
Marcos Agüeros invita a descubrir un municipio donde la montaña, la gastronomía, las fiestas y la vida ganadera conservan el carácter de la Cantabria rural
Hay otra Cantabria que en pleno verano todavía permite detenerse, caminar sin aglomeraciones, contemplar la montaña y encontrar pueblos donde el ritmo continúa marcado por el campo, el ganado y las estaciones. Lamasón pertenece a esa Cantabria.
Enclavado en la zona occidental y montañosa de la comunidad, el municipio mantiene una población habitual que ronda los 240 habitantes y que se multiplica durante los meses estivales con el regreso de familias y la llegada de visitantes.
Su alcalde, Marcos Agüeros, lo resume con una invitación sencilla:
«Si quieren tranquilidad y naturaleza, que vengan».
Y probablemente esas dos palabras, tranquilidad y naturaleza, definen mejor que ninguna campaña turística lo que puede encontrar quien se adentra en Lamasón.
Un agosto que devuelve la vida a los pueblos
El verano transforma el municipio.
Se abren viviendas que permanecen cerradas durante buena parte del año, regresan quienes tienen sus raíces familiares en el valle y las fiestas vuelven a reunir a una población muy superior a la que reside habitualmente en sus pueblos.
Durante la entrevista, Agüeros recuerda que Lamasón puede pasar de sus poco más de dos centenares de residentes habituales a reunir muchos más vecinos y visitantes en agosto.
Las fiestas constituyen uno de esos momentos de reencuentro.
En torno al 24 de agosto, San Bartolomé vuelve a convocar a vecinos, familiares y visitantes, y la música adquiere un protagonismo especial.
El alcalde recuerda también una iniciativa musical que lleva celebrándose alrededor de catorce años y que continúa congregando público incluso cuando la fecha cae entre semana.
Porque si algo queda claro hablando con Marcos Agüeros es que en Lamasón gusta la fiesta, pero también gusta cantar.
Entre Cantabria y Asturias
La ubicación del municipio ayuda además a explicar algunas de sus características culturales.
Asturias está muy cerca y esa proximidad se percibe también en la música y en el repertorio que puede escucharse durante las celebraciones.
Agüeros reconoce con naturalidad esa relación histórica entre ambos territorios y el gusto existente en la zona por canciones asturianas.
Las fronteras administrativas se vuelven mucho menos visibles cuando se habla de pueblos vecinos, montaña, ganadería, fiestas o música tradicional.
Lamasón forma parte de esa Cantabria occidental en la que las influencias y relaciones con Asturias han sido constantes durante generaciones.
Una gastronomía para sentarse sin prisas
Conocer Lamasón significa también sentarse a la mesa.
El cocido montañés ocupa un lugar destacado en la cocina local, acompañado por platos vinculados tradicionalmente al mundo ganadero.
El propio alcalde habla durante la entrevista de cabrito y cordero como productos históricamente presentes en la zona, aunque recuerda que la reducción de ovejas y cabras ha cambiado también esa realidad.
La oferta hostelera del municipio es actualmente reducida, pero Agüeros considera que precisamente ahí puede existir una oportunidad.
Quienes atraviesan estos valles, los peregrinos y quienes buscan unos días de naturaleza necesitan también lugares donde comer, descansar y detenerse.
El alcalde cree que nuevas iniciativas de restauración podrían tener recorrido en el municipio.
Caminar, mirar y escuchar
Lamasón no necesita grandes complejos turísticos para mostrar sus atractivos.
Su principal patrimonio está a la vista.
Montañas, bosques, pequeñas poblaciones, carreteras que recorren un paisaje profundamente verde y ganado que continúa formando parte inseparable de la imagen del territorio.
A ello se suma el paso de peregrinos que recorren el municipio camino de Liébana y encuentran aquí una Cantabria diferente de la costa y de los grandes destinos turísticos.
El Ayuntamiento quiere ampliar su albergue desde las aproximadamente 20 plazas actuales hasta unas 50, reforzando así la capacidad para recibir a esos caminantes.
