Quise darle una oportunidad después del fiasco del final de Lost, sobre todo por ser una serie de la HBO, pero no ha podido ser, tuve que ver el piloto en varias tandas por la falta de interés que me generaba…

Muy mala, la secta no hay por dónde cogerla, o vamos en serio o en broma, y parece que en serio, pues más ridícula no puede ser… A ver, esto no es cuestión de no saber qué pasó, ya lo ha aclarado Lindelof, nunca se va a saber el motivo de la desaparición pero es que pareciera que algunos ni siquiera pueden hablar de ello. Se ha vendido como una serie apocalíptica y no lo es, para nada, esto va de la vida después del «fenómeno», y perder un 2% de la población mundial no es para tanto en términos globales, otra cosa que cada uno tenga su drama familiar y el padecer sobre no saber qué pasó, pero… ¿de verdad van a hacer una serie sobre esto?

A ver, amigos, aunque esta serie fue estrenada hace años y muchos la habréis visto ya, os pongo en situación:

El creador es ni más ni menos que Damon Lindelof, también papá de aquel famoso engendro llamado «Lost» (engendro de infausto recuerdo para muchos de sus fans, entre los que nunca me encontré), y está basada en la obra del escritor Tom Perrotta. La verdad es que una no sabe si echarle las culpas a Lindelof o a Perrotta o a partes iguales, porque como no he leído el libro es imposible hablar con conocimiento de causa.

No tiene hilo argumental alguno. Todo lo que pasa refleja que se lo han ido inventando de capítulo en capítulo. Los personajes, todos sin excepción, tienen comportamientos absurdos, que lejos de ir a mejor, empeoran con cada capítulo. Cada idea, cada escena, cada propuesta, cada diálogo… son idioteces y no responden a nada racional. Si en cualquier momento apareciera, por ejemplo, Bob Esponja tocando la pandereta y recitando poemas de Espronceda, pues no desentonaría. Con eso os lo digo todo.

La cosa va de que un buen día, de repente, desaparece de la faz de la Tierra un montón de gente. Sí, así como quien no quiere la cosa. En el lugar donde estaba la persona se queda su ropa ahí tirada, pero el ente que la llevaba puesta se ha esfumado. Como punto de partida no está mal. Imaginad la cantidad de historias que pueden salir de un arranque tan impactante como ése.

Bueno, pues no. Aquí no pasa nada medianamente interesante. El protagonista es un jefe de policía de una pequeña ciudad, interpretado por Justin Theroux, con una familia que te mueres de la pena: un hijo que es seguidor de una secta, una hija completamente desnortada y una esposa que también lo ha dejado para apuntarse a otra secta. En ésta los adeptos van vestidos de blanco (no se sabe muy bien por qué, con lo guarro que es el blanco como vestimenta de diario), fuman como carreteros y tienen prohibido hablar (se comunican con notas que escriben en unas libretitas que llevan a todas partes).

La secta de los blancos se dedica a ir por ahí incordiando a todo el mundo. No hacen nada, ni hablan ni paulan, sólo siguen a la gente y miran insistentemente. Resultan molestos porque no se van ni a tiros. No se sabe muy bien qué quieren ni por qué la gente lo deja todo para apuntarse a semejante vida perra. En realidad no se entiende nada de lo que hace ningún personaje.

Ésta es una historia para flipados. Alguien la ha comparado por ahí con Twin Peaks. Sí, creo que están en la misma onda. Las típicas «series de culto», tan temibles como las «películas de culto» o más. Lo que viene a ser sinónimo de argumentos incomprensibles, absurdos y soporíferos, y de personajes que hablan poco, miran mucho y hacen idioteces todo el tiempo. Series sólo aptas para mentes enfermas, que tienden a la alucinación, al viaje psicotrópico y al abuso de estupefacientes.

Me pregunto en qué momento exacto las productoras empezaron a interesarse en hacer este tipo de series para anormales. Debe de ser rentable cuando no paran de hacerlas una y otra vez.

Y de aquí partiría otra duda aún más inquietante: me pregunto qué refugio le queda a la gente normal. Aún peor: hay gente normal ahí fuera?

Ahí lo dejo.

Después de ver las tres temporadas, puedo afirmar que toda la serie se atasca en un bucle depresivo lleno de incoherencias que es incapaz de evolucionar.

Tiene algunas buenas ideas, momentos y capítulos originales… pero que siempre duran demasiado. Cada escena, cada secuencia, cada capítulo es demasiado largo. Toda la historia podría haber sido contada en una temporada, pero la han estirado y forzado con una narrativa lenta, atropellada y que permanece atascada durante toda la serie.

Aunque cierto aspecto de los personajes está bien trabajado, al final, todos los personajes son iguales en esencia: Están perdidos y son incapaces de superar sus traumas. A menudo se nos muestran tan locos e incoherentes que la historia pierde por completo su credibilidad.

Y es una pena, porque el «universo» creado por el suceso del desaparición del 2% es muy interesante. Pero totalmente plano e incoherente. El protagonista es el personaje perdido, traumatizado, anclado al pasado y al suceso del 14 de octubre. Y ya está. No existe antagonista. No existe más variedad al respecto.

Tres temporadas enteras para contar el mensaje que estuve pensando durante toda la serie, y que me frustraba al no comprender por qué la historia se atascaba en un bucle incapaz de avanzar hacia ese mensaje.

Es imposible creer que todos y cada uno de los personajes que aparecen en la historia sean incapaces de superar lo que sucedió y seguir adelante. ¿Pierdes a alguien y eres incapaz de continuar tu camino 6 años después? Podría pasarle a alguien, pero… ¿a toda la humanidad? Lo siento pero no. Me encantan las historias oscuras, como la primera temporada de True Detective o Dexter, pero… ¿esto? Pierde toda la credibilidad.

Y total, tres temporadas para al final explicar su propio sinsentido: «Ey, la gente que desapareció perdió incluso más, y aún así, algunos de ellos han sido capaces de superarlo y ser felices… así que nosotros también podemos serlo».

¿En serio?

Patxi Álvarez @patxosovic