El dibujo y la montaña son las dos grandes pasiones de César Llaguno. Sin mucho ruido ha ido construyendo una singular trayectoria en la que ha ido conjugando ambas vocaciones. A pesar de su larga carrera es prácticamente un desconocido en el mundo del cómic, algo que esperamos que pronto se empiece a solventar. Con ustedes, César Llaguno / Una entrevista de Kike Infame y Mikel Begoña

¿Cuáles fueron las lecturas que hicieron que quisieras ser dibujante?

No se si fueron tanto las lecturas como el propio dibujo, que creo ha sido el hilo conductor en todo lo que he hecho siempre (creo que exagero un poco, pero de pequeño recuerdo dibujar, estudiando recuerdo dibujar, mi primer trabajo fue enseñando dibujo en una escuela taller…siempre he sentido admiración por la gente que dibujaba bien). Supongo que pasé mucho tiempo con la colección de cómics que tenia de niño, que era un bloque cerrado que leía una y otra vez: todo Tintin, todo Asterix, todo Lucky Luke…era difícil sacarme de ahí. Dependiendo de la época me gustaba más uno u otro, pero creo lo que más he dibujado son luckylukes…

Como el reciente Premio Nacional de Cómic, Javier de Isusi, estudias arquitectura pero te decantas definitivamente por las viñetas.

Javi y yo fuimos compañeros estudiando arquitectura. Creo que él tenía claro que iba a decantarse por las viñetas. Yo me lo planteé después de ejercer unos años. Creo que nunca me vi demasiado en el mundo de la construcción. Entonces no fui muy consciente, pero Javi acababa de publicar en esa época “La pipa de Marcos” y para mi fue un impulso… me acuerdo que enseguida le llamé –habíamos perdido el hilo cuando el dejó el estudio para empezar su viaje por Latinoamérica– para que me contase de qué iba aquello de dedicarse a la ilustración. Que alguien  tan cercano como era Javi hubiese publicado el cómic desde luego me animó a pensar en el dibujo como ocupación… dedicarme a algo que de verdad me importase.

 La montaña siempre ha estado presente en tu trayectoria. ¿De dónde viene esa fascinación?

Tuvimos una época muy loca de escaparnos a Pirineos cada dos por tres, incluso nos planteamos mudarnos. Nunca he subido una montaña a la que haya necesitado encordarme pero supongo que siempre he tenido esa visión algo romántica de la montaña como aquel lugar al que vamos a hacer cosas que no hacemos aquí abajo: portarnos mal o pasar las horas en babia… Pasé toda la veintena sin pisar casi una piedra pero también estaba la fascinación por el personaje que está a medio camino entre la montaña y el dibujo: las alucinantes ilustraciones de los primeros pirineistas: Russell, Schrader, Ramond…, o Eduardo Martínez de Pisón por ejemplo, con un pie en la montaña y otro en el papel. Fabulaba con especializarme en reproducir esos dibujos desde el punto de vista del cómic, con el trazo de Tintin en el Tibet (¡casi nada!).

Es un tema muy presente en nuestra cultura pero que no ha tenido un gran seguimiento en el medio.

Si, y en general la bibliografía es muy limitada, algo amateur a veces. Cuando buscaba documentación o leía sobre montaña echaba en falta un dibujante de referencia. Normalmente era montañeros aficionados al dibujo o dibujantes a los que a veces les faltaba ese contacto directo con el material. Con el tiempo he ido descubriendo que sí que los había pero yo no los conocía. Un referente clarísimo para mí en esa época es Samivel.

En tu trabajo es esencial la relación con la editorial Sua, especializada en el sector. ¿Cómo nace la relación?

Yo solía leer habitualmente el mundo de los Pirineos y alguno de los libros clásicos de la editorial, sobre todo Pirineos: “1000 ascensiones”, de Miguel Angulo. Me llamaba la atención que apenas hubiera dibujos en las revistas, una tira cómica, apenas algún chiste de relleno. Me imaginaba como sería publicar un dibujo en esas páginas. Cuando tuve algo de material de montaña acumulado les envié un portafolio, así contactamos. Les gustaron algunos dibujos (otros no) y me dieron la oportunidad de publicar con ellos (por lo que estaré eternamente agradecido a la editorial Sua).

Comienzas a publicar en las revistas “Euskal Herria” y “El mundo de los Pirineos”.

