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Hay personas que sienten interés y curiosidad por los otros, así como por la conexión y relaciones que mantenemos entre “ellos” y “nosotros” o cuando unos se convierten en otros o viceversa. Por eso, en el caso del Brexit, aunque se ha comentado mucho sobre el espectáculo político actual, las nuevas relaciones con la Unión Europea o las consecuencias comerciales, entre otros temas, es también interesante conocer cómo viven y sienten el proceso los otros protagonistas, es decir, los europeos que residen actualmente en el Reino Unido.

He estado durante un año en la Universidad de Nottingham desarrollando una investigación sobre las condiciones de los trabajadores europeos en el Reino Unido y la influencia del Brexit. Esa investigación está basada en numerosas entrevistas en profundidad con trabajadores europeos ya asentados en diversas ciudades del Reino Unido, para indagar qué cambios personales, psicológicos, sociales y laborales habían experimentado desde el 2016 tras el referéndum. Esta investigación, junto con otras, formará parte del libro “Nuevos peligros, nuevos trabajadores: salud, seguridad y bienestar en los trabajadores migrantes” que saldrá publicado en invierno de 2019 por la editorial Springer).

Obviamente, generalizar y llegar a una conclusión única es difícil dada la diversidad de circunstancias (personales, familiares, sociales o laborales) que nos afectan como individuos. También es poco el tiempo transcurrido por lo que no sabemos de manera exacta las consecuencias que este proceso generará. Aun así, si se constatan algunos primeros efectos sociales y psicológicos.

Siguen llegando europeos

En primer lugar, se concluye que, aunque el Brexit generó en muchos europeos residentes la idea inicial o intención de retornar a sus países de origen (o al menos de empezar a pensar en ello), este retorno no parece que esté produciéndose de una manera masiva. Así, aunque es difícil precisar el número, según datos de la Office for National Statistics (ONS) la migración neta (diferencia entre inmigrantes y emigrantes) entre ciudadanos europeos en el Reino Unido ha descendido de manera importante desde el año 2016 (año del referéndum) hasta nuestros días, aunque esta sigue siendo aun positiva. Es decir, siguen llegando más europeos de los que regresan a sus países.

Es cierto que la decisión final y regreso definitivo no dependerá tanto del Brexit como de otros condicionamientos laborales, sociales o económicos. Pero también es cierto que los investigadores sociales sabemos que cuanto más impermeables hacemos las fronteras, menores son los flujos de retorno de los migrantes a sus países de origen por miedo a perder el estatus de residencia.

Así, y en este caso también, si bien muchos europeos decidieron trabajar y residir inicialmente en territorio británico de manera temporal y circular con una intención de adquirir competencias laborales, profesionales y lingüísticas con la intención después de regresar a sus países de origen, es bastante probable que el Brexit haya cambiado sus planes migratorios y terminen asentándose de manera permanente en el Reino Unido.

Pero en cualquier caso, más que una idea de retorno físico, lo que sí se constata sobre todo es que el Brexit ha generado una huida afectiva, debilitando la identificación de estas personas con el Reino Unido. Para muchos residentes europeos, el Brexit les ha producido sobre todo una especial conmoción, tristeza y decepción, generando un sentimiento de traición y de ruptura afectiva que mantenían con el país.

Para muchos de los europeos entrevistados, a pesar de sus esfuerzos por integrarse en la sociedad y de sus contribuciones al sistema tributario y laboral, el Brexit ha sido interpretado por ellos como un rechazo y traición de esta sociedad que los acogió (o creyeron ser acogidos).

El papel de las emociones

Obviamente se trata de percepciones y sentimientos, pero ya sabemos que las emociones juegan un papel muy importante en todas las relaciones humanas, consolidando su mantenimiento o empujando hacia su ruptura. Por ello sería bueno crear confianza y seguridad e intentar evitar sentimientos de indiferencia o confusión.

Es poco el tiempo transcurrido así como la incertidumbre que aún hoy mantiene el proceso del Brexit, por lo que es todavía difícil conocer en detalle las consecuencias, no solo políticas y económicas sino sobre todo sociales y emocionales, que este producirá sobre los millones de residentes europeos en el Reino Unido y como este proceso conducirá o no hacia una mayor o menor segmentación en la sociedad británica de los migrantes europeos y sus descendientes.

Pero ya es una realidad que la semilla del desapego, la desconfianza y el rechazo está sembrada. Quizá sea un buen momento para apagar o atenuar los discursos políticos del miedo y de volver a poner la música de la confianza y la estima. Tal como aquella vieja canción de The Clash, será el momento de preguntar:

“Darling you got to let me know

Should I stay or should I go?

If you say that you are mine

I’ll be here ‘til the end of time”.

The Clash – Should I Stay or Should I Go. (Directo en el Shea Stadium de Nueva York el 13 de octubre de 1982).

The Conversation

Francisco Diaz Bretones receives funding from Ministerio de Educación y Ciencia

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Author: Francisco Diaz Bretones, Associate professor. Head of the Wellbeing for Individuals, Society and Enterprises Research group, Universidad de Granada