Buruaga reclama empezar a consensuar ya un plan de recuperación económica y ofrece un pacto presupuestario de legislatura

En el Debate sobre la orientación política del Gobierno correspondiente al primer año de la X Legislatura

Intervención de María José Sáenz de Buruaga en el Debate sobre la orientación política del Gobierno correspondiente al primer año de la X Legislatura

El coronavirus, que ha puesto nuestro mundo al revés, no se va a evaporar por arte de magia y todos vamos a tener que aprender a convivir con él. Lo ocupa todo y lo condiciona todo, también necesariamente la orientación política del Gobierno, tanto que el Debate sobre el Estado de la Región se ha convertido este año en el debate sobre el estado de la Covid-19 en Cantabria.

Precisamente por eso, mis primeras palabras van dirigidas a recordar, una vez más, a las víctimas de la pandemia y a pedir al Gobierno de España que acabe con esa contabilidad creativa que nos está impidiendo conocer el número real de fallecidos y que supone una falta de respeto a nuestros muertos y sus familias. Tenemos que saber cuántos y quiénes son para poder honrarles como merecen, porque esa es nuestra obligación también moral.

Quiero expresar de nuevo nuestra profunda admiración y gratitud a los profesionales sanitarios y a todo el personal de los servicios esenciales que han cuidado de nosotros mucho más allá de lo que el deber les exigía. Nuestros sanitarios han sufrido la tasa más alta de contagios del mundo por la negligente gestión del material de protección y de los test, pero ellos continúan ahí, en el frente sanitario, y nosotros seguimos reclamando para todo el personal del Servicio Cántabro de Salud un complemento extraordinario por COVID que reconozca su excepcional labor y compense su riesgo y esfuerzo por salvar vidas. Aplaudirles cada noche estuvo bien y los premios honoríficos están muy bien, pero con eso no se les hace justicia.

Hay muchas personas anónimas que merecen también nuestro homenaje: los trabajadores de las residencias, los profesores y también los alumnos, los profesionales que teletrabajando o a pie de calle han mantenido sus negocios a flote, los farmacéuticos, los productores del mundo rural, los trabajadores de la alimentación, la construcción o el transporte, que nos han procurado tranquilidad. Además de mucho dolor, esta crisis ha generado un capital en forma de responsabilidad y cuidado mutuo impresionante.

Pero el coronavirus ha causado también y va a seguir causando muchas víctimas indirectas. Ha dejado en shock nuestro sistema productivo, en la cuerda floja a nuestro tejido empresarial y está provocando estragos en los trabajadores y las familias.

Y de eso va este debate: de cómo tratamos las secuelas económicas, laborales y sociales de la pandemia y cómo vamos a afrontar la tormenta perfecta que se avecina.

La pandemia llegó y nos pilló por sorpresa; no la vimos venir. Ahora tenemos una nueva oportunidad y esta sí la estamos viendo venir. Tenemos que pisar el acelerador y preparar la reconstrucción como si nos fuera la vida en ello, porque nos va.

Vivimos una situación sin precedentes, probablemente una de las más complicadas del último siglo si exceptuamos las guerras, pero eso no convierte al COVID en la excusa para todo, porque no partíamos de cero; al contrario, había legislatura, había gobierno y había serios problemas en Cantabria antes de que el virus infectara la vida de la región.

Esas debilidades y errores determinan hoy el grado de vulnerabilidad de nuestra estructura económica y deben ser reconocidos y bien diagnosticados si buscamos una recuperación transformadora, si queremos acertar en la solución.

Esta crisis ha impactado sobre una economía que venía frenándose de modo muy importante desde 2018 y no es lo mismo llegar al mes de marzo con las cuentas saneadas, los sectores productivos fuertes y los proyectos tractores en marcha, es decir, con músculo y los deberes hechos, que llegar como lo ha hecho Cantabria: en aguada desaceleración, con los sectores económicos en zona de peligro, las cuentas públicas desbocadas y con todo sin hacer.  Ese es un lastre muy pesado y ya lo dice el refranero, que lo que al gordo adelgaza, al flaco mata.