Pero la esencia continúa siendo la misma: venir a Lamasón significa entrar en un territorio rural que todavía conserva buena parte de su identidad.
Cuando llega el invierno
El alcalde tampoco idealiza la vida en la montaña.
Quien contempla Lamasón durante agosto debe saber que existe otro Lamasón en enero y febrero.
«En agosto está todo muy bien, muy guapo, pero en enero y febrero no viene nadie», reconoce Agüeros.
Llueve, llega el frío y la actividad disminuye considerablemente.
Para quienes viven de la ganadería comienza además otra etapa del año. Los animales que han permanecido durante meses en el monte regresan y necesitan alimentarse con la hierba recogida durante el verano.
Es precisamente esa dureza la que explica buena parte del carácter del territorio.
Lamasón no es únicamente un paisaje para fotografiar durante las vacaciones. Es un lugar donde alrededor de 240 personas continúan viviendo cuando desaparecen los visitantes.
Un paraíso que necesita habitantes
La gran paradoja aparece inevitablemente.
Aquello que convierte a Lamasón en un lugar atractivo —su tranquilidad, su escasa densidad de población y la ausencia de masificación— está relacionado también con su principal problema: la despoblación.
El municipio necesita jóvenes, familias, ganaderos, emprendedores y personas dispuestas a establecer allí su residencia durante todo el año.
Tiene buenas comunicaciones, fibra óptica, servicios básicos y un entorno privilegiado.
Tiene incluso numerosas casas cerradas.
Lo que falta es conseguir que una parte de esas viviendas vuelva a tener vida y que quienes desean instalarse en el municipio encuentren dónde hacerlo.
Una Cantabria para descubrir despacio
Quizá Lamasón no sea un lugar para quien busca grandes concentraciones turísticas, ocio nocturno o una sucesión interminable de establecimientos.
Su propuesta es justamente la contraria.
Caminar. Comer bien. Recorrer sus pueblos. Contemplar la montaña. Escuchar las historias de sus habitantes. Descubrir una feria ganadera. Encontrarse con una canción durante las fiestas o sencillamente disfrutar de algo que comienza a convertirse en un lujo durante los meses de verano: la tranquilidad.
Marcos Agüeros no necesita demasiadas palabras para promocionar su municipio.
«Si quieren tranquilidad y naturaleza, que vengan».
La invitación está hecha.
CONTEXTO
Lamasón se encuentra en la zona occidental de Cantabria, en un territorio de montaña estrechamente relacionado con los valles del Nansa y Liébana y próximo a Asturias.
La ganadería continúa marcando su paisaje y su forma de vida, mientras el turismo rural, el paso de peregrinos y las nuevas posibilidades abiertas por la conectividad digital aparecen como oportunidades para complementar su economía.
Durante el verano aumenta considerablemente su población, aunque el gran desafío continúa siendo conseguir habitantes que permanezcan durante todo el año.
LAS CLAVES
- Unos 240 habitantes. Es la población habitual aproximada señalada por el alcalde.
- Naturaleza y tranquilidad. Son los dos grandes argumentos con los que Marcos Agüeros invita a conocer Lamasón.
- Sin masificación. El turismo mantiene todavía una dimensión reducida frente a otros destinos cántabros.
- San Bartolomé. En torno al 24 de agosto se celebran algunas de las fiestas que vuelven a reunir a vecinos y visitantes.
- Tradición musical. El canto y la cercanía cultural con Asturias forman parte de las celebraciones del municipio.
- Gastronomía. El cocido montañés y la cocina tradicional ligada al mundo ganadero son parte de su identidad.
- Peregrinos. Lamasón recibe caminantes en dirección a Liébana y proyecta ampliar su albergue.
- Dos caras. El municipio bulle durante el verano y recupera la dureza y el silencio de la montaña durante el invierno.
- El desafío. Convertir el atractivo de Lamasón en oportunidades económicas que permitan mantener y recuperar población.
- La invitación del alcalde. «Si quieren tranquilidad y naturaleza, que vengan».
