantes que votaron a la opción ganadora, -torcida a última hora y de forma lamentable mediante un voto, el de los compromisarios, plagado de irregularidades y prácticas impresentables que hemos conocido a través de pruebas fehacientes-.

Porque cuando leo cosas como que “la candidatura perdedora del Congreso” da un golpe de mano, me indigno. Lo primero porque es falso: En el voto de los afiliados (el único que debiera existir, en mi opinión, desde el punto de vista democrático -un hombre, un voto) el ganador del Congreso fue Nacho Diego. La segunda vuelta, la del voto restringido, lo mejor que puede pasar es que caiga en el olvido como una página vergonzante para nuestra formación política, pues habría ganado también de calle Nacho Diego en un proceso con las suficientes garantías.

Las purgas posteriores, la ausencia de talante integrador, la conformación sectaria de los órganos de dirección, -siempre marginando de forma absoluta a la mayoría ganadora-, el intento de vulneración de nuestros estatutos para imponer la portavocía al Grupo Parlamentario, y hechos similares, son la demostración palmaria de lo que NUNCA se debe hacer desde la dirección de una formación que aspira a gobernar de nuevo la región.
Por eso veo con gran ilusión este acertado nombramiento que, estoy seguro, va a contribuir a recuperar a esa parte -muy numerosa- de votantes y simpatizantes que estaban contemplando votar o apoyar a otras formaciones políticas.
Ruth todo esto lo conoce bien. Sabe que tiene muchos compañeros en el Grupo Parlamentario de innegables cualidades políticas y que han vivido en el ostracismo o exilio interior (llámenlo como prefieran), pero también muchos números uno, futuros candidatos, que la conocen personalmente y que saben de su talante y su valía. En ningún caso me refiero a mí, que ya estoy más fuera que dentro, pero tras 12 años en el Parlamento, creo saber de lo que hablo.

Ruth tiene la oportunidad de reconstruir el partido con TODOS, porque también en la candidatura de Buruaga hay gente muy aprovechable y no puede permitirse el error de caer en los mismos vicios que han llevada a la actual dirección al desastre. Esta oportunidad la aprovechará sin duda y todos saldremos ganando.

Quien caiga en el error de subestimar la capacidad política de Ruth es que no la conoce. En primer lugar, porque, a diferencia de muchos otros, no debe su nombre y su prestigio a la política, a la que llega de la mano de Nacho Diego siendo ya una deportista consagrada en la élite mundial.

Es más, si somos justos, el Partido le debe a Ruth que haya aportado su prestigio y su compromiso (en un país donde posicionarte de forma activa en política es el camino más corto para ser objeto de críticas, cuando no de ataques injustificados y furibundos).

En segundo lugar, porque muchos, también erróneamente, confunden la mayor o menor habilidad dialéctica con la inteligencia, y siento decirlo, no es lo mismo, ni mucho menos.
Se puede ser un brillante orador o astuto en el debate, y, sin embargo, una nulidad a la hora de acometer proyectos de gestión, conformar equipos o definir estrategias políticas. Conozco muchos casos en los que una cosa y la otra no se corresponden.

Pero de lo que no cabe duda es de que quien en una actividad profesional de élite ha llegado tan alto, es porque ha cumplido cuatro condiciones imprescindibles:

-tener aptitudes intrínsecas
-tener una gran capacidad de trabajo
-tener gran capacidad de sacrificio
-tener innata habilidad para rodearte de quienes van a contribuir a tu éxito.

Las cuatro se dan en Ruth Beitia. Si es la mejor deportista femenina de la historia de nuestro atletismo es porque ha sabido gestionar todos esos factores, lo que demuestra una enorme inteligencia. Y curiosamente esas características son las que dan valor a un líder, tanto para el deporte, como para la empresa o la política, esos valores son valores ganadores.

Quien subestime la capacidad de Ruth Beitia para la labor que le toca afrontar es que ni la conoce ni entiende que casi nada en la vida llega por pura casualidad.

No puedo menos que estar ilusionado y esperanzado, porque aunque yo tenga otras preocupaciones y ninguna aspiración a estas alturas de mi vida, me queda la satisfacción de ver que hay personas capaces de llegar a la meta por el camino recto y con la cabeza muy alta.

Viendo quienes ladran, no me cabe duda de que la elección ha sido perfecta, y dentro de mis posibilidades, contribuiré con lo poco o mucho que pueda aportar, porque sin duda élla, Ruth Beitia, sí que lo merece.

Recogido de Facebook Eduardo van den Eynde