The Knick (Serie de TV): «Esto es todo lo que somos»

No duró mucho el segundo “retiro” del cineasta Steven Soderbergh, ese incomprendido autoexilio que más que ir dirigido hacia su vocación como director, iba hacia el desencanto por Hollywood. De ahí que la aparición de un proyecto como este, que lo iba a sacar de su zona de confort para llevarlo a terrenos con temáticas desconocidas, en un formato que no le era tan familiar, le resultó muy atractivo.

Claro que no se pueden obviar sus incursiones previas en series de televisión, en 1993 y 1995 donde dirigió dos capítulos de Fallen Angels, serie con formato de antología de 15 episodios en total, además de la experimental K Street (2003), donde hacía una mezcla de realidad y ficción. Sin embargo, estos productos son completamente distintos en forma y contenido a lo presentado en The Knick.

Esta serie tuvo una excelente recepción de la crítica especializada, aunque tampoco se puede pensar como un producto completamente comercial o de fácil consumo para el espectador, posiblemente ese sea el motivo de que quedara en únicamente dos temporadas, a pesar de que el propio realizador ya manejaba ideas argumentales y estéticas respecto a una eventual tercera temporada que nunca llegó debido a su cancelación.

Las dos temporadas de The Knick se desarrollan a lo largo de los años 1900 y 1901, centrado en el hospital Knickerbocker en Nueva York, un sanatorio que ha venido a la baja pero que se mantiene a flote en buena medida gracias al trabajo del médico cirujano John Thackery (Clive Owen), incansable, asiduo, innovador y adicto a la cocaína, siempre está en la constante búsqueda de lograr avances tecnológicos y científicos en medicina.

Alrededor de la figura central del protagonista comienzan a acercarse un amplio grupo de secundarios, que abren una ventana amplia de situaciones y eventos que se desarrollan a lo largo de las dos temporadas, entre los temas que se abordan están la ética, la rivalidad médica, la corrupción, la discriminación racial, el aborto, la inmigración, el sistema de salud pública, la prostitución, la experimentación, el papel de la mujer en la sociedad y por supuesto, el tratamiento de las enfermedades.

Durante su desarrollo la serie va introduciendo de forma acertada los avances tecnológicos que se van dando durante la época, con los evidentes fracasos que podían venir incluidos debido a esos primeros pasos, por ejemplo, en instrumentos para facilitar las operaciones, así como procedimientos para realizarlas, donde había espacio para ensayar y algunas víctimas se cobraron, lo mismo en cuestiones más de la cotidianeidad, como la electricidad, el teléfono o el automóvil.

La serie cuenta con puntos muy altos, la ambientación y el diseño de producción es insuperable, de verdad logran transmitir a la perfección la época, desde la arquitectura, hasta el vestuario y los accesorios. Además de actuaciones sobresalientes, Clive Owen es quizá uno de los actores menos aprovechados de su generación, su nombre se ha ido perdiendo con el paso de los años en producciones no tan vistosas, aquí demuestra un gran registro, junto con el resto del elenco.

Diseccionando más en detalle las temporadas, la primera es más redonda, se toma su tiempo en los primeros capítulos para presentar a los personajes, para en el punto medio de la temporada presentar los episodios más sobresalientes e impactantes. La segunda temporada padece de un detalle, se abren muchos caminos con situaciones y personajes nuevos, que no siempre logran compenetrarse de la mejor forma, hay líneas argumentales que se olvidan hasta que vuelven a aparecer.

Esto se ve afectado porque se está ante apenas diez capítulos por temporada, entonces el puño de ideas, que todas son buenas, no se van amoldando de forma orgánica, en ocasiones un personaje está en una escena donde sucede algo grave, a la siguiente escena se sitúa en otro arco argumental como si no hubiera pasado anteriormente, esto choca un poco, no se ve natural.

Hizo falta pulir un poco más el guion en esos detalles, apartado correspondiente a los creadores de la serie Jack Amiel y Michael Begler en dieciséis de los episodios, mientras Steven Katz aparece como guionista en los restantes cuatro. Así como la edición, a cargo del propio Soderbergh, que eso sí, se luce en la dirección y en la dirección de fotografía, donde se muestra sobrio y elegante, como su lado formal como realizador lo atestigua, alejado de lo mostrado por ejemplo en K Street.

Pero que estos puntos negativos no lleguen a mancillar en gran medida esta gran propuesta de televisión, la serie tiene un nivel altísimo y realmente todos sus arcos argumentales funcionan muy bien si se piensan en el resultado final de la temporada, como van encajando algunas piezas para dar dolorosas sorpresas, mientras otras quedan abiertas a una eventual y ya imaginaría tercera temporada que tristemente nunca llego.

Patxi Álvarez