Realmente este es un tema que empezó con una escultura que vi en el Museo Rodin (Paris) hace ya unos años que me atrajo especialmente. Una escultura de mármol blanco, sobre una base de mármol rojo, de casi un metro, de la artista Camille Claudel (1). La artista la concibió en 1886 inspirada en un texto épico hindú llamado Shakuntalá, que narraba el reencuentro de esta ninfa de la mitología hindú (2). Fue premiada con mención honorifica en el Salón de Paris de 1888, y elaborada en mármol en 1905, por el apoyo de su mecenas, la condesa de Maigret, pero bajo el nombre de Vertumno y Pomona, dos enamorados de la mitología romana.

Nadie consiguió tal grado de delicadeza y exquisitez, menos en mármol, recuerdo decía el catálogo del museo sobre esta obra. La artista juega con la luz, las texturas y la composición para representar a dos amantes. En un principio, muchos veían a la ninfa de la mitología hindú, pero en 1905 se supo que en realidad eran Vertumno y Pomona.

Vertumno era un dios que personificaba la noción del cambio, de la mutación, del paso de una estación del año a otra. Se le atribuía el don de transformarse en todas las formas o cosas que desease, y eso viene a ser la metáfora perfecta de la escultura, según los expertos. Pomona, su amada, era la divinidad de la fruta (pomum: fruta). Todos querían acostarse con ella, pero solo Vertumno pudo.

(1) Camille Anastacia Kendall María Nicola Claudel (Fère-en-Tardenois, Aisne; 8 de diciembre de 1864 – Montdevergues, Vaucluse; 19 de octubre de 1943) fue una escultora francesa.

(2) Para los interesado en este drama les recomiendo leer “El reconocimiento de Shakúntala” es un famoso drama indio en siete actos, conocido corrientemente en Europa por el nombre de su heroína: Shakúntala. Obra maestra de Kalidasa y debió de escribirse entre los siglos IV y V de nuestra era editada recientemente por Verbum.

EL LIENZO DE VERTUMNO Y POMONA DE RUBENS DEL CUARTO BAJO DE VERANO DEL ALCAZAR DE MADRID (3).

Años más tarde, en el Museo del Prado, volví a encontrarme con esta historia de Vertumno y Pomona, muestra de un final feliz en una historia de amor, narrada por Ovidio en las Metamorfosis en el libro XIV (622-771).

En este cuadro de Rubens de la Sala 79 del Prado, Pomona, diosa de la fruta y de los árboles frutales, aparece con Vertumno, que después de cortejarla como anciano, se le revela en su forma original como un apuesto joven: “(…) Pomona (…) no ama ella las selvas ni los ríos, sino el campo y las ramas cargadas de estupendas frutas(…). Pero incluso a todos éstos sobrepasaba Vertumno en amor, pero no era más afortunado que ellos. ¡Oh, cuántas veces ataviado como un rudo segador, llevó espigas en un cesto y era la imagen del perfecto segador (…) el dios disfrazado de Vieja recobró su aspecto juvenil, se quitó los abalorios propios de vieja y se mostró a Pomona tal como la imagen esplendorosa del sol cuando sale victorioso de entre las nubes que lo ocultaban y, no tapándolo ya nube alguna, vuelve a lucir. Se dispone a forzarla, pero no es necesaria la fuerza; la ninfa quedo prendada de la apostura del dios y sintió igual herida”.(4)

Rubens muestra a los personajes con una corpórea monumentalidad de sus formas y volúmenes en un entorno de naturaleza que hace constantes referencias a la divinidad de la mujer, que sujeta una hoz con la que cuida sus árboles, y aparece cobijada bajo una vid. La relación de la diosa con la naturaleza hace que el paisaje sea un punto importante de la composición, que vemos desde diferentes puntos de vista. Entre los personajes se establece un diálogo expresivo, donde vemos como la mano de Vertumno trata de acercar a Pomona hacia sí mientras que ésta le detiene.

(3) En el incendio del Alcázar de Madrid de 1734, desaparecieron cerca de unas cuarenta pinturas de Ruben
(4) Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado, 2014

La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado realizó en abril de 2018 una exposición “Rubens. Pintor de bocetos”, que tuve el placer de visitar. El Museo del Prado es el mayor poseedor de cuadros de Rubens (1577-1640) quizás debido a que fue en su día el pintor favorito de Felipe IV, el rey que tenia a Velázquez como pintor de cámara, que llegó a encargar a Rubens medio centenar de cuadros para su pabellón de caza, la Torre de la Parada. Eso convirtió al maestro de Amberes en frenético jefe de un taller que llegó a contar con 25 ayudantes – entre ellos Van Dyck – que produjo 1400 pinturas. Rubens, viajero, poliglota, erudito, coleccionista y bibliógrafo, suma a todos sus récords el ser el pintor de bocetos mas importante de la historia del arte europeo (5).

En Vertumno y Pomona, el realismo y el colorido saturado de la escuela del Norte entra en consorcio con las formas clásicas de Italia. La escultura adquiere vida y calor en los pinceles de Rubens, según R. Goldwater, M. Freves, en “El Arte visto por los artistas. Selección de textos de los siglos XIV a XX”. (6)

Vertumno y Pomona estuvo en varias estancias de Palacio, pero en el despacho del Rey Felipe IV compartió espacio en la misma estancia con Las Meninas, hasta el fatídico incendio. Era el espacio mas intimo y entrañable del monarca. Posiblemente el lienzo ocupó un lugar central en uno de los muros del despacho, pues era uno de los cuatro de mayores dimensiones de los veintiséis que allí se encontraban.

Una obra de muchas aristas y mejores valoraciones tanto en la expresión de rica delicadeza de Camille como antes en el trazo del pincel y riqueza cromática de Rubens.

Jorge A. Capote Abreu

25 de agosto de 2020

(5) Tomado de la crónica “El artista que pensaba pintando” de Javier Rodríguez Marcos – El Cultural – El País 10.04.2018.

(6) Referenciado por Matías Diaz Padrón del Museo del Prado en http://archivoespañoldearte.revista.csces