El futuro que el Gobierno promete nunca llega. Cuarta coalición de socialistas y regionalistas, trece años al frente del gobierno y siguen viviendo de las rentas, porque han sido incapaces de sacar adelante un solo proyecto para transformar la región.

Ni rastro de los parques eólicos. Eso sí, todavía estamos pagando las indemnizaciones por la anulación de su plan de mil molinos que el Tribunal Supremo declaró ilegal. Ni rastro de la Pasiega, que lleva dos legislaturas con un PSIR abierto y sin cerrar, y ni rastro de la alternativa reindustrializadora del Besaya, porque cinco años después, el proyecto de las Excavadas continúa en el aire y los 2.000 empleos prometidos en la mina de zinc, bajo tierra.

Ni minas, ni Sniace, ni reindustrialización, ni las Excavadas.

Y todo esto antes del virus, porque antes del COVID era otro el virus que nos atacaba, un virus que se llama desgobierno.

Cantabria ha estado desde marzo en alarma sanitaria, pero en alarma económica llevaba ya muchos meses.

Alarma en las cuentas públicas por su política presupuestaria de manirroto y mal pagador. Han convertido el presupuesto de la comunidad en una obra de fantasía cuyas previsiones de ingresos y gastos ya nadie se cree. Año tras año falsean los ingresos, presupuestan a la baja los gastos esenciales e incumplen sistemáticamente las inversiones, tanto que los capítulos seis y siete del presupuesto ya no son planes del Gobierno, sino sólo propaganda del partido.

Ahora el COVID es la coartada para todo, pero ya en el mes de marzo advertimos de que su Gobierno estaba llevando a Cantabria de cabeza a la intervención.

Tres hechos tenían la culpa:

El incumplimiento del objetivo de déficit de 2019 que, tal y como pronosticamos, se disparó hasta el 0.94%, una desviación de 135 millones que representan el presupuesto anual de inversiones.

Las graves insuficiencias en el recién estrenado presupuesto de 2020 al que, como mínimo, le faltaban 75 millones para afrontar gastos tan ineludibles como los conciertos educativos y las nóminas del personal docente y del SCS.

Y, por último, la deuda con proveedores más alta del país, próxima a los 200 millones tan sólo en suministros hospitalarios. Haciendo trampas se han convertido ustedes en una máquina de generar deuda, disparada hasta los 3.439 millones o el 24.2% del PIB, y también de hacer recortes, recortes drásticos en inversión pública, políticas productivas y estímulo empresarial que han venido provocando un enfriamiento rapidísimo de nuestra economía.

Hasta junio de 2018, Cantabria contaba con el contrapeso de las políticas nacionales del Partido Popular, pero desde entonces ya tiene dos piedras al cuello, no sólo la autonómica.

En consecuencia, no sólo somos la economía que más frenó su crecimiento en el año 2019, sino que estamos entre las que menos crecieron en España, con un 1.5% frente al 1.8% nacional, menos crecimiento que es menos empleo.

Así llegamos a marzo, tras nueve meses consecutivos de aumento de desempleo en la comunidad, con el peor dato EPA de España.

Desde su toma de posesión en 2015 hasta diciembre de 2019, en los 54 meses que usted ha gobernado esta región, no ha habido ni un solo mes en el que el aumento de la afiliación media a la Seguridad Social haya crecido por encima de España, lo que significa que sus políticas crean menos oportunidades laborales que el resto del país.

Es más, para observar un ritmo de afiliación similar al español hemos tenido que aguardar no a su política regional, sino a un frenazo y desplome históricos de la economía nacional.

Y aún así, durante los meses previos al COVID han sostenido la creación de empleo solo a base de puestos públicos que van haciendo progresivamente inviable la Administración, porque no hay economía que lo aguante.

No hay fiscalidad viable ni financiación autonómica que pueda sostener crecimientos de gasto público por encima del crecimiento de las rentas de la gente que paga los impuestos.

