Buena tercera temporada de la serie policial antológica creada por Nic Pizzolato, para la HBO, que tuvo su eclosión en una gran primera temporada, generando grandes expectativas para la segunda, siendo esta un fracaso, lo cual llevó a especulaciones sobre su cancelación, tardando por estos vaivenes cuatro años en salir su tercera sesión, donde intentan volver a los orígenes, ambientando la historia (como en la primera) en la América profunda, en este caso pasamos de Luisiana los Ozarks en Arkansas, manteniendo ese tono de pesimismo con la naturaleza humana.

También recogen de la protagonizada por McConaughey y Harrelson los saltos temporales, aquí tres tiempos (1980-1990-2015), donde también una pareja de detectives, Wayne Hays (Mahershala Ali) y Roland West (Stephen Dorff), investigan la desaparición de una pareja de niños hermanos (Will y Julie Purcell, de unos 10 y 8 años). Las indagaciones nos llevan por la presentación del caso y las primeras consecuencias en 1980, la reapertura del caso en 1990, donde salen a relucir los errores del pasado, y el tercer tiempo en 2015, donde ya jubilados los detectives vuelve el caso a la luz tras ser entrevistado (Sarah Gordon encarna a la reportera) para la televisión Wayne, donde salen a la luz nuevas revelaciones.

Mezclado en sus continuos saltos adelante y hacia atrás (marcados de modo diáfano por el corte de cabello de Ali) un reguero de temas que se entremezclan de modo equilibrado, como son los hogares disfuncionales, el sentido del deber frente al pragmatismo político, los problemas de adaptación tras ser un soldado en una guerra (en este caso la de Vietnam), la desorientación de la juventud, los prejuicios raciales, el tomarse la justicia por tu mano, los abusos de la policía, y en el último tramo cronológico se adentra en como la memoria nos puede hacer malas pasadas (induciendo a que el narrador nos sea fiable), el peso lapidario del tiempo, o la fuerza de la verdadera amistad.

La temporada marca el debut como director de Pizzolatto, con el creador de la serie dividiendo las tareas de dirección con Jeremy Saulnier y Daniel Sackheim. Pizzolatto también se desempeña como showrunner y único escritor de la temporada, con la excepción del cuarto y sexto episodio, que coescribió con David Milch (“Deadwood”) y Graham Gordy (“Rectify”), respectivamente. Tiene un ritmo sereno que va calando el ambiente sórdido en el espectador, donde la intriga se va dosificando en un puzle alambicado donde hay cabida para lo cuasi-sobrenatural, con constantes choques, callejones sin salida, típicos interrogatorios, personajes bien definidos, actuaciones excelentes, sobre todo un Ali sensacional, pero al que no descompensan Stephen Dorff, Carmen Ejogo, Scoot McNairy o un inmenso Michael Rooker que en una sola escena deja enorme huella.

Tiene taras, como que nunca sabemos nada del pasado de los protagonistas, Wayne solo está en un esbozo porque es un veterano de la Guerra del Vietnam donde fue rastreador, no tiene más, y su compañero no tiene nada tras de él; está en varios elementos que parecen metidos con calzador para dar más profundidad y me quedan parches, me refiero a la historia de amor de Wayne con Amelia, sus constantes roces me resultan impostados y realmente no aportan nada. En el tramo de la resolución, se estiran demasiado cuando ya está cuasi-todo claro, tanto que esperaba un giro que sacara de lo previsible, y cuando todo sale a la luz me quedan muchas trampas por el camino, la montaña ha parido un ratón. Aunque justo como termina todo si me ha sido original y satisfactorio. El tema de apertura de la temporada es la canción «Death Letter» escrita por Son House e interpretada por Cassandra Wilson.

El alma de las serie es Mahershala Ali con su torturado Wayne Hays, encarnado por el actor con un tremendo halo de melancolía que arrastra con una mirada adusta, emitiendo mucho mundo interior, con un lenguaje gestual portentoso en las diferentes etapas, actuación recargada de serenidad y estoicismo, siendo sublime en el tramo de la vejez, transmitiendo desorientación, y amargura por el peso del tiempo pasado, y sus consiguientes fantasmas.

