“Un día la izquierda lamentará no haberse manifestado ante la embajada rusa”, Enric Juliana. Modestamente entendemos que se refiere acertadamente a una parte de la izquierda, no a toda. Porque -aunque la sociedad española ha reaccionado con indignación ante la criminal invasión rusa de Ucrania, y a que, entre la mayoría de izquierdas, hay una corriente abrumadora de denuncia de la agresión y solidaridad con el pueblo ucraniano- existen algunas peligrosas confusiones que es necesario aclarar.

Porque son ideas difundidas bajo un marchamo “de izquierdas”, con influencia entre mucha gente progresista, que vuelven del revés la realidad, contribuyen a borrar que estamos ante una invasión imperialista y a diluir e incluso a poner en cuestión el apoyo al país y al pueblo invadido.

Podemos concentrarlas en cinco. Uno, llamar “conflicto” a lo que es una invasión imperialista. Dos, utilizar “la necesidad de comprender las causas del conflicto” para ocultar que el único responsable es el imperialismo ruso, convirtiendo incluso una invasión en “una respuesta defensiva”.

Tres, cuestionar la veracidad de las matanzas perpetradas por el imperialismo ruso en Ucrania, desacreditando a los periodistas que, arriesgando su vida, nos cuentan la verdad de lo que sucede. Cuatro, Desacreditar -calificándola de una “postura belicista”- la lucha del pueblo ucraniano contra la invasión rusa. Y cinco, utilizar que “los dos bandos han cometido abusos” y usar el rechazo a algunas actuaciones ucranianas para sembrar la equidistancia entre invasores e invadidos.

Dos posiciones de principios antagónicas

En cada uno de esos cinco puntos hay dos posiciones antagónicas, dos líneas ante la invasión rusa de Ucrania. Una línea es la expresada en el manifiesto “Por la paz. Fuera tropas rusas. Solidaridad con Ucrania”, donde se denuncia tajantemente la invasión imperialista rusa, y se expresa un apoyo total -sin peros ni límites- al pueblo ucraniano y a su lucha contra la invasión.

La otra línea -que no es diferente sino antagónica- que se presenta como de izquierdas, es la de quienes dedican todos sus argumentos a “comprender”, cuando no a justificar, la invasión, y solo hablan del país y el pueblo que lucha contra la invasión para atacarlo.

Lo mismo que contra las invasiones estadounidenses

Igual que no hemos sido neutrales en la lucha entre el pueblo vietnamita y la invasión estadounidense, ni en la lucha del pueblo palestino contra la ocupación israelí, cuando hay una invasión imperialista no se puede ser neutral. O estás con los invasores o con los invadidos.

Algunos sectores de la izquierda afirman que en Ucrania están enfrentándose dos imperios, el ruso y el norteamericano, por el control de Europa oriental o de fuentes de energía claves como el gas. “Esta guerra va de intereses”, nos repiten. Pero ocultan que el 24 de febrero Rusia, una potencia nuclear, invadió Ucrania para someterla por la fuerza a su dominio, sin importar el coste en vidas humanas que eso está causando.

Claro que existe una disputa de intereses entre Washington y Moscú, pero afirmar que asistimos a “un conflicto entre dos imperios” es subvertir la realidad, y ocultar que es una invasión imperialista. Porque hablar de un “conflicto” esconde al responsable del crimen, la potencia invasora, y permite “comprender a todas las partes”, manteniendo una inaceptable equidistancia entre el invasor y el invadido.

Y se utiliza “la necesidad de comprender las causas del conflicto” para ocultar que el único responsable es el imperialismo ruso, convirtiendo incluso una invasión en “una respuesta defensiva”. Y se elabora un discurso donde incluso se llega a plantear que la invasión de Ucrania es una respuesta de Moscú para “garantizar su seguridad”. Es mentira.

La expansión de la OTAN o el reforzamiento de la presencia militar norteamericana en Europa son un factor de guerra, contra el que hay luchar. Pero el responsable de la invasión de Ucrania es el imperialismo ruso. Forma parte de un plan imperialista, no para protegerse de EEUU sino para imponer el control sobre lo que consideran su área de dominio imperial, convirtiendo Ucrania en un protectorado y un mercado cautivo.

Los crímenes de la invasión rusa

El mundo se estremece ante la magnitud de los crímenes de guerra perpetrados por el imperialismo ruso en Ucrania. En Mariupol han sometido a una población de casi medio millón de habitantes a un cerco criminal, en Bucha han ajusticiado a civiles inocentes, y en Kramatrorsk bombardearon una estación de ferrocarril repleta de refugiados.

Pero hay quien se empeña en negar o restar credibilidad a estas noticias. Afirmando que existe una “guerra de medios” donde “todos mienten” y “no puedes fiarte de nadie”. Atacan incluso a los periodistas que nos cuentan las atrocidades del ejército ruso, que arriesgan su vida -cinco de ellos han sido asesinados- para visitar las zonas donde se han perpetrado las matanzas, y entrevistar a los supervivientes.

La razón de este sinsentido está en negar que Ucrania sufre una invasión imperialista. Si se reconoce la realidad de que hay una potencia imperialista que invade un país soberano, no hay duda de a quién creer y a quién no.

Apoyar la lucha del pueblo ucraniano

Como toda la izquierda en su momento apoyó la lucha del pueblo vietnamita contra la invasión estadounidense -porque no había dudas- y a nadie se le hubiera ocurrido calificar de “belicismo” el respaldo al combate de Vietnam por liberarse del dominio de la superpotencia -hubiera sido una posición proimperialista-, hoy no se puede calificar hoy de “belicismo” el apoyo a la lucha de Ucrania contra la invasión rusa. Apoyo humanitario sí -acogiendo a los refugiados-, y también sí con armas para puedan defenderse.

El pueblo ucraniano ha decidido luchar contra una potencia imperialista que ha invadido su país. Es un deber moral, especialmente desde la izquierda, apoyar su lucha. Es una posición de principios, y no puede ser selectiva. Es así siempre, no en unos casos sí y en otros no.

Eduardo Madroñal Pedraza