Las crecientes dificultades del sector de la construcción para hacerse con material debido a su repentino encarecimiento y a la falta de suministro se han convertido casi de la noche a la mañana en uno de los mayores rompederos de cabeza para el Ayuntamiento de Gijón. Estas serias dificultades, que obviamente afectan al resto de Asturias y a otras zonas de España, tienen en la ciudad una especial incidencia porque han obligado a retrasar o directamente a aparcar algunas de las actuaciones más significativas del mandato municipal. Las alarmas saltaron cuando, tal y como desveló LA NUEVA ESPAÑA a finales de julio, la concejalía de Urbanismo anunció la paralización sine die del llamado plan de barrios degradados, que tenía previsto reformar varios bloques que suman 650 viviendas en mal estado en Contrueces, Portuarios, Tremañes y Monteana. Desde entonces, el reguero de contratiempos no ha hecho más que crecer: la construcción del pozo de tormentas del parque de Hermanos Castro ha sufrido un severo retraso, el plazo para la remodelación de la fuente de la plaza del Carmen ha tenido que ampliarse y al concurso de intervenciones destacadas, como el cambio de la cubierta de El Molinón o la reforma del tránsito de las Ballenas, sólo se ha presentado una firma. Los responsables municipales han respondido de momento con soluciones aisladas. Pero la gravedad de la situación exige idear un plan general, en diálogo con todas las partes afectadas.
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