Esto, presidente, ya era un gran problema en la Cantabria precovid y, ahora que la economía privada se retrae bruscamente y las obligaciones públicas crecen, esa política de tierra quemada que aniquila la inversión y expulsa a la gente joven de la región, es insostenible.

Sí, señores del Gobierno, porque su política solo deja a los cántabros tres puertas laborales: la oposición, la emigración y la resignación y, a otros, ni eso, porque se han quedado en el paro estructural y en riesgo de exclusión social. Son 145.000 las personas que le ponen rostro a una tasa de pobreza del 25%, mayor que nunca en la región.

De forma permanente se han escudado en las personas y en nuestro estado de bienestar para justificar sus políticas erróneas, pero lo cierto es que han dejado tras de sí unos servicios públicos cada día más endeudados, peor gestionados y en agudo deterioro asistencial.

Con un sistema de atención a la dependencia exhausto y que, gracias a su gestión, no había hecho más que retroceder, y una sanidad otra vez al borde de la quiebra que, en los últimos años, ha sido noticia por la conflictividad laboral y los escándalos en la gestión.

Les recuerdo que parte del equipo directivo de Luisa Real, nombrado por usted, Sr. Zuloaga, está sentado ante los tribunales de justicia por graves irregularidades en la contratación.

Todos los problemas, también el déficit de profesionales médicos, se han agravado y hoy el clima en Atención Primaria es irrespirable, la evolución de las listas de espera la peor de los últimos 7 años y perdemos talento a chorro en investigación.

Y con una política educativa desenfocada volcada en los vaivenes de un calendario escolar que ha consumido todas sus energías y les ha hecho abandonar las verdaderas prioridades. Cinco años perdidos en inclusión educativa, escolarización temprana, formación profesional dual, plurilingüismo o alfabetización digital. Es triste, pero ha hecho falta una pandemia para darnos cuenta de que todo lo importante estaba sin hacer.

De ahí venimos y así hemos llegado al COVID, sin colchón financiero y en graves apuros.

La desaceleración era ya una realidad y la crisis sanitaria ha sido la puntilla para comenzar la caída: un 4.3% interanual en el primer trimestre del año, según la AIREF.

Alarma también en los sectores productivos que venían muy tocados por su política económica y la ausencia de políticas sectoriales eficaces.

La construcción martirizada por el recorte de la inversión pública, la parálisis de las infraestructuras, el bloqueo de los instrumentos de planeamiento y la falta de agilidad administrativa.

La ganadería, en pie de guerra ante la falta de precios justos y el incremento de unos costes de producción que está provocando una grave crisis de rentabilidad de las explotaciones, pero también una falta de incentivo para que los jóvenes se incorporen a la actividad.

Y también la industria. Necesitamos que el pulmón industrial respire con fuerza, pero en el último año ha ocurrido todo lo contrario.

Llegamos a la pandemia en pleno retroceso productivo, con el índice de producción industrial cayendo desde noviembre de 2018, con el PIB industrial en recesión y nuestras grandes industrias tambaleándose porque sus cuentas no salen.

Cuentas energéticas, tras las decisiones abusivas y el talibanismo de Pedro Sánchez.

Cuentas comerciales, tras el ataque inaudito al mercado del automóvil, y cuentas de futuro ante incertidumbres ambientales, normativas y labores enormes que impiden planificar y tomar decisiones en las empresas.

Tienen nombre propio: GSW, Ferroatlántica, Sidenor, Bondalti, Seg Automotive, la antigua Candemat. Todas atravesaban dificultades antes del COVID. Sniace, en proceso de liquidación.

Nuestra industria está pagando las consecuencias de la demagogia de la izquierda, las consecuencias de una agresión sin precedentes del Gobierno de la Nación de la que su Gobierno es incapaz de defenderla, pero también de su inexistente política industrial, Sr. Revilla.

Y alarma ante la debilidad, la nula influencia de Miguel Ángel Revilla en el Gobierno de Sánchez que, siento decir, se ha agravado con la crisis del coronavirus, en la que Pedro Sánchez nos ha tomado por el pito del sereno.

