En el siglo pasado, sobre todo durante las décadas de los 50 y 60, se realizaban unas películas de humor más o menos inteligente, la mayoría de ellas obra de Mariano Ozores, e interpretadas por actores de indudable calidad, como demostraron posteriormente en otras películas “más serias”, desde Fernando F. Gómez hasta Tony Leblanc, pasando por José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, José Sacristán y otros muchos que harían la lista interminable.

Independientemente de la calidad de esas películas, lo cierto es que estaban interpretadas por Actores con mayúsculas. Cómicos de gran altura, obligados por las circunstancias de la dictadura a interpretar papeles muy por debajo de su categoría. Películas, en cualquier caso, que tuvieron su público y también un considerable éxito.

Viene esto a cuento, porque Superagente Makey es, entre otros muchos ejemplos de los últimos tiempos, una película realizada a mayor (o tal vez menor) gloria de un “cómico” cuyo único bagaje es ser “gracioso” y haber salido muchas veces en la caja tonta intentando (y al parecer consiguiendo) despertar la risa en un cierto público que disfruta con sus “gracias”

Seamos sinceros, no hay un solo espectador que haya visto esta película con la ambición o las expectativas altas. No es posible que alguien se decepcione porque esperaba una historia apasionante, grandes actuaciones, un buen guión o una trama interesante. Con distraerte, entretenerte y un par de carcajadas valdría. Pues va a ser que no. Esta película va un paso más allá. Te descoloca, te noquea e incluso por momentos, hace que pases vergüenza ajena. Sabiendo, con antelación, que no va a ser muy buena, es mucho peor de lo que podías llegar a imaginarte.

Para mucha gente Leo Harlem es un cómico gracioso, pero si alguien tenía dudas sobre su faceta de actor, se le han despejado. Cada frase, cada plano, cada actuación..siempre el mismo tono y la misma expresión. Da igual si está triste, alegre o confuso. Encima lleva el peso de la película, lo que destaca más su pésima actuación. Ni siquiera aporta su faceta de cómico, consigue, incluso, no parece lo gracioso que en realidsd sí es. En cuanto al guión, es simplemente un insulto a la inteligencia del ser humano. Admiro a la persona que ha sido capaz de escribirlo entero y a los actores que han decidido participar en la película después de leerlo.

Mi pregunta es: ¿Por qué?. ¿Qué sentido tiene que actores que tienen una cierta fama, se degraden de esta manera? Solo se me ocurren dos motivos; el dinero obviamente, y que las comedias españolas suelen ser mediocres, asi que parece que esta podría pasar desapercibida. A alguien se la colamos, pensaron los productores. Sin embargo, no vale todo, los espectadores no son tontos, y los palos que se ha llevado son buena prueba de ello.

Son otros tiempos. Ahora cualquier “cómico” de tres al cuarto puede ser protagonista de una historia que, algún productor muy perspicaz, considera que arrastrará a muchos espectadores a las salas de cine. Es posible que así sea, e incluso que sea un éxito como lo ha sido Torrente y sus secuelas, un humor de brocha gorda que, al parecer, salvó el cine español algunos años (lo que en modo alguno sería como para celebrarlo), con recaudaciones del 70% en algunos casos

Remedando en parte a Charles Dickens, se podría decir que el cine español de los 50 y 60, era de otros tiempos, tiempos difíciles, antesala de la apertura y transición democrática; tiempos de creencias e incredulidad; la era de la luz y las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; en las antípodas de Berlanga. En definitiva, con películas que tal vez no sean para sentirnos orgullosos, pero que, al menos, tenían su razón de ser al estar interpretadas por Actores con mayúsculas. Todo lo contrario que ahora, en estos nuevos tiempos, llenos de vulgaridad, en los que cualquier “gracioso” puede ser protagonista de una película, e incluso arrastrar de forma literal a un público que disfruta viendo al “cómico” de marras en una película cuyo argumento, digámoslo ya, no interesa lo más mínimo.

Patxi Álvarez