Con una tasa de participación del 86%, la de ayer fue una jornada concurrida en los colegios electorales de Turquía. Más de 50 millones de turcos fueron convocados a las urnas para votar Evet (sí) o Hayir (no) en un referéndum que dio de nuevo la razón al presidente, Recep Tayyip Erdogan, que contó con el apoyo electoral una vez más: el sí obtuvo un 51,3% de los votos escrutados frente al 48,6% del no.

Marc Saurina, experto en las dinámicas políticas turcas y Estudios Internacionales de la Universidad Carlos III, sostiene que el referéndum “ha carecido de un contexto democrático. Se ha celebrado bajo un estado de emergencia -que se prolonga por nueve meses- que impide cualquier normalización de la vida política y pública. La maquinaria del Estado ha sido empleada a fondo para promover el ‘sí’, mientras que el ‘no’,  no ha tenido repercusión en la vida pública”.

Para él, la opción contraria a los deseos del presidente “no ha aparecido en los medios de comunicación ni públicos ni privados y se ha politizado mucho más que nunca a los turcos en el extranjero”. De hecho, únicamente los votos en el extranjero otorgaron una holgada victoria a la reforma de Erdogan con más de un 60% del apoyo electoral. Sin embargo, ¿qué cambiará en Turquía?

Con el voto de ayer, el país euroasiático se despidió del legado de Atatürk, del secularismo y de las libertades y derechos sobre los que se fundó la República en 1923. En su lugar, los turcos abrazaron al nuevo sistema presidencialista que otorga al conocido como, Sultán de Europa, plenos poderes ejecutivos y legislativos.

 El presidente podrá escoger a cuatro de los 13 miembros del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales

Los anatolios dijeron ‘sí’ a la modificación de 18 artículos de la Constitución y adiós a la figura del Primer Ministro, cargo que ocupa actualmente el político del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), Binali Yildirim. En su lugar, Erdogan asumirá la Jefatura del Estado y del Gobierno. A su antojo, el actual presidente podrá nombrar a ministros y altos funcionarios del Estado, sin necesidad de aprobación parlamentaria y escogerá a cuatro de los 13 miembros del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales

“La República de Turquía quedará supeditada al hacer político de una persona que puede mantenerse en el poder hasta 2029 -e incluso 2034-. Los mecanismos de control de la labor del presidente son complejos y prácticamente imposibilitan la opción del ‘impeachment‘. Además, el peligro que supone este monopolio de poder se perpetúa más allá de Erdogan. El futuro es el mantenimiento del statu quo actual sin avances en temas de libertades y derechos civiles”, afirma el experto.

Por su parte, Mustafa Yilmaz, -nombre ficticio por miedo a represalias- editor en el exilio, explica a bez.es que es a los periodistas, los intelectuales y académicos, a los que el erdoganismo “ha cortado los nervios de pensamiento. Erdogan controla a los medios de comunicación y manipula a la población”.

La prensa, entre rejas

Turquía es el país con más periodistas entre rejas. Desde que se produjera el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio, más de 150 periodistas han sido encarcelados. Además, 140.000 funcionarios han sido purgados de sus cargos y más de 50.000 personas encarceladas.

 Observadores internacionales de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa aseguran que la policía obstaculizó su trabajo

Tras conocerse el resultado, la oposición turca anunció que impugnará el 37% de las urnas escrutadas. Afirma que se produjeron irregularidades en el recuento de votos y durante las votaciones, como el nombramiento de militantes del AKP como jefes de mesa. De hecho, fueron observadores internacionales de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) los que aseguraron, a través de las redes sociales, que no pudieron acceder en algunos casos al interior de los colegios electorales y que fue la policía quien obstaculizó su trabajo; también que entre 355.000 y 500.000 ciudadanos kurdos desplazados no pudieron ejercer su derecho al voto al no haber podido registrarse en otras oficinas electorales.

Por otro lado, en la localidad kurda de Diyarbakir un enfrentamiento entre seguidores y opositores de Erdogan dejó tres muertos, mientras en las localidades del sureste del país, parlamentarios del socialdemócrata y pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos, (HDP) aseguraron que sus votantes estaban siendo amenazados con el voto en mano.

Fuera del mapa político

Según Saurina, “el enc0rcelamiento de la cúpula del HDP borró oficialmente del mapa al partido político. En los medios de comunicación no han aparecido prácticamente en ningún momento y solo el kemalista Partido Republicano de los Pueblos (CHP) ha contado con algo de visibilidad en la campaña del ‘no’. La política del caos y del miedo sí que puede haber influido en algunos sectores de la población que, en junio del 2015, habían votado al HDP y ahora han optado por el ‘sí’ en búsqueda de estabilidad”.

Sin embargo, conseguir esa estabilidad parece una idea lejana en un país totalmente dividido. “El fallido golpe de estado -del pasado 15 de julio- ha acelerado el proceso hacia esta reforma, pero ya en 2003, cuando Erdogan tomó el cargo de Primer Ministro, declaró que un modelo presidencialista permitiría a Turquía librarse de problemas derivados de coaliciones políticas”, afirma Saurina.

Tras más de una década de insistencia, el presidente ha obtenido finalmente y por una diferencia mínima, su ansiada reforma que ha dividido más de nunca al país.  Mientras el ‘sí concentró su mayoría de votos en el interior de Anatolia, la periferia y las grandes ciudades, Ankara, la capital, y Estambul, la cuna que vio crecer a Erdogan como político, dijeron, ‘no’. Si embargo, con esta victoria, asegura Yilmaz,  “hemos ganado un Sultán, que ya tiene palacio y todo. Ya no habrá oposición ni obstáculos para el erdoganismo en Turquía”.

Publicadoi en BEZ.ES

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