El regionalismo consiguió abrirse hueco en la política nacional gracias al discurso de la reivindicación regional. Venían a ser la voz útil, la voz propia de Cantabria en Madrid, pero nada más lejos de la realidad, porque ha sido un rotundo fracaso y la consecuencia es que Cantabria no pinta nada y que Sánchez no nos da ni agua.

El Partido Regionalista dejó bien claro hace un año que el fundamento de su nueva coalición con el Partido Socialista eran los compromisos de Pedro Sánchez. No los compromisos del Sr. Zuloaga, sino los de Pedro Sánchez y de ahí, la firma del famoso papeluco, para ustedes, palabra de Dios, para nosotros, huir hacia delante y ponerse a esperar lo improbable.

Y lamento no habernos equivocado, pero hoy los hechos hablan por sí mismos.

Primero. El incumplimiento de cabo a rabo de la agenda de inversiones comprometida con Cantabria.

Ni un avance en las infraestructuras pendientes para revalorizar esta tierra. Estancadas unas, abandonadas otras y todas, cada día más inciertas.

Ni el AVE a Madrid, ni los soterramientos, ni el Desfiladero de la Hermida, ni la autovía Aguilar-Burgos, ni el tercer carril de la A-8 o de la A-67.

Tampoco el tren a Bilbao con la nueva versión 2.0 del estudio informativo que el Gobierno socialista ya aparcó en 2009. Entonces el tren iba a ser una realidad en el año 2015. Pues bien, volvemos a la casilla de salida, a esperar otros seis años el inicio de las obras, porque los únicos trámites que impulsa el Gobierno de Sánchez son los que no le comprometen a nada, los que no comen pan.

Segundo. No sólo no nos ha pagado un solo euro de lo que nos debe, sino que, además, se queda con lo que es nuestro.

Ni una sola anualidad de Valdecilla, ni los 45 millones de la liquidación de IVA de 2017. Ni tan siquiera la autorización para que los ayuntamientos cántabros puedan disponer libremente de sus remanentes de tesorería, algo más de 450 millones que no vamos a poder inyectar a la recuperación económica porque en cualquier momento Sánchez confiscará.

Tercero. Un reparto del fondo extraordinario de 16.000 millones que deja a nuestra comunidad muy mal parada.

Si el escenario inicial era malo, el definitivo ha sido todavía peor, profundamente injusto para Cantabria, al primar la población frente al coste efectivo de los servicios.

¿La diferencia? De 270 millones que nos correspondían según el estudio de la UC a los 180 con los que nos han despachado, casi cien 100 millones menos para Cantabria.  Usted indignado, Sr. Revilla, y su vicepresidente y portavoz ilusionado, otra contradicción imposible de entender.

Sumen a ese trato degradante, la negativa de Sánchez a respetar y hacer efectivos nuestros derechos, el derecho al convenio para financiar la anualidad de Valdecilla de 2016 reconocido en sentencia de la Audiencia Nacional que Sánchez ha decidido recurrir en una agresión intolerable a Cantabria.

¿Se puede saber de qué le sirve a Cantabria su asociación con el PSOE? Porque está usted durmiendo con su enemigo, Sr. Revilla.

Se lo resumo: 285 millones de los Gobiernos del Partido Popular frente a cero millones de los Gobiernos Socialistas en Valdecilla.

Y vamos a peor, porque aquí tiene la confirmación de que no nos van a pagar ni uno solo de los 121 millones comprometidos para el hospital.

Y qué decir del derecho adquirido a captar agua del embalse del Ebro reconocido en el Plan Hidrológico Nacional y materializado en el Bitrasvase del Ebro, una autorización que Sánchez pretende negarnos por segundo año consecutivo.

¿Por qué se lo consintió usted el año pasado, sentando un precedente peligrosísimo para Cantabria?

¿Por qué para Sánchez son mucho más importantes Aragón y Lambán, que Cantabria y Miguel Ángel Revilla? Porque aquí no se trata del interés general, ni de la equidad distributiva o la solidaridad interterritorial. Aquí se trata de servir mejor a los intereses del mercader Sánchez y para él Cantabria es absolutamente prescindible.

