Represión franquista de la Masonería. A lo largo del Franquismo, el Boletín Oficial del Estado publicó hasta 16 disposiciones vinculadas con la persecución de la Masonería Española.

En una conferencia sobre «La legislación Franquista contra la Masonería: política, inquisición y burocracia«, el Respetable Hermano Manuel Calvo realizó un recorrido desapasionado y minucioso por una legislación «que generó un sistema de represión muy bien articulado» cuyo funcionamiento «se asemejaba más a los procesos de la inquisición que a un proceso judicial convencional«: los miembros del tribunal eran ajenos a la judicatura, no existía abogado defensor, el sumario se elaboraba con los datos del archivo de Salamanca, el jefe de los Servicios de Información participaba en el Tribunal, el reo tenía la obligación de retractarse y delatar a otros miembros, las leyes eran retroactivas, las condenas perpetuas y el escarnio público.

En el marco del ciclo de conferencias sobre el 40 aniversario de la legalización de la Masonería en España, el Respetable Hermano recalcó que «España no fue un país diferente a otros de su entorno«.

En el periodo de entreguerras, en un contexto de crisis de las democracias, la masofobia se manifestó en gran parte de los países de Europa, dominados por totalitarismos de todo signo.

La tesis del Respetable Hermano, miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, es que, «más allá de la obsesión personal de Franco, probablemente cierta, detrás de la represión masónica española lo que existía era un juego político de largo alcance entre las diferentes facciones de la primera década del franquismo, que encontraron elementos de cohesión en su anticomunismo y antimasonismo«.

Según explicó en una conferencia abierta en la sede de la Gran Logia de España en Madrid, lo que se inició como una «brutal represión de todo rastro masónico» degeneró desde el final de los años cuarenta por dos motivos: el éxito de la represión y «la necesidad de sobrevivir en la periferia del mundo occidental, donde la Masonería es una institución firmemente respetada«.

A partir de los años cincuenta, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo «se burocratizó hasta convertirse en una piel más de la cebolla del régimen» antes de que sus funciones fuesen asumidas en los años sesenta en el Tribunal de Orden Público, «que ya no se ocupó de la Masonería porque no quedaban masones en España«.