Personalidad moldeada por su relación con su amigo y colega de profesión, Roland West. Al que le da vida un habitual secundario como Stephen Dorff, que aquí aprovecha lo mucho que tiene de escaparate para tener una notable química con Ali, demostrando carácter, personalidad fuerte, vitalidad, y mucho espíritu de camaradería. Muy bueno;

La otra relación que sirve para moldearnos a Wayne es la que tiene con Amelia (Carmen Ejogo). La conocemos como una maestra que enseña en el colegio de los niños desaparecidos, allí la vemos por primera vez recitando a su clase el poema de Robert Penn Warren «Cuéntame una historia» con la línea clave «El nombre de la historia será Tiempo… Pero tú no debes pronunciar su nombre», marcando el sentido de parte de la serie en cómo nos afecta el paso de Crono. Con ella Wayne entablará un romance con sus roces constantes debido al fuerte carácter de ambos, ella es autosuficiente, inteligente, segura de sí misma, decidida, se resiste a ser controlada, ello le produce enfrentamientos con Wayne. La actriz da vida con fortaleza expresiva a su personaje, con la mencionada carencia que tampoco parece tener pasado antes de conocer a Wayne.

Entre los secundarios destaca un gran Scoott McNairy componiendo a un sufridor padre con algunos secretos oscuros en su armario, emite pesadumbre y zozobra mental; Mamie Gummer está impresionante en su rol de madre ‘cabrona’, brillante en como transmite ser una mujer sin autoestima (dice de sí misma: «Tengo el alma de una puta!), se mimetiza con su desagradable papel de forma punzante; Michael Rooker en una sola escena deja impronta de ser un actor tremendo en el modo de dominar la escena con un rostro pétreo que arrolla.

La puesta en escena resulta notable en su condición de proyectar un estado de ánimo. Con el rodaje en exteriores naturales de la propia Arkansas; Lares deprimentes que son filtrados de modo excelente por la lente de Germain McMicking (“Top of Lake”), aportando unas imágenes de decadencia en el Estados Unidos profundo, con momentos inquietantes, densos en su aire desasosegante, como ese rastreo que hace Wayne de los niños por el bosque, donde va encontrando elementos turbadores (las muñecas de paja), has desembocar en la cueva.

Pizzolato explora la testosterona que fluye entre ‘gallos’ machos, hombres que puestos en situaciones extremas se comportan de modo atávico, sobrepasando los límites morales, erigiéndose en justicieros que cual escuadrones de la muerte imparten su particular ley como juez y verdugo, y como esto puede dejar huellas.

Al final lo que parecía era una especie de organización/logia de rituales oscuros que secuestró a los niños, no era más que una madre mentalmente trastornada que secuestró a la niña porque se parecía a su hija fallecida, y el niño murió por accidente. Todo muy mundano. Incluso nos habían despistado con el guiño a la primera temporada haciendo referencia al caso que investigaron Rust y Marty (aparece incluso su foto en un periódico), pero al final todo se reducía a un rapto de una mujer de padre rico;

Luego están los últimos pasos para llegar a la secuestrada, me ha resultado metido a la fuerza y de modo chusco como nos enteramos que es mentira lo que las monjas cuentan de que la ‘niña’ murió de SIDA. Muy obvio y muy casual como una niña rubia se cruza con los dos viejetes detectives y el padre detrás repite el nombre de la niña como Lucy (nombre de la abuela); Aunque la forma en que Wayne termina dando con la niña secuestrada’, ahora madre, y cuando está frente a ella sufre un ataque de senilidad y olvida que hace allí, excelente conclusión de como la memoria es voluble, de cómo la vejez es inexorable. Décadas buscando a Julie Purcell, y cuando ha llegado a la meta, se queda rozando el premio. Al final le queda la familia y amigo para apoyarlo ante su latente alzhéimer, reflejado esto en varios momentos goteados en que vemos a Wayne aparecer en medio un lugar sin recordar cómo ha llegado allí.

Porque Julie no dice que fue secuestrada públicamente? Porque puso el nombre de Lucy a su hija? Acaso su madre no era una mala pécora?

Me queda una serie amena, bien trabajada, superior a la fallida segunda temporada, con actuaciones de enjundia, aunque con algunos defectos.

Patxi Álvarez