Los regionalistas han cumplido su parte del trato porque, le guste o no, es usted aquí socio de coalición y allí socio de colaboración, que es casi lo mismo.

Por eso le pregunto: ¿qué más tiene que ocurrir? ¿Hasta cuándo van a seguir ustedes tolerándolo todo? Y digo todo porque ahí siguen sentados los socialistas, aprobando unas cosas en Cantabria y boicoteándolas todas en Madrid. Soplar y sorber a la vez no puede ser.

Señores del Gobierno. Esta es la menguante Cantabria que han dejado tras sus cuatro coaliciones.

Sólo les pido que no intenten aprovechar esta pandemia para echar tierra encima y tratar de borrarlo todo, que aprovechemos esta oportunidad para superar no solo el trauma actual de nuestro sistema productivo, sino también los serios problemas que arrastrábamos antes, porque esa y no otra tiene que ser la actitud.

Todo lo ocurrido durante la pandemia en Cantabria ya pasó y ha sido analizado en la Comisión de Seguimiento de este Parlamento.

No voy a ahondar hoy en la grave desprotección que ha sufrido nuestro personal sanitario, ni en el abandono que han padecido nuestras residencias y nuestros mayores. Ustedes han fallado a los unos y a los otros.

No hemos hecho sangre de los errores y no la vamos a hacer porque prefiero quedarme con las lecciones aprendidas.

La primera, para reafirmarnos en el valor y la defensa del Estado de las autonomías, porque las autonomías hemos sido el punto fuerte del Estado y no el talón de Aquiles. Cualquier comunidad autónoma ha gestionado esta crisis mejor que el mando único, un Pedro Sánchez caótico, soberbio y negligente que ha cometido muchos errores, pero el más grave, sin duda, no haber confiado en la gestión de las comunidades autónomas que conocemos y llevamos muchos años gestionando nuestra sanidad.

Y la segunda, para constatar que no podemos fiar la respuesta a esta crisis al Gobierno de Pedro Sánchez o de nuevo nos arrollará.

Y es que no todas las comunidades autónomas han actuado igual ante esta crisis sanitaria. Algunas la vieron venir, escucharon a sus profesionales y anticiparon decisiones. Y las que lo hicieron, acertaron.

Ese es el aprendizaje: hay que anticiparse. Ni Sánchez puede marcar los tiempos, ni Cantabria puede ir otra vez a su rueda, porque si es así, llegaremos tarde, tarde, esta vez, a la recuperación económica de Cantabria.

Cierto que la incidencia de la Covid-19 ha sido menor en la región porque nuestro estatus periférico y la geografía han hecho de medicina en muchos casos.

Cierto que no hemos vivido situaciones de colapso asistencial porque nuestro sistema autonómico de salud ha respondido bien y estaba preparado para afrontar esta emergencia gracias a los años de gobierno del Partido Popular.

Con un IDIVAL creado y acreditado que nos ha permitido hacer más PCR que otros, con un hospital de Liencres reabierto y reformado y con un grandioso Valdecilla, por fin terminado.

Y menos mal que lo hicimos porque, sin todo eso, Cantabria no hubiera podido responder a esta crisis como lo ha hecho.

Imaginen cómo habríamos afrontado el COVID-19 con Valdecilla en esqueleto y la Residencia desvencijada. Una pesadilla inenarrable.

Sr. Revilla. Han tardado ustedes 30 años en reconocer que una obra contra la que convocaban movilizaciones fue un acierto para Cantabria. Espero que no tarden otros 30 en admitir que acertamos con el hospital.

Ahora todos nuestros esfuerzos deben centrarse en avanzar de forma segura hacia la normalidad, sin pasos atrás; en mantener abierta la sociedad para que la economía pueda funcionar a plena capacidad. Para eso, generar expectativas, certidumbre y sobre todo seguridad, importa y mucho.

Ya está habiendo rebrotes, pero no podemos volver a paralizar la economía con medidas de confinamiento general. No nos lo podemos permitir como región ni como país, porque la ruina económica activaría otros virus igual de peligrosos que el Covid-19.

