Románico en Cantabria. Es difícil señalar en nuestro románico notas distintivas propiamente regionales. No es el románico – primer arte de unidad europea después del romano – un estilo que pueda marcar grandes diferencias, a pesar de que, paradójicamente, no exista ni una iglesia igual a otra… Hay sí identidades, por ejemplo de modos de labrar las esculturas, que demuestran la intervención de un mismo maestro o cantero, porque parece que los operarios tenían el juramento de no repetirse, pero cada iglesia románica es, por pequeña que sea, un mundo diferente.

Se dan, eso sí, “aires” similares que tiñen de analogías las grandes comarcas: Así, en España, podríamos diferenciar dos grandes focos: el determinado por el Camino de Santiago o castellano-leonés, y el catalán-aragonés. El románico cántabro estaría incluido en este primer “aire”, pero, insisto, siempre con las peculiaridades de cada monumento.

Las iglesias románicas se construyen en los siglos XI, XII y primera mitad del XIII, cuando Europa está en la fase cultural y social regida por los monasterios. Por ello, sus mejores fábricas se suelen encontrar en aquellas entidades religiosas más destacadas. Aquí, en Cantabria, las principales iglesias románicas estuvieron en los monasterios que prácticamente dominaron toda nuestra provincia. Y diga estuvieron, porque algunos, con sus reformas, acabaron por eliminar la primitiva construcción románica. Es el caso de Santo Toribio de Liébana que la cambió a mediados del XIII por la gótica que ahora vemos; o Santoña que aunque persisten testimonios del viajo monumento, fue igualmente reformada a lo largo de los siglos XIII-XVI. Otros señoríos monásticos importantes, como Santillana, Castañeda, Cervatos, Piasca o San Martín de Elines las han conservado casi totalmente en su primitiva traza románica.

Nuestras iglesias románicas de Cantabria -como en general todas las europeas- fueron levantadas en los valles entonces más poblados y a lo largo de los caminos y calzadas más transitadas. Así, en nuestra región podemos señalar un foco románico a lo largo de la costa, siguiendo el viejo camino a Santiago, vigente en los siglos IX y X. Monumentos románicos, colocados en esta vía, los hallados desde Castro Urdiales a San Vicente de la Barquera, en iglesias como las de Cerdigo, Laredo (Santa Catalina y Espíritu Santo), los restos de Santoña, Castanedo, Maliaño y San  Vicente. Destacando como más importantes las iglesias de San Román de Escalante y Bareyo, ambas de finales del siglo XII, con notable conjunto escultórico, y la de Santillana, que tiene en su colegiata (primera mitad del siglo Xii para la iglesia y últimos años del XII para el claustro) el más valioso monumento románico de Cantabria.

Otra ruta importante es la del río Besaya, vía antiquísima, ya utilizada por los romanos, que ponía en comunicación la costa con la meseta. a lo largo de este valle aún perviven interesantes iglesias románicas, como la de Yermo, viejo monasterio ya con vida en el siglo IX, de una sola nave, muy entera y con uno de los pocos tímpanos decorados que Cantabria puede exhibir y que tiene una fecha muy concreta en el año 1203. Siguiendo hacia el sur, están las parroquias de San Juan de Raicedo (primera mitad del s. XII, con maestros que trabajaron en Cervatos), Cotillo, ermita de Pujayo (hoy en Molledo), San Facundo y Primitivo de Silió, San Martín de Quevedo, Bárcena de Pié de Concha y Rioseco. Casi todas pequeñas iglesias de concejo que, salvo excepciones, pueden colocarse en la primera mitad del XII.

El tercer foco románico de Cantabria, con gran importancia, es el de los Valles (Valdeolea, Campoo, Valdepreado y Valderredible), con numerosas iglesias completas o con restos interesantes, como Cervatos, la bella y conocida colegiata de Campoo, también de la mitad del siglo XII en su iglesia, y con torre de finales del mismo siglo. Junto a ellas las iglesias de Bolmir y Retortillo, la primera obra de canteros que trabajaron en Cervatos, y la segunda, ya del siglo XII avanzado, con dos destacados capiteles en el arco triunfal, de buenos maestros del foco palentino de Aguilar de Campoo. Valdeolea y Valderredible poseen numerosas iglesias que forman  un conjunto también muy relacionado con lo aguilerense, salvo San Martín de Elines, uno de los mejores y más originales ejemplares románicos de Cantabria, con sus inmensas columnas cilíndricas que sostienen capiteles enormemente grandes, circulares, de la primera mitad del XII.

Sin duda Liébana fue en aquellos siglos románicos otro importante foco románico de Cantabria. Quedan restos de iglesias que lo testimonian y un viejísimo monasterio dúplice, Santa María de Piasca, digno de visitarse porque mantiene seguramente la escultura más bella y evolucionada – ya de finales del XII – de toda Cantabria.

Todo el románico montañés está felizmente unido a un bello y sorprendente paisaje formando una unidad artística y cultural que no puede ser desintegrada.

29/11/2002 – M.A. García Guinea