Han pasado 17 años, y desde entonces su nombre se repite cada vez que al Sporting le toca ir a Ipurúa. Ángel Rodado Rodríguez (Palma de Mallorca, 25-9-1971) pasó a convertirse en una especie de enemigo público del sportinguismo tras su polémico arbitraje en la visita al Eibar en mayo de 2004. Los gijoneses llegaban con la necesidad de ganar para seguir luchando por ascender a Primera. Se encontraron con dos penaltis en contra y cinco expulsiones -tres de ellas a jugadores- que desquiciaron a equipo y afición. “No tuve la culpa de que esa campaña no ascendieran”, responde el colegiado balear, ya retirado. En la semana en la que el Sporting volverá a territorio armero, Rodado atiende a LA NUEVA ESPAÑA para analizar aquel partido y sus consecuencias. “No cambiaría ahora ninguna de mis decisiones. Tengo la conciencia muy tranquila”, adelanta.
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