Excepcional serie de la HBO que a lo largo de sus dos temporadas nos traslada a la antigua Roma, llevándonos por sus calles, sus palacios, haciéndonos testigos de las conspiraciones por el poder, las batallas, las lealtades y traiciones, pero, sobre todo, enseñándonos que los romanos eran personas como nosotros, y no como los suelen pintar en las películas, rostros heroicos y puros, meritorios de un digno recuerdo tras su muerte, que hacen del honor su código de conducta, no dudando en abandonarlo por un saco de monedas.

Romanos que sueltan tacos, que se follan a las mujeres delante de sus criados para que éstos los abaniquen mientras dura el acto, que no tienen reparos en disponer de las vidas de otros cual dioses paganos. Titus Pullo (Ray Stevenson) y Lucius Vorenus (Kevin McKidd) son dos soldados de la armada de Julio César, responsables de contarnos la historia, en un estilo similar al de «Forrest Gump», siendo ellos no meros testigos, sino partícipes de la formación de la República, su caída, y posterior renacimiento. La evolución de los dos soldados a lo largo de la serie es perfectamente creíble e impactante, siendo la verdadera esencia de «Roma» la historia de estos dos hombres, enmarcada en aquellos tiempos.

La serie nos presenta a personajes de tal importancia en la época como el mismísimo César (brillantemente interpretado por Ciaran Hinds), el combatiente Marco Antonio (James Purefoy), la malévola Atia (Polly Walker), Brutus, Octavio y hasta la mística Cleopatra. El gran acierto de esta serie es que no edulcora ni mitifica la realidad, mostrándonos a los personajes tal y como fueron, o, al menos, como se cree que fueron. Mención especial merece el promulgador de las noticias en Roma, auténtico y genial personaje de la sociedad de la época (atención a sus gestos cuando recita las noticias).

A pesar de contar con un presupuesto menor al ser una serie para televisión, a lo largo de su desarrollo hay lugar, cómo no, para sublimes escenas de batalla. Espectaculares decorados y localizaciones, vestuario y maquillaje, contribuyen a hacer de esta serie un verdadero documento histórico (dejando de lado algunas pequeñas inconsistencias históricas).

«Roma» se levanta pues como una serie de obligado visionado, que tiene su mejor baza en el hecho de que desmitifica todo lo divino que pueda envolver a la sociedad romana y la retrata como lo que es, un nido de serpientes no tan diferente al mundo en que vivimos hoy en día, del que sólo la más audaz saldrá con vida.

Patxi Álvarez