En “El mundo de los Pirineos” arrancamos con una lámina a toda página y en “Euskal Herria” con una página que era una tira cómica (o pretendía serlo) en cuatro viñetas. Entonces me di cuenta de lo verde que estaba y de lo que me iba a costar encontrar un tono y un estilo.

Posteriormente comienzas a publicar en la revista “Oxígeno”, en la que multiplicas las colaboraciones en otros registros.

Contacté con “Oxígeno” cuando llevaban publicados veinte números. Es una publicación joven y en ese momento estaban aún creando nuevos contenidos. Para mi, además de la oportunidad de dibujar por un tubo, fue (y sigue siendo) una escuela de ilustración. Dentro del mundo de la montaña y los viajes, se me presenta la oportunidad soñada de abordar temas de lo más variados: bosques, océanos, montañas, retratos (desde Messner a Jane Goodall o Thoreau) y en diferentes formatos: reportajes, cabeceras, la ilustración del editorial…hasta llegamos a sacar una portada en el número 100. Después de tantos números creo que seguimos con el espíritu algo juguetón de aquellos tiempos.

Para ellos realizas un primera acercamiento en cómic al Everest y la biografía de Amudsen.

Pues sí, son ellos los que me proponen hacer un pequeño cómic para las páginas centrales de la revista contando la –increíble- historia de Maurice Wilson, que intentó llegar al Everest en avioneta (por lo menos acercarse lo máximo posible a la cima, para acabar el último tramo a pie). Ahora veo aquellas páginas y me dan un poco de miedo, por el atrevimiento (aunque me sigue pasando con las que hago ahora). Pero seguimos con ello porque para el centenario de Amundsen de nuevo hicimos un cómic de ocho páginas para celebrarlo.

En ambos casos desarrollas el guión. ¿Cómo afrontas este nuevo reto?

El guión era un reto pero también el dibujo. No era lo mismo dibujar una tira cómica o  una ilustración que contar una historia en viñetas. Me lo planteé intentando utilizar el menor número posible de elementos, cada página llevaba seis viñetas iguales y el guión era más una narración que iba repartiendo a medida que avanzaba con las viñetas. No era tanto un cómic como unas cuantas ilustraciones que acompañaban un texto. Pensé que a partir de esos mínimos ya iría introduciendo nuevos elementos cuando fuese necesitándolo y me surgiese la pregunta: “¿cómo resuelvo esto?”.

 Comienzas a dibujar los artículos de Simón Elías, “A pie de vía”.

Si, también en “Oxígeno”. Hasta entonces había hecho el dibujo que acompañaba el editorial, pero normalmente era tema libre (un lujo, por otra parte) pero me proponen hacer la ilustración que acompaña al artículo de la sección de Simón, “A pie de vía”, que se incorpora como colaborador a la revista. Tuvimos que encontrar el tono que le fuese bien al artículo y para mi fue un –nuevo- reto tener que ilustrar una historia concreta. Por otra parte fue un gustazo porque conocía –y me encantaba- el trabajo de Simón como escritor (conocía solo superficialmente su trayectoria como alpinista). Creo que sus artículos y textos trascienden el mundo de la montaña y desde luego exploran caminos poco frecuentados en la literatura de montaña.

Posteriormente buscáis ampliar la colaboración para realizar cómics de forma conjunta.

Se lo propusimos a “Oxígeno”. La colaboración del artículo iba bien y pensamos que podría funcionar si hacíamos algo mas largo. No teníamos nada concreto en mente. Empezamos con una historia en el Cañón de Colorado (los dos somos muy fan de Blueberry, yo creo que nunca he ido más allá en mis lecturas de cómic. Algún día conseguiremos acabar un Western a medio hacer que tenemos por ahí, espero) “Cañón adentro” y la serie “El valor del fracaso”. Para Simón eran también sus primeros guiones. Recuerdo que los primeros eran largos textos que íbamos adaptando de alguna  manera a las viñetas, sin ningún diálogo. Creo que seguíamos con aquel espíritu de “ya veremos como resuelvo esto, vayamos haciendo” y con el formato de viñetas ilustradas. Por otra parte, creo que es el formato en el que más a gusto me siento. Lo pasamos muy bien aunque también tenemos una dedicación algo guerrillera, con largos parones entre entregas.

 Para la revista “Alpinist” creáis el personaje de  M. Poireau que desarrolláis en la revista “Oxígeno” más adelante.

