Hay que tener en cuenta varias cosas antes de ver esta serie. La primera, es una «secuela» de la novela gráfica publicada en mil novecientos ochenta y seis y no de la película de dos mil nueve dirigida por Zack Snyder. Por esta razón, si queréis captar las referencias y entender en toda su magnitud una historia de por sí compleja, es mejor haber leído el cómic original, aunque ponen en antecedentes a los neófitos de manera frugal. Otro apunte, la idea de su creador, showrunner y guionista, Damon Lindelof, es que fuera una miniserie de nueve episodios de una hora, pero debido al éxito de crítica y público que ha obtenido no descartaremos la posibilidad de que hagan una segunda entrega, seguramente sin él al frente, para seguir aprovechando esta gallina de los huevos de oro.

Sabiendo todo esto ya estáis preparados para afrontar una de las mejores series de este siglo y que revoluciona un formato que hoy en día goza de una oferta inacabable y con muchas producciones de calidad. Para conseguirlo hace uso tanto de personajes que ya conocíamos como multitud de nuevos, todos ellos desbordantes de carisma y brillantemente interpretados, estando la mayoría de ellos en igualdad de protagonismo y relevancia, con incluso capítulos dedicados íntegramente a conocerlos mejor, mientras la trama avanza igualmente.

Y este es otro de los puntos fuertes, un guión que funciona como la maquinaria de un reloj, con piezas sueltas que nos van llegando con cuentagotas y que no tenemos ni idea de para que sirven ni con qué hay que encajarlas, pero que al final conforman un engranaje perfecto donde todo queda bien explicado sin necesidad de caer en la evidencia y con revelaciones continuas para dejarnos boquiabiertos. A lo que hay que sumar una ferviente crítica social y política, aplicable a los tiempos que corren, algo de lo que ya hacía gala la novela gráfica antecesora, y que se ha potenciado aún más si cabe para la ocasión.

Para redondear, el envoltorio también está a la altura de lo que contiene, con un diseño de producción en el que es palpable la cantidad de dinero invertido y que los responsables de darle uso han sabido aprovechar a base de bellas escenas hipnóticas en una ambientación única, impactante y abrumadora. En definitiva, cada episodio es una experiencia irrepetible que te transporta a otro mundo mientras el tiempo pasa volando y solo quieres más y más, aunque esperemos que este ansia no nos lleve a una nueva temporada que ensombrezca parte de la perfección que han logrado con este hito «televisivo».

 De hombres azules y policías enmascarados, de genios con planes calculados con la mayor precisión pasible, de paradojas temporales, de pasados traumaticos, de una organización racial en busca de perpetuar la América blanca, de un calamar gigante, de miles de calamares mas pequeños, del amor, de unos huevos y de una piscina. De todo eso habla una de las mejores series del 2019, pero sobretodo habla del sentido de la vida tras un suceso traumatico y como cada persona se repone a ello, y de como las consecuencias de esos actos les impulsan actuar en aras de un nuevo conflicto que se aproxima, en el marco de una «insidiosa conspiración que se desarrolla en Tulsa» como bien dijo Will Reeves.

Watchmen se convierte en una de las grandes series del 2019, a la altura de Chernobyl, y todo es gracias a Damon Lindelof. El cómic original de Alan Moore aquí sería el Antiguo Testamento, y Lindelof se dedica a escribir el Nuevo Testamento y al mismo tiempo se dedica a mirar el pasado desde un nuevo prisma, reformulando el pasado. De esa valiente decisión que toma Lindelof nacen las mayores joyas de esta serie: sus capítulos 6, 8 y 9.

Es una serie de una factura técnica soberbia, con una personalidad propia, como cada capitulo tiene su propia personalidad y su ritmo narrativo.

Watchmen me parece más una sucesora de The Leftovers que de Lost, pues tiene un guion mucho más consistente, donde cada misterio que se presenta y cada giro que se da son resueltos de forma enormemente satisfactoria y ademas se atreve a presentar un cliffhanger final a la altura de lo que ya se hizo en Inception.

Patxi Álvarez @patxosovic