El Mensaje a la Nación de Vizcarra fue intrascendente, vacío, falsario y demagógico. Salvo, claro está, la propuesta golpista pronunciada al final. El típico paso atrás, dos adelante del marxismo. La oposición política y mediática había desbaratado la arremetida de Vizcarra para disolver el Congreso. Sin embargo, haciendo suya la misma propuesta que repite el extremismo chavista y sus simpatizantes peruanos, hoy Vizcarra nos plantea adelantar irregularmente las elecciones generales.

El Perú no esperó un espectáculo tan deplorable. Como ver a legisladores –elegidos para integrar un lustro el Parlamento Nacional– aplaudir una pose favorable al sálvense quién pueda de unas elecciones anteladas. Propuesta venida de un presidente postizo, aventurero, demagógico y sin calado de estadista para solventar situaciones que ocurren en todo juego democrático. La pretensión inconstitucional y antidemocrática de Martín Vizcarra sólo apunta a saciar su inquina contra la oposición. Como incapaz que es, apela a la confusión y la dialéctica, caminando de la mano de unos marxistas que buscan desquitarse de los únicos partidos políticos anticomunistas, Apra y Fuerza Popular, que contribuyeron a desbaratar la asonada terrorista. Asonada con la cual simpatiza esa progresía marxista que nos gobierna, gracias a cuatro nefastos presidentes –Toledo, Humala, Kuczynski, Vizcarra– que claudicaron chantajeados por unos corruptos progre-marxistas acostumbrados a manipular el poder a cambio de acallar las podredumbres de quienes nos gobiernan.

La campaña anti-Congreso ensamblada por legisladorcillos como Costa o Lombardi –alabarderos del Ejecutivo en este atentado para disolver el Congreso– es copia y calco del modelo de Alberto Fujimori, del que tanto renegó esa gentuza que ahora empuja a Vizcarra a disolver el Legislativo. Aquello demuestra la sinrazón de quienes antes practicaban una mayoría congresal dominante que no le concedía tregua a Fujimori en su batalla por enfrentar al terrorismo y sacar al país del crac financiero. A ese predominio parlamentario de la oposición vargallosiana, unida a los rojos de siempre, el régimen Fujimori la calificaba entonces de destructiva. Como hizo hace poco PPK, luego Vizcarra, con la mayoría congresal que hoy ostenta el fujimorismo. Lo alucinante es que en ese entonces Fujimori fue acusado de golpista en su calidad de autor intelectual del cierre del Poder Legislativo. Y la imputación vino de esa misma corriente progre marxista que hoy, bajo el paraguas de un muñecón apellidado Vizcarra, pugna por conducirnos al precipicio argumentando el mismo obstruccionismo que antes ejerciera el vargallosismo contra Fujimori. Que Vizcarra sepa lo que va a ocurrirle. Las consecuencias del golpe de Estado que perpetró Fujimori fueron su procesamiento y condena –con bendición de la supranacional CIDH– acusado de violar el orden constitucional.

El comportamiento cobarde de legisladores que se exhiben como demócratas –entusiasmados por la proposición de elecciones adelantadas, característica exclusiva de regímenes totalitarios como el chavista– acentúa la amenaza de planes antidemocráticos en nuestro país. En medio de la crispación existente fruto de la megacorrupción que envuelve a Toledo, Humala, Kuczynski –y posiblemente a Vizcarra– convocar al pueblo a comicios generales equivale a arrojarle bencina al fuego.  Tiempos muy serios amenazan al Perú.

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Author: Editor FM