Contacte con “Alpinist” porque es una reputada revista de montaña que cuidaba mucho la parte gráfica, tanto en la portada, en la que a menudo publican dibujos, como en el interior. Eso me llamaba la atención. Nos propusieron un cómic de una página y Simón creó el personaje de Monsieur Poireau, el señor puerro, un guía de montaña cincuentón de la Compañía de guías de Chamonix (“hace treinta años que soy guia de montaña, el frío me entusiasma, me gusta ir por la vida con los pezones duros como el pedernal”, así se presenta el personaje).

“Alpinist” lo planteó como una colaboración puntual, pero el personaje nos enganchó, en “Oxígeno” les interesó (otra vez) y lo retomamos unos meses después de publicarse en “Alpinist”, con el mismo formato. Vamos por la entrega numero veinte. Seguimos probando y seguimos aprendiendo. El formato condiciona mucho la narración, son dieciseis miniviñetas en una página. Empezamos, como siempre, sin apenas bocadillos, pero últimamente nos estamos adentrando en el terreno del gag, con un par de entregas sin apenas diálogos.

En 2014 nace la revista «Trailrun”, en la que también participas.

Es la revista hermana de “Oxígeno”, fue algo bastante natural porque empezaron compartiendo redacción.

 Alternas diferentes trabajos, desde un pequeño cómic sobre la Guerra civil en Balmaseda a un libro con Alex Txikon.

Sí, un proyecto de la asociación memorialista Balmaseda 1937, con un formato muy modesto pero que es un proyecto muy interesante en la que el colectivo balmasedano trata de recuperar la memoria de lo que sucedió en Balmaseda durante la guerra. Normalmente, cuando acabo las páginas de un tebeo siempre quiero volver a redibujarlas todas, pero en esta ocasión estaba justificado, porque a medida que avanzábamos seguía apareciendo información y nuevos testimonios. Se alargó mucho en el tiempo pero algún día teníamos que parar. Seguramente volveremos sobre ello. Gráficamente era muy interesante porque suponía dibujar señores de manos grandes en uniforme en las montañas (en un principio iba a estar muy centrado en la batalla de Kolitza).

El libro de Txikon surgió con Sua poco después de acabar el cómic de “Everest”. Es un libro ilustrado escrito en euskera por Unai Ormaetxea en el que el personaje principal es Alex Txikon. Creo que ilustrando el libro me he sentido menos intruso que dibujando cómics, más en mi salsa.

En 2017 comienza la relación con el festival Mendifilm de Bilbao.

Conocía el festival pero no me había animado a escribirles, estando tan cerca… y al final me animé porque también me daba la sensación de que el Mendi trascendía el mundo de la montaña (me llamó la atención el cartel del festival en 2014  “Licencia para matar”, de Clint Eastwood). Ese primer año proyectamos una escenografía para la jornada de inauguración, aprovechando que era el décimo aniversario del festival. También salieron varias ideas de pasada y una fue hacer un cómic sobre el alpinismo vasco.

Un año después desarrollas con Ramón Olsasagasti en cómic “Everest, Todo un pueblo en la cumbre”.

Así es. Creo que la idea les rondaba desde hacía tiempo, pero ese año coincidieron varios factores y el proyecto salió adelante…En el Mendi tenían muy claro que el guionista iba a ser Ramon Olasagasti, y también que el primer cómic que teníamos que abordar sobre el alpinismo vasco tenía que ser la ascensión de 1980.

La obra refleja la primera expedición vasca que hizo cumbre en la montaña.

Una expedición de otra época, todavía con el espíritu de aquellos pioneros: ingleses, polacos…un grupo muy grande y jerarquizado en lo que importaba era sobre todo hacer cumbre…si uno conseguía cima se consideraba que todo el grupo había hecho cima. Es una ascensión con una carga simbólica muy fuerte, desde luego un hito del alpinismo vasco.

 ¿Cómo es el trabajo con el guionista?

Nos encontramos dos principiantes haciendo viñetas. Para Ramon es también su primer guión. Solemos trabajar a ritmo de ping-pong. Ramon escribe unos guiones muy abiertos respecto a los dibujos. Él me envía el texto sobre el que después yo desarrollo los primeros bocetos. Se los devuelvo o los ponemos en común y así vamos lanzando de uno a otro y el borrador se va definiendo cada vez más. Normalmente acabamos teniendo dos borradores y una última versión a tinta. Yo dibujo siempre muy tranquilo porque sé que Ramon va a estar ahí para corregir cualquier asunto montañero al que yo no llego, bien técnico o de estilo…

El libro tiene una mayor longitud que las colaboraciones que venías haciendo hasta la fecha. ¿Cambia mucho el trabajo?

