Sonic, la película: De vuelta a mis raíces. Nacer en la segunda mitad de la década de los ochenta ha servido para que mucha gente pudiera disfrutar, durante su infancia, de los contenidos de esta y, también, de los contenidos surgidos durante el decenio posterior.

Tuvimos la suerte de disfrutar de películas, series de dibujos y de imagen real, así como de programas de televisión de ambos periodos.

Y vivíamos en un momento donde no existía esa invasión tecnológica, pudiendo alternar nuestras tardes en el patio del cole o en el parque jugando al fútbol, a la peonza, a las canicas, o a nuestras figuras de acción, con fines de semana viciándonos a las videoconsolas que sacaron en aquellos años Nintendo y Sega.

Yo fui de los segundos, y a día de hoy sigo siendo un seguero de tomo y lomo pero que, con la perspectiva que dan los años, también he sabido valorar a Nintendo en una industria que desde hace unos años se empeña en expulsar a los jugadores más veteranos, en favor de un niñorratismo absolutamente deprimente.

En esos noventa la compañía Sega fue un referente en el mundo de los videojuegos, al menos durante la primera mitad de aquellos años.

Game Gear, Master System y Mega Drive nos brindaron clásicos atemporales, así como el nacimiento en 1991 de uno de los personajes más emblemáticos de la Historia (con mayúsculas) del videojuego: Sonic el erizo. También esos años noventa vieron nacer una nueva estrella de la comedia: Jim Carrey.

Los de mi generación disfrutamos en aquellos años de personajes interpretados por este actor, tales como los vistos en «La máscara», «Dos tontos muy tontos», «Ace Ventura» o «Mentiroso compulsivo», ya sea en las salas de cine o alquilando sus cintas en el videoclub.

No era raro que en aquellos años fuera con mi padre a alquilar el enorme Sonic 3, mientras que él tenía ganas de llevarse a casa alguna cinta de humor con la que echarse unas risas; y a veces era una de las protagonizadas por Carrey.

Más de veinte años después, convertidos ya en adultos que tienen que lidiar con las obligaciones y responsabilidades de este mundo que nos ha tocado vivir de lleno, Paramount y Sega nos han regalado una película donde podemos ver juntos tanto a Sonic como a Jim Carrey interpretando al Dr. Robotnik (nunca me gustó lo de Eggman), en lo que es todo un acierto de casting y una llamada más que evidente a esa franja de edad que ya ha superado sus treinta años.

Muchos de los que conforman esa franja ya han sido padres, y con esta cinta han tenido la oportunidad de dar a conocer a sus hijos al mítico erizo azul. Sólo por esta circunstancia esta película ya vale la pena.

Más allá de la nostalgia, y sabiendo que estamos ante una cinta infantil, para mí esta adaptación es más que aceptable.

Nos encontramos ante una cinta bastante blanca, con un guion sencillo, pero con un ritmo constante y que consigue que no te aburras.

Muchos de los chistes sólo los disfrutarás de verdad siendo más pequeño, pero si Sonic resulta especial para el espectador veterano, como es mi caso, la continua sonrisa en la cara no desaparecerá durante la duración de la película.

Hay varias referencias a los videojuegos que incluso casi hacen que me salte la lágrima. En definitiva, ha sido como sentir que han homenajeado a una parte fundamental de mi infancia.

Es un trabajo hecho con respeto al personaje, donde sus creadores han tenido control (parte de los productores son japoneses), y también, por qué no decirlo, es un trabajo que respeta al espectador medio.

No estamos ante una cinta que peca de los males de gran parte del cine actual. No necesitamos ideologías encubiertas, ni cuotas injustificadas, ni mensajes donde se ataca al espectador medio.

Sonic está por encima de todo eso y nos ha brindado una cinta para todo el mundo. A los niños los hará disfrutar mucho, y a los adultos que compartan conmigo determinadas referencias culturales les hará sacar de nuevo al crío que seguimos llevando dentro.

Patxi Álvarez