Una patinadora indígena panameña busca abrirse paso en competencias europeas

Cuatro veces a la semana, Ailín Solís, una indígena panameña de 23 años, se calza sus patines en línea y entrena a toda velocidad en el paseo marítimo de la Ciudad de Panamá, con la mira puesta en dos competiciones europeas y la búsqueda de la gloria en un deporte que prácticamente no existe en su país.

Desde hace un año y por sus propios medios, Solís, licenciada en Mercadeo y Publicidad, se prepara para participar el próximo 22 de septiembre en Francia en el Paris Rollers Marathon, una carrera de 21 kilómetros, y una semana después en Alemania el BMW Berlin Marathon, una competencia de 42 kilómetros.

El Paris Rollers Marathon está avalado por la Federación Francesa de Rollers and Skateboard, mientras que la maratón de Berlín es considerada una de las mejores en patines en línea para profesionales y amateurs.

Ailín patina cuatro veces a la semana, después del trabajo, en la Cinta Costera, el moderno paseo marítimo capitalino de 7 kilómetros. «Martes y jueves hago trabajo de gimnasio en la Universidad de Panamá», comentó la joven a Efe.

Es usual verla en las ciclovías del lugar, patinando a toda velocidad, debido a que en Panamá no hay estructura para practicar el patinaje de velocidad.

Toda esta preparación física ha sido por cuenta propia. Una petición de ayuda al estatal Instituto Panameño de Deportes (Pandeportes) ni siquiera ha sido respondida, afirma Solís.

La patinadora no precisó el costo del viaje a Francia y Alemania, pero adelantó que la inscripción de la prueba gala es de 98 dólares, mientras que alemana, de 40 dólares.

Esta panameña, que comenzó a practicar el roller skate hace cinco años, agradeció el apoyo que recientemente está recibiendo de la empresa en la que trabaja y «otras compañías que tienen que ver con el patinaje».

«Nunca me lo esperé (el apoyo privado), porque lo hago porque me gusta, lo hago de corazón, pero de la nada tomó fuerza y aquí estamos», dijo emocionada esta joven menuda, de ojos rasgados.

Donde siempre ha encontrado apoyo ha sido en su familia, oriunda de la comarca Guna Yala, situada en el litoral Caribe de Panamá y que mezcla espectaculares paisajes de playa y de la tupida selva que hace de límite natural con Colombia.

«Mis padres me regalaron mis primeros patines a los cinco años, comencé a patinar y me gustó esa sensación de libertad, de estar sobre ellos, esa pasión por el patinaje comenzó desde ese día», dijo la atleta en la entrevista a Efe.

A ese «gigantesco» apoyo de los padres se ha sumado el de sus hermanos, primos y la propia gente de la comarca: «Mis abuelos y mis tías que me ven desde Usdubbu y Ogobsuggun», señaló Solís.

La patinadora, que el pasado domingo cumplió 23 años, no practica ningún otro deporte, solo se dedica al patinaje y a trabajar en una empresa privada.

«Yo amo patinar, no puedo combinarlo con otro deporte. Lo mío es patinar y trabajar», afirmó.

Aunque nadie en su familia practica el patinaje, mencionó que «me gustaría que otros se animaran».

Solís espera además de ir a competir en Europa, sentar un precedente y poner el nombre de Panamá y la comarca indígena Guna Yala en alto y motivar a otros chicos a cumplir sus sueños.

«Si tienes un sueño, lo puedes cumplir, solo tienes que tenerlo como propósito y lo vas a poder lograr. Yo quiero que los jóvenes se animen a cumplir sus sueños, que todo en la vida se puede», sostuvo. 

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