Plumbea producción de la dupla Benson/Moorhead que ya nos tienen habituados a una mercancía pretenciosa y pedante.

Un par de paramédicos, lo que en España viene a ser un técnico de emergencias, tiene que actuar en varios escenarios donde las víctimas tienen un punto en común: han consumido una «droja» llamada Synchronic. Uno de ellos, porque solo puede haber un prota de verdad, descubrirá que esta sustancia permite hacer unos viajes lisérgicos bastante más profundos de lo habitual.

Le cuesta bastante arrancar, la primera media hora casi transcurre en medio de la nada tratando de situar a los personajes y apenas entrando en harina. Deja claro que el protagonista es Anthony Mackie mientras que Jamie Dornan actúa de escudero y como simple apoyo. Vale, cuando comienza a funcionar la cosa es cuando empieza a desmoronarse. Haber coqueteado con el horror cósmico, con escaso éxito a mi entender, parece que haber convencido a los directores a practicar la inmersión en esa atmósfera ya como hábito, y queda de repajolera pena. Oigan, que se trata de una historia de drogas, no hacen falta esos planos de no se qué galaxia, ni esa música drone tratando de taladrarnos el cerebro como si el mismísimo Chtulhu fuera a visitarnos. Que no, cuéntennos una historia sólida y déjense ya de poses estéticas, que se les ven las costuras.

Ni sus interpretes creen en ella. Se muestran reticentes a ofrecer algo más que actuaciones esquemáticas, para cubrir el objetivo. Algunos de los papeles que ciertos actores se ven obligados a aceptar, lo hacen por mera cuestión alimenticia, permanecer en el medio o simplemente, continuar trabajando.

En conjunto me ha parecido que deseaba sumergirse con gran placer, en cuestiones metafísicas, para dar explicaciones a un espectador que… o bien desconoce de lo que le están hablando, o en caso contrario, se da cuenta que toda esa parte filosófica es una absoluta payasada.

La historia, pues a ver, es La Máquina del Tiempo, pero sin máquina. Parece una metáfora sobre los «viajes» que se consiguen consumiendo sustancias alucinógenas, dándole una pátina de ciencia ficción para que parezca más cool. Los efectos son discretos, parecen de finales de los 90, y solo cierta atmósfera enrarecida que preside toda la función está algo lograda. El conjunto en general es plomizo y me llama la atención que la condición de paramédicos de los protagonistas podría haber cambiado a fontaneros y la película sería la misma. No repetiría.

Patxi Ávarez Gonzalo