Vivir para contar un ictus

Vista con Rayos X de una cabeza con un área lateral de la calavera en rojo.
Shutterstock / Puwadol Jaturawutthichai

Santos Blanco Ruiz, Universidad de Jaén; Ángeles Peinado, Universidad de Jaén y Raquel Hernandez Cobo, Universidad de Jaén

Ictus, accidente cerebrovascular, apoplejía, embolia, infarto cerebral o derrame cerebral. Son términos que nos suenan a todos. En realidad, todos ellos hacen referencia a la patología producida por la disminución o interrupción del aporte de sangre a una zona del cerebro.

Pero ojo, porque no todos los ictus son iguales. Hay dos tipos principales:

  • El ictus isquémico, que es el más frecuente (80-85%), y suele estar causado por un coágulo o un estrechamiento de un vaso sanguíneo.
  • El ictus hemorrágico, que es menos frecuente (15%-20%), pero más grave. Ocurre por la ruptura de un vaso sanguíneo, lo que provoca una hemorragia cerebral.

En ambos casos, el efecto es el mismo. Como no llega al cerebro la cantidad necesaria de sangre las neuronas no reciben nutrientes ni oxígeno y dejan de funcionar correctamente, e incluso mueren. Así pues, las consecuencias y la severidad del ictus dependen del tipo, de la zona del cerebro afectada y de la extensión del daño.

¿Qué factores predisponen a sufrir un ictus?

Los factores que se asocian como causas del ictus son muchos y variados. Entre todos, destacan:

  • La hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, y niveles altos de colesterol y triglicéridos en sangre.
  • Hábitos tóxicos: tabaco, alcohol, drogas, y vida sedentaria.
  • Factores demográficos y factores que no podemos controlar o modificar: edad, sexo o lugar de residencia.

De todos estos factores, la hipertensión arterial y el envejecimiento son de los más relevantes. La hipertensión altera la pared de las arterias, que además sufre un deterioro natural con el envejecimiento. Sin embargo, se está detectando un aumento de casos en personas jóvenes, en gran medida relacionados con el estilo de vida.

También es reseñable el papel del estrés emocional en el desarrollo del ictus, ya que se ha observado cómo el estrés crónico aumenta el riesgo de padecer un ictus.

¿Y qué hay de la COVID-19? Actualmente, se está estudiando la posible relación entre la infección por SARS-CoV-2 y el riesgo de sufrir ictus. Según apunta la revista médica The Lancet, esta infección incrementaría la coagulación de la sangre, lo que podría aumentar el riesgo de sufrir ictus.

Costes emocionales, sociales y económicos

El ictus es una de las patologías más frecuentes en todo el mundo. En España afecta a unas 120.000 personas al año, de las cuales, desgraciadamente fallecen en torno a 40.000.

Además de los costes emocionales y sociales que suponen estas muertes, el ictus conlleva un coste económico muy alto para la sanidad pública. Esto se debe a la gran cantidad de ingresos hospitalarios que supone esta patología. Pero sobre todo, al gran número de secuelas que puede dejar esta enfermedad en los supervivientes, que en muchos casos, se vuelven dependientes.

Las secuelas neurológicas y motoras como consecuencia de un ictus pueden ser muy diversas y con distintos grados de severidad. Dependiendo de la zona del cerebro que se vea afectada por la falta de sangre y oxígeno, los pacientes pueden sufrir alteraciones en el lenguaje, la movilidad, la memoria, la vista o la ingesta de alimentos, entre otras.

Más llamativos son los casos reportados de personas que hablan con un acento totalmente distinto del de su lengua materna o que hablan un idioma que no conocían antes del ictus. También hay pacientes que tras un ictus adquieren habilidades como dibujar o pintar con gran detalle. Aunque quizás los más sonados son aquellos que implican cambios en la conducta sexual, como el caso del jugador de rugby Chris Birch, que tras un ictus “despertó siendo gay”.

Podemos detectar un ictus mediante el sistema FAST (RÁPIDO)

Es muy importante saber detectar los síntomas de un ictus para poder actuar de inmediato. Para ayudarnos, podemos acordarnos del acrónimo FAST (rápido en inglés).

  • F de face (cara en inglés). Descolgamiento de una mitad de la cara o caída de un párpado.
  • A de arm (brazo en inglés). Incapacidad para elevar un brazo por pérdida de fuerza o adormecimiento de una mitad del cuerpo.
  • S de speech (lenguaje en inglés). Dificultad para pronunciar correctamente o para emitir frases coherentes.
  • T de teléfono. Llamar inmediatamente al 112 si observamos en nosotros mismos o en otra persona cualquiera de los síntomas anteriores.

Desde que se detectan los primeros síntomas de un ictus hasta que los tratamientos existentes pueden ser aplicados transcurre un lapso de tiempo muy corto que se conoce como ventana terapéutica.

Esta ventana suele ser de 4,5 horas, por lo que, como se ha apuntado anteriormente, es crucial detectarlo a tiempo para poder actuar con rapidez. En este caso, existen tratamientos, entre los que se encuentran aquellos que intentan disolver o extraer el coágulo. Estos tratamientos incluyen el empleo de fármacos anticoagulantes o métodos quirúrgicos (catéter).

Además, existen estudios recientes prometedores para el desarrollo de nuevas terapias frente al ictus mediante el empleo de diferentes moléculas. En concreto, la proteína neuroglobina podría formar parte de dichas terapias. Sin embargo, aún hace falta descifrar los mecanismos responsables de su acción antes de aprobar su uso clínico.

Es posible superar un ictus

Muchos son los casos de personajes conocidos que, desgraciadamente, han fallecido como consecuencia de un ictus a lo largo de la historia. Entre ellos están la política Margaret Thatcher, el actor Cary Grant, el músico Johann Sebastian Bach o el astrónomo Nicolás Copérnico.

Sin embargo, el número de personas que sobreviven e incluso se sobreponen a un ictus es también importante. Gracias a ellos sabemos que en este proceso de recuperación es esencial llevar una vida sana e intelectualmente activa. Diversos estudios han observado cómo la práctica de juegos sencillos de mesa o de cartas, o de determinados videojuegos, puede mejorar la rehabilitación tras un ictus. Otras actividades, como el canto, pueden ayudar a recuperar el habla mediante el restablecimiento de conexiones neuronales perdidas.

Hay muchos testimonios de personas anónimas y conocidas que superaron un ictus y que pueden ayudar a los pacientes a recuperarse. Entre ellos podemos señalar los de la actriz Sharon Stone o la Khaleesi Emilia Clarke. Cabe destacar también el caso del ciclista Alberto Contador, ganador de Tour, Giro y Vuelta tras sufrir un ictus. Desde su fundación anima a seguir hábitos de vida saludables y a luchar contra el ictus.

Quedémonos con un mensaje positivo, como el que refleja el músico superviviente de un ictus Joaquín Sabina en su canción Lágrimas de mármol: “Si me tocó bailar con la más fea, viví para cantarlo”.The Conversation

Santos Blanco Ruiz, Profesor sustituto interino. Área de Biología Celular, Universidad de Jaén; Ángeles Peinado, Profesora de Biología Celular, Universidad de Jaén y Raquel Hernandez Cobo, Profesora Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.