Qué necesaria es Patria. Qué impactante. Qué sobrecogedora. Qué dura. Y qué magistral ejercicio de televisión.

En los últimos tiempos, la televisión, o mejor dicho, las series de las plataformas de streaming, están siendo el refugio donde muchos directores de cine encuentran la oportunidad de seguir trabajando. Ha ocurrido con Rodrigo Sorogoyen en Antidisturbios, Leticia Dolera en Vida perfecta, Koldo Serra y Miguel Ángel Vivas en La casa de papel, o Javier Calvo y Javier Ambrossi en Veneno (aunque la dupla de «los Javis» tenían mucha menos experiencia en lo audiovisual), entre otros.

En Patria, es Félix Viscarret quien ha tomado las riendas de la producción, y no sólo es el mejor trabajo del realizador de Bajo las estrellas, sino que es el trabajo de una vida entera, y la confirmación definitiva de que nos encontramos ante un momento absolutamente dorado de las series españolas.

Patria es un regalo. Una lección de vida. Un canto a la reconciliación. Una historia contada desde el punto de vista de dos bandos, que no juzga y que presenta en igualdad de condiciones narrativas, pero que jamás olvida a quiénes son las auténticas víctimas ni matiza o endulza en discurso abertzale y de los asesinos. Y sobre todo, un recordatorio de lo poco o nada que sabemos en general de ETA.

Viendo Patria, no cabe sino reconocer que ayudara a las personas que no son de Euzkadi, muchas personas no saben nada sobre cómo se vivía en esos pueblos, sobre cómo se sentían personas como Bittori o Txato, sobre la extorsión, las amenazas y las continuas muestras de odio, en las propias calles del pueblo, en los comercios en los que se ha comprado toda la vida, y en las caras de los vecinos de siempre.

Son tantas las escenas que ponen los pelos de punta, tantos los momentos de rabia e impotencia que experimenta el espectador, tan grande el nudo en la garganta con que se visiona la serie en muchos ratos que es, sin duda, una serie muy difícil de ver. Durísima. Sin concesiones. De esas producciones que, todavía días después, dejan al espectador pensando y, por qué no, sufriendo por lo visto y vivido en sus episodios.

Todo esto podría quedar en nada si la serie no fuera buena, pero es que además es excelente, absolutamente magistral en todos los departamentos técnicos y artísticos. Viscarret filma con un aplomo, una elegancia y una pericia espectacular (ver el plano en que los dos etarras se acercan al Txato bajo la lluvia, o cuando Bittori sale a la calle tras escuchar el disparo), y la serie cuenta con una fotografía, un montaje o un maquillaje absolutamente espectaculares, que demuestran los profesionales excepcionales que trabajan en el medio audiovisual en España.

Y sin duda, la joya de la corona son los actores. Muchos de ellos, desconocidos para el gran público (lo que demuestra la absoluta injusticia que se ha vivido y se vive, en un mundo cinematográfico como el español, donde cuatro se reparten buena parte del pastel). Todos ellos, maravillosos. Lo de Elena Irureta y Ane Gabaraín es pura antología. Si se llamaran Glenn Close y Meryl Streep se llevarían todos los premios del mundo y se estudiaría su trabajo en todas las escuelas de interpretación.

Es alucinante cómo se han mimetizado con Bittori y Miren, respectivamente, cómo Irureta plasma ese dolor callado de Bittori, pero también su valentía y determinación, mientras Gabaraín defiende lo indefendible del personaje de Miren también con enorme dignidad, sin juzgar y, sí, siendo la única que muchas veces rompe los silencios. Patria es una historia de silencios. Del de todos nosotros, como sociedad y como país.

Pero sería sumamente injusto olvidar el esfuerzo titánico de una monumental Loreto Mauleon, cuya Arantxa es el alma de la serie (ver cada enfrentamiento con su madre, o cuando habla con Bittori en la calle), o de Jon Olivares como Joxe Mari, o un soberbio Mikel Laskurain como Joxian, personaje que representa a los que se vieron arrastrados a la tragedia sin saberlo, encontrándose de pronto en un bando al que realmente no querían pertenecer, atenazados por el miedo y la culpa (o la cobardía, como le dice Txato, un excelente José Ramón Soroiz).

Patria es una lección de historia, ética, filosofía y comunicación audiovisual sobresaliente. No sería arriesgado ni atrevido decir que es la serie española del 2020, porque con certeza ha superado todas las expectativas desde su estreno en el Festival de San Sebastián. Majestuosa de principio a fin, sorprendente en cada plano y en cada frase del guion, Patria es, sin duda, una maravilla audiovisual.Imprescindible y magistral.

Patxi Álvarez