Sabemos lo que ha fallado y sabemos cómo evitarlo, razón por la que seguimos insistiendo en la necesidad de disponer de información para no ir a ciegas, de medidas de protección eficaces y de prevenir y adaptar nuestro sistema sanitario y de atención a la dependencia a futuras pandemias.

Demandamos un mapa de seroprevalencia más preciso, test masivos y fiables a la población y pruebas periódicas al personal sanitario y de las residencias que permitan la detección precoz y un rapidísimo control; un depósito centralizado con reservas estratégicas de material y, por supuesto, un plan de refuerzo de la capacidad asistencial de atención primaria, ahora en primera línea.

Esa es la primera exigencia para reactivar nuestra economía, un desafío de grandes proporciones para el que cuenta usted con el Partido Popular.

Un Partido Popular firme y en su sitio, no ingenuo ni blandito; un Partido Popular propositivo y realista que va a seguir diciendo lo que pasa pero, sobre todo, lo que queremos que pase en Cantabria. Al lado de cada problema, una solución y una propuesta. Responsabilidad toda y demagogia y populismo cero.

Esa ha sido y va a seguir siendo nuestra máxima frente a los que optan por la política de la división y la crispación en la que solo gana Sánchez.

Nosotros sí tenemos perfectamente claros los límites que en la disputa política deben regir y lo hemos demostrado.

Hemos apoyado todas las medidas de contención del coronavirus, hemos aportado soluciones para que lo que no ha funcionado lo hiciera y hemos hecho un esfuerzo importante para mejorar su plan de choque. Medidas como el aplazamiento de impuestos, el cheque autónomo o el anticipo del pago de los ERTES son propuestas del Partido Popular.

Hemos ayudado a parar el primer golpe, pero ha llegado el momento de pasar a la siguiente fase y reaccionar con urgencia ante la magnitud de la recesión en la que ya estamos inmersos.

No hay un solo organismo que no haya empeorado sus previsiones económicas.  Hoy sabemos por expertos como el Grupo de Economía de la Salud de la Universidad de Cantabria que la caída del PIB regional este año puede ser superior al 12% y que existe el riesgo de un paro desbocado hasta el 2022, una catástrofe sin precedentes de la que costará recuperarse al menos tres años.

De momento, la factura del daño económico es abultada. Nuestra región ha sufrido el desplome de la hostelería y el turismo, del comercio minorista, del sector cultural y de las industrias más afectadas por el deterioro del mercado global.

Y tras los datos de coyuntura, personas. Casi 44.000 parados, 40.000 trabajadores afectados por ERTEs de los que una parte importante irá al desempleo y más de 20.000 autónomos acogidos a las ayudas por cese de actividad que, en muchos casos, no van a poder remontar, porque todos sabemos que lo peor está aún por llegar.

En definitiva, miles de hogares que han perdido al menos el 30% de sus ingresos habituales y, en muchos casos, más; miles de personas que están esperando a que su Gobierno se levante y empiece a construir.

Señores del Gobierno, no hay excusa para no empezar a abordar mañana mismo la recuperación económica de Cantabria que es hoy el único programa de legislatura posible.

Y tengo que confesar que me preocupa e incluso solivianta verles, tres meses después, en modo espera. Sr. Revilla, lo ha vuelto a decir esta mañana, que sigue esperando. Pues no, tiene que ser ya.

Todo el mundo tiene un plan. Aragón tiene un plan, Galicia tiene un plan, Castilla y León tiene un plan, mientras Cantabria no tiene plan.

Parece que la única misión de la autonomía de Cantabria en esta vida es esperar al Gobierno Central ¿Y qué pasa con nuestras competencias, con la iniciativa propia, con nuestros presupuestos y la inversión que seamos capaces de movilizar con ellos?

Si todo lo que tiene que hacer la autonomía está en Madrid, con los diputados y senadores es suficiente y todo lo demás sobra, incluidos nosotros, pero si realmente creemos en la autonomía y el autogobierno, ejerzámoslo con más energía real y no sólo verbal.

