Sin pactos no hay gobiernos

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Tal y como sucede en esas películas o series en las que no es hasta el final cuando se revela la fuerza de un actor que creíamos secundario, así ha sucedido en esta larga noche electoral.

El ciclo de 2019 se cerró el domingo con la celebración de las elecciones europeas, locales y autonómicas. Sí, usted ha leído bien, autonómicas en doce Comunidades Autónomas.

Si tenemos en cuenta que la política estatal española ha estado en una situación de stand by hasta la noche del domingo, es pertinente ahora situarse ante el paisaje con el que deberemos convivir en los próximos cuatro años.

¿Segunda vuelta?

Una de las primeras consideraciones es si estas elecciones europeas, locales y autonómicas pueden leerse en clave de “segunda vuelta” para las principales formaciones políticas españolas.

Aunque algunos partidos -en especial el Partido Popular- han intentado que así fuera para recuperarse de los malos resultados obtenidos en las elecciones generales del 28 de abril, lo cierto es que difícilmente podemos hacer dicha lectura.

Un elemento clave para entender los resultados autonómicos -así como incluso en mayor medida los resultados locales- es tener claro que las dinámicas de voto no tienen porqué corresponderse con otros niveles territoriales. Es decir, el proceso de decisión del voto de los ciudadanos no únicamente se rige por las grandes tendencias estatales, sino que toma en consideración cuál es el marco político en el que se celebra la votación.

En este sentido, aunque la proximidad de los resultados del 28A haya podido condicionar la elección del voto en algunos casos, a buen seguro que los factores que más han pesado son los relativos a la propia Comunidad Autónoma. Ejemplo de ello son los resultados del Partido Regionalista de Cantabria, cosechando una clara victoria cercana a la mayoría absoluta, habiendo obtenido sólo un diputado en las elecciones generales.

Nuevos actores

Uno de los elementos más relevantes del nuevo escenario autonómico es la irrupción de nuevos actores que todo apunta a que asumirán roles distintos.

  • En primer lugar destaca la confirmación de la irrupción de la ultraderecha en buena parte de las Comunidades Autónomas. Así, VOX obtiene por primera vez representación parlamentaria en Aragón, Asturias, Baleares, Cantabria, Castilla y León, Madrid y Murcia, si bien con menos fuerza que las expectativas que la misma formación había generado. Como veremos, esa representación autonómica apunta a suertes dispares en lo que a condicionar la formación de gobierno se refiere.

  • En segundo lugar, estas elecciones han visto también la aparición de una nueva formación, Más Madrid, a raíz de las diferencias en el seno de Podemos en la Comunidad de Madrid y que quizás habrá resultado en un intento no demasiado exitoso por recuperar el gobierno autonómico para las fuerzas de izquierda.

Viejos rockeros

Como es conocido, “los viejos rockeros nunca mueren”, y esa parece ser la explicación de la recuperación de cuotas de poder autonómico que ha obtenido el PSOE.

A excepción de Cantabria y Navarra, en las restantes diez comunidades en liza los socialistas se han alzado con la victoria, si bien de ello no se deriva necesariamente liderar los respectivos gobiernos autonómicos.

Unido a eso, es relevante constatar como, también en el ámbito autonómico, Pedro Sánchez ha culminado con buena nota el proceso de recuperación del capital político que -sin ir más lejos- parecía herido de muerte tras las autonómicas de 2015 y las generales de 2015 y 2016.

Pero quienes también han esquivado un escenario tremendamente problemático han sido Pablo Casado y el PP, toda vez que la irrupción de Vox, unida a la consolidación de Ciudadanos en el ámbito autonómico, le permiten aún unos movimientos negociadores que tras la debacle estatal del 28A parecían perdidos.

A ello se une, obviamente, la posibilidad real de mantener el liderazgo en la Comunidad de Madrid así como en la capital, aunque en todos los casos deberá afrontar un proceso de negociación que en ninguno de ellos será cómodo ni fácil.

Pactar, sí o sí, para gobernar

Pero quizás, el elemento más relevante que se desprende de los resultados de las autonómicas del 26M es la confirmación de la obligatoria necesidad de situar el acuerdo, el pacto y la negociación en el centro del escenario.

Efectivamente, si algo apuntaron los resultados de las generales del 28A y debería quedar claro tras estas autonómicas es que será obligado pactar para gobernar.

Así, en Aragón, Baleares, Canarias, Castilla y León, Madrid, Murcia y Navarra será obligado que los ganadores (esencialmente el PSOE) centren los próximos días en abrir un proceso de negociación para la formación de gobiernos regionales.

Y ello sólo puede lograrse mediante la construcción de acuerdos de coalición con otras formaciones con las que compartir el poder; bien es cierto que en Asturias o en La Rioja se puede intentar la aventura de gobernar en solitario, en minoría, aunque tampoco sería un escenario deseable.

Las dinámicas multinivel

Es precisamente ahora cuando cobra especial importancia la capacidad de entender la importancia de lo que denominamos dinámicas multinivel: en estados descentralizados (o compuestos) ningún nivel político-territorial funciona en “el vacío”. Todo está interrelacionado, tanto en el plano vertical como en el horizontal.

Por un lado, la formación de gobierno en el ámbito estatal influye en la formación de los gobiernos autonómicos y éstos sobre los gobiernos locales.

Por otro lado, en un breve lapso de tiempo -el próximo 15 de junio- no sólo se formarán los nuevos gobiernos locales al mismo tiempo en más de los ocho mil municipios españoles, sino que también se estarán desarrollando al mismo tiempo las negociaciones en esas doce CCAA.

Además, lo relevante de ese escenario complejo de múltiples negociaciones simultáneas es que planeará sobre el mismo la negociación para la formación del gobierno estatal, con un PSOE en posición de dominio de la negociación y Unidas Podemos en franco retroceso de sus bazas negociadoras. ¿Sabrán estar a la altura los diferentes actores en cada nivel? ¿Entenderán por fin que sin pacto no hay gobierno?

The Conversation

Josep Maria Reniu Vilamala no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Author: Josep Maria Reniu Vilamala, Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración, Universitat de Barcelona