Realmente creo que no cambia tanto. El método de trabajo es el mismo, aunque sí que intento hacer una –al menos mínima- planificación de todas las páginas del tebeo.

El libro ha conseguido salir de los cauces habituales del alpinismo.

En un principio pensamos en el libro para un público montañero, pero creo que la relevancia de lo que se cuenta es  tal (mucho o poco, a todos nos suena algo la historia) que posiblemente haya conseguido salir algo del círculo. Sea una obra mejor o peor, es un libro que queda ahí también como documento. El libro tiene un tono a veces didáctico,  está pensado también para un público juvenil que no conoció la ascensión de primera mano, sé que en algún instituto se ha utilizado como libro de lectura.

Vuestro posterior trabajo será aún más ambicioso. En “Hermanos Iñurrategi” repasáis la vida de los famosos escaladores.

En los dos casos he tratado de no pensar mucho –para no venirme abajo- en la responsabilidad de cara a la comunidad montañera que suponía plasmar en dibujos tanto la ascensión vasca al Everest como la trayectoria de los Iñurrategi…

Para desarrollar la narración entabláis un diálogo con miembros de la Fundación Baltístan, con la que los hermanos tienen una especial relación.

La fundación Baltistán originalmente se llamaba fundación Felix Iñurrategi Baltistán, como homenaje a Felix. El compromiso que los hermanos se va ampliando a lo largo de los años y va cristalizando en todos los proyectos que la fundación trata de llevar adelante. Hay una vinculación muy especial con el puebo baltí, que yo he conocido además de primera mano a través de Ramon, que esta involucrado en actividades de la fundación aquí en Euskadi

Si antes comentábamos que “Everest” supuso ampliar el número de páginas, en esta ocasión tenéis que ampliar a más del doble la longitud de la obra.

88 páginas dibujadas…los Iñurrategi tienen una larga trayectoria que narrar. Y Ramon a veces lamenta de haberse dejado varias ascensiones en el tintero (risas).

Frente a un acercamiento más documental tenéis que desarrollar nuevos recursos para narrar las diferentes gestas de los hermanos jugando con los tiempos.

“Everest” era un relato más lineal, el clásico itinerario aproximación-intentonas-cima. Sin olvidar que uno de los objetivos de los dos libros es documentar las actividades alpinas, en el libro de los Iñurrategi, Ramon ha dado varios saltos en el tiempo: es Alberto quien cuenta la historia desde 2017, en los momentos previos a una ascensión (que también se recoge en el cómic), junto a un personaje de ficción, Shazia, del que se vale para tratar todos los temas relacionados con Baltistán y como dices, jugar con los tiempos.

En esta ocasión cuentas con la colaboración de Felipe H. Navarro que no solo se ocupa del color sino también de la rotulación de la obra.

A Felipe lo tenía fichado desde hace tiempo, me gustaba mucho su trabajo y lo seguía en las redes. Me ayudó con la rotulación para el cómic de la guerra civil, y yo lo seguía de reojo en su faceta también de colorista, pensaba que su forma de colorear podría quedar bien con mis montañas. Supongo que sin planteármelo demasiado en serio hacia planes para algún día poder hacer algo juntos. Desde el Mendi y la editorial Sua han sido también más ambiciosos a la hora de plantear el proyecto de Iñurrategi (también con la traducción al castellano, en la que ha colaborado Ander Izagirre) y entonces surgió la oportunidad de que Felipe entrase a formar parte del proyecto. Qué voy a contar, los colores le dan a mis dibujos una dimensión que no sabía que tenían.

¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de la obra?

El año pasado fue complicado para todos y fuimos avanzando Ramon y yo en un borrador que mas o menos dimos por definitivo al comienzos del verano. A partir de ahí empecé a dibujar a tinta y Felipe a colorear. Ha sido un sprint final muy largo en el que tratábamos de hacer diez páginas a la semana. El confinamiento fue un poco lastre a lo largo del año pero en este verano tan raro pienso nos vino bien porque estuvimos centrados en el cómic de forma casi obsesiva. De otra manera no lo habríamos acabado a tiempo.

