Salaverry: topo de Vizcarra

Comprobado. El Poder Ejecutivo mantiene a un topo en el Legislativo. Su nombre es Daniel Salaverry. El mismísimo congresista que aterrizó en el Parlamento aupado por Fuerza Popular. Vale decir, el ex militante del Apra que en las elecciones de 2016 Keiko Fujimori llevara como uno de sus alfiles al Legislativo y que, al año siguiente, luego de haber sido propuesto y respaldado con sus votos de Keiko y sus setenta y dos congresistas, resultase elegido como presidente del Congreso. Sin embargo, fue a partir de la renuncia de PPK a la presidencia, sumado al alejamiento de Kenji con sus muppets –y ciertamente después del apresamiento de su líder Keiko– que Salaverry empezó a adquirir un talante crecientemente opositor, hasta llegar a convertirse en un incómodo, furibundo antifujimorista con todas las prerrogativas del cargo de presidente de un poder del Estado. Fue en este momento que Salaverry escuchó al coro de sirenas del hampa de caviares que rodea al jefe de Estado. Una sensualidad que coincidiera, dicho sea de paso, con una gravísima denuncia que apareció en ‘Panorama’, señalando que Salaverry había mentido –y timado varios miles de soles– al Parlamento Nacional vía un informe oficial presentado por él en Mesa de Partes congresal, adjuntando diversos “informes” correspondientes a visitas realizadas a su jurisdicción, La Libertad, con motivo de las llamadas semanas de representación. El problema fue que las fotografías que ilustraban el “informe” –con el cual el Legislativo respaldaría el egreso de los gastos en los cuales supuestamente había incurrido Salaverry al viajar a su región para realizar allá una serie de eventos a nombre del Congreso– eran sencillamente trucadas. Falsas. A raíz de todo ello Salaverry acabó denunciado en la Comisión de Ética. No obstante, ejerciendo el poder que le confiere la presidencia del Poder Legislativo, Salaverry consiguió que ese expediente quedase congelado por bien tiempo. En el ínterin, precisamente ocurrió su transubstanciación de fujimorista a vizcarrista. Lo hizo presumiblemente con el objetivo de conseguir el respaldo del Gobierno, en un intento de control de daños tanto para asegurar que la gran prensa palaciega no informase sobre su affaire, como para obtener el contundente compromiso de la Fiscalía de la Nación para congelar cualquier denuncia que pudiera derivarse del trámite de su delito, hasta hoy enquistado en el Congreso.

Ahora el oficialismo vizcarrista se alista a mover todas su influencias para lograr que Salaverry sea reelegido como presidente del Parlamento Nacional, aprovechando que su patrocinado aún maneja como un reverendo zar este poder del Estado venido a menos fundamentalmente por la campaña de demolición emprendida inicialmente por Kuczynski y consolidada por Vizcarra y su combo. Este lunes Salaverry intentó meter de contrabando una moción para que el Parlamento apruebe el regreso de Kenji y dos adláteres suyos. ¿El propósito? Sumar esos tres votos a las bancadas de izquierda –entregadas al oficialismo a cambio de prebendas en obras– para su reelección. Pero fracasó. Sin embargo, la progresía siempre políticamente correcta ni movió una ceja. Entre amigos todo vale. Vergonzante trayectoria la de Salaverry.

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Author: Editor DC