Columna Invitada

Ser vegano es una elección de vida que
implica mucho más que un tipo de dieta en la que quedan desterrados todos los
productos de origen animal (tanto para comer como para vestirse). Es también
asumir una posición de repudio y oposición al maltrato y la explotación animal.

La madre de Helena consulta con un gran
sentimiento de culpa por no haber advertido antes la situación: La niña de doce
años, perdió cuatro kilos de peso en tres meses porque de manera silenciosa
decidió realizar un cambio drástico en su alimentación aspirando llegar a tener
una dieta vegana. La define como una niña muy sensible y permeable a la
indefensión de los demás seres vivos, sean del reino que sean. Su sueño es
tener un campo muy grande para alojar a todos los perritos callejeros que se
cruzan cada vez que sale de su casa. Poco preocupada por su salud, consulta a
sugerencia de su madre quien decide acompañarla en su decisión de convertirse
en vegana.

Así como Helena ya está sufriendo las
consecuencias de esta modificación, una de ellas una amenorrea que padece desde
hace dos meses, muchos otros niños con estos ideales, también lo están o van en
camino. Poseedores de un tipo de relato que, de acuerdo a la edad, va de menor
a mayor grado de elaboración y complejidad, nos dicen: «Que no quiero que
maten más animales», «que te estás comiendo una vaca que estaba en el
campo con su familia», «que esa gente (productores de ganado) está
destruyendo el planeta», «que el nivel de cortisol por el stress que
atravesó la vaca (por no cumplir con protocolos de bienestar animal), lo
ingerimos», etc., etc. Podría continuar citando motivos, pero éstos son
los más insistentes a la hora de adentrarse en las razones que llevan a niños
de entre nueve y doce años a exiliar la carne y o productos de origen animal de
sus dietas.

Si bien estas ideas han estado siempre
presentes en el modo con la que una persona adulta se relacionaba con los
hábitos alimentarios, el elemento nuevo y alarmante es que este discurso está
siendo adoptado, recreado e implementado por niños.

Incentivados en muy pocos casos por los
propios padres que llevan este tipo de dieta, la decisión es compartida y
generalmente se maneja con los recaudos necesarios para no perjudicar la salud
del niño. Pero muchas otras veces, los padres se anotician de este cambio
cuando comienzan a detectar rarezas en los hábitos de alimentación que el niño
tenía anteriormente o cuando lo ven extremadamente delgado porque, de manera
silenciosa, sin consentimiento alguno de sus padres, comienzan a llevar hábitos
poco cuidados y muy riesgosos disminuyendo las porciones de comida u omitiendo
ciertos alimentos, sin decir explícitamente cuál es la razón por temor a ser
censurados.

Sumado a esto, un elemento que no es menor:
Las redes sociales son instancias muy influyentes sobre estos temas ya que
entre los usuarios circulan fotos y videos acerca del maltrato animal y, en
consecuencia, se promueven y difunden recetas de cocina para llevar un tipo de
dieta vegana.

Ante esto, la pregunta que surge en los
padres es: Qué posición tomar ante este nuevo «ser» de su hijo. En
principio debo aclarar que indudablemente no tendrá la misma significación en
todos los casos. En algunos, puede aparecer como un rasgo de identificación a
los propios padres o de respuesta al deseo de ellos, pero, en muchos otros, de
diferenciación, ya que, buscando otros modelos de identificación eligen este
nuevo modelo que les otorga un «ser”, al que se aferran «descarnadamente»
sin saber si es realmente lo que quieren.

Difícil y nocivo es hacer comer a un niño
algo que no quiere. Cuestionarlos ante la negativa, es lo más común,
censurarlos, también. Ante esto, a mi criterio nada conducente, yo les haría
una propuesta: cambiaría los dos verbos anteriores y los sustituiría por
escucharlos, hasta donde como padres, claro, puedan hacerlo, ofreciéndoles, y
ahora sí, imponiendo como condición, el recurrir a la ayuda de los
profesionales adecuados para llevar adelante la decisión con el cuidado que
amerita.

Aceptar la diferencia es uno de los desafíos con que el ser padres nos enfrenta. Diferenciar los deseos propios de los de nuestros hijos es nuestra tarea, sin dejarlos solos en el camino.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más de la autora:

La entrada Pequeños cuidadores descuidados se publicó primero en El Siglo Guatemala.

Ir a la fuente
Author: Paula Martino