¿Cómo te ocupas de la documentación?

Hoy me documento fundamentalmente en internet, lo normal. Para los primeros dibujos con Sua aún utilizaba libros de montaña (intentaba ampliar mi biblioteca a marchas forzadas) inclusos mapas y también fotografías propias (no me gusta distraerme cuando voy por el monte, incluso hacer fotografías me parece un lastre, tampoco dibujar… supongo que a veces dibujaba los montes que conocía de memoria). Para Pirineos la documentación era sobre un espacio que me era familiar pero cuando empecé a dibujar con “Oxígeno” pase a buscar toda la información en internet. Las imágenes dan siempre una visión sesgada de las montañas pero sería imposible documentarme sobre la Antártida o Sudáfrica, por poner dos ejemplos.

Para “Everest” y “Los hermanos Iñurrategi” he tenido siempre a mano publicaciones de la época. “Vascos en el Everest” de Felipe Uriarte y los libros de los hermanos,“Gure Himalaya” e “Hire Himalaya”. En estos libros hay algunas imágenes tan míticas que era imposible evitarlas. Con los hermanos hay muchísima información también en YouTube, piensa que incluso grabaron varias expediciones para EITB. En cualquier caso, Ramon es mi gurú en estos asuntos. Siempre me pasa todo el material que necesito. Por ejemplo, sobre Baltistán me facilitó documentos que yo nunca podría haber llegado a encontrar, o buscando alguna foto de algún personaje secundario imposible de localizar. En estos casos también hemos tenido la colaboración de Alberto para localizar alguna imagen en su archivo.

El libro se agota en un tiempo récord.

Sobre todo la edición en euskera. También pasó con “Everest”, hubo que sacar una segunda edición a toda velocidad para intentar llegar a reyes. Son temas muy queridos, especialmente este año con los Iñurrategi. Yo lo noté en la presentación del libro y en las sesiones de firmas (a pesar de lo contenidas que tuvieron que ser). Hay que tener también en cuenta que el libro sale en una fecha clave, en plena Azoka de Durango, mientas el festival se celebra en Bilbao, y dos semanas antes de la navidad…

Cuenta con una tirada inicial de 3.000 ejemplares, una cantidad superior a la habitual dentro del mundo del cómic, sin embargo da la sensación que el sector no se hace eco de ello.

El cómic, aunque puede que salga del círculo de lectores del festival y de Sua, está principalmente enfocado al circuito montañero. Si este año he llegado a verlo en la sección de lo más vendido en a Fnac o en Elkar ha sido porque los Iñurrategi despiertan mucho interés. No obstante, yo aspiro a que la colección, de seguir, pueda llegar a rascar el círculo del cómic, o que otro público, apenas interesado por la montaña, sea lector potencial de los libros. Se me ocurre, apuntando muy alto, a “La cumbre de los dioses”. Recuerdo haberlo leído buscando montañas y encontrarme con una historia apasionante, que puede interesar a cualquiera. Creo que en eso estamos todos los involucrados en e proyecto.

¿Te has planteado realizar algún trabajo de estas características in situ?

Me viene a la cabeza que Ramon estuvo en una expedición de Alberto Iñurategi (y con Juan Vallejo y Mikel Zabalza) en la cara norte del Everest, documentando la expedición desde el campo base. Desde luego sería un bonito viaje. Por otra parte, parece tan complicado. Imagínate, no estoy nada cómodo dibujando en la calle,  me gusta mi mesa y sus alrededores. Suelo almacenar información para después dibujarla pero me acostumbraría, seguro.

¿Cómo te ves en el futuro?

Relacionado con el mundo del dibujo de una manera o de otra, dibujando, en el mundo de la docencia… aunque realmente puedo verme de muchas otras maneras (risas) siempre con una cuartilla y garabateando.

¿Proyectos?

Parece que seguiremos trabajando en más hitos del alpinismo vasco…y también estoy metido con Felipe en otro proyecto relacionado con la montaña (parece que le ha cogido el gusto). Me encantaría retomar “El valor del fracaso” con Simón Elías y redibujarlo entero, acabar las dos partes que aún no he dibujado y darle forma de libro. A veces lo comentamos sin creérnoslo del todo, pero así empezamos con Everest…

 Infame&Co