No hay poder sin responsabilidad y tienen ustedes una muy grande: liderar y consensuar un verdadero plan para la recuperación económica de Cantabria.

Un plan para hacer una transfusión de sangre a nuestro tejido productivo, no para inyectar morfina a la sociedad; para invertir y activar fuentes de riqueza, no para vivir una orgía de gasto público improductivo, no para engordar el aparato político o administrativo, como si el Gobierno de Cantabria fuera la agencia de colocación del Partido Socialista, sino para atender la economía de la gente.

No nos equivoquemos. Tenemos que concentrar todos los recursos en activar nuestra economía productiva, en ayudar a sobrevivir a nuestro tejido empresarial y generar oportunidades para todas aquellas personas que quieren trabajar y no pueden, porque de esta crisis o salimos de la mano de las empresas o no saldremos.

Esa es la Cantabria a la que hay que resucitar porque es el movimiento económico de esa Cantabria el que genera riqueza y llena las arcas públicas, porque esa es la mejor política social y la única manera de sostener nuestra sociedad de bienestar. Apoyemos a quienes crean empleo.

Necesitamos ese Plan además porque la autonomía tiene que ser la coordinadora del esfuerzo de reconstrucción.

Hay que comprometer al Estado, no con vagas palabras, sino con una tabla Excel de inversiones con financiación y calendario.

Hay que diseñar una política propia productivista que dé confianza a empresarios, inversores y trabajadores.

Hay que coordinar con los ayuntamientos actuaciones y emprender obras públicas de inmediato.

Se necesita un gran pacto entre partidos y entre Administraciones contando con los agentes económicos y sociales que se enfrentan cada día a los problemas. Y se necesita ya.

Sr. Presidente, si consensuamos con usted ese plan económico y las directrices presupuestarias para el periodo 2020-2023 estaremos en condiciones de votar a favor de cada presupuesto anual siempre, claro está, que ese pacto se respete con lealtad.

Hablamos de medidas estructurales mantenidas en el tiempo, no de remiendos. Y sin plan de recuperación no hay presupuesto que valga.

Atento a lo que decimos: Plan de recuperación, directrices presupuestarias para lo que resta de legislatura y Presupuestos garantizados hasta 2023.

Usted es el Presidente, así que usted es el responsable de convocar, negociar y rematar y, si no lo hace, en su “debe” quedará.

Ojo Sr. Revilla, que ya no navega usted con viento a favor: los hogares y los negocios están sufriendo y no se van a conformar con pases de pecho televisivos.

Recuerde usted 2011, porque mucho me temo que esa sensación social se quedará pequeña en comparación con lo que va a suceder el invierno próximo.

Y usted ya no puede culpar a nadie. Sus socios gobiernan en Cantabria y en España y la gente sabe a quién tiene que pedir cuentas.

El Partido Popular ha demostrado que se puede liderar la oposición siendo a la vez constructivo, aportando análisis y estando permanentemente al servicio de Cantabria.

Reactivar Cantabria. Esa es la única urgencia y necesidad del Partido Popular.

Nosotros no tenemos ningún interés en el Gobierno. Nosotros no pedimos cargos ni consejerías a cambio de ese compromiso. Tan sólo ofrecemos estabilidad y pedimos cambio en unas políticas de izquierdas que Cantabria no quiere y que no funcionan.

Y es que hay otras fórmulas, Sr. Presidente, para enderezar el rumbo de Cantabria muy diferentes a la fórmula del desgobierno que usted ha implantado obcecadamente en este último año.

Cantabria tiene que cambiar el rumbo y el principal responsable de ese cambio tiene que ser usted.

Por nuestra parte, y como a usted le consta, plena disposición a ayudar.

Vamos a seguir arrimando el hombro con todos aquellos empresarios, profesionales y trabajadores que con tanto esfuerzo sacan Cantabria adelante y aportando como siempre nuestras ideas, nuestra experiencia de gestión, la moderación, el diálogo y resultados.