No hablamos de extraditar a Puigdemont, más cadáver político que nunca en Cataluña, hablamos simplemente de picar la mesa y decidir si Europa quiere ser una grande y diversa, o simplemente una pequeña y confusa.

Ha sido la Fundación Konrad Adenauer, la segunda en Alemania con más de 500 trabajadores, quien ha tenido de explicar con claridad lo que representa el primer dictamen de la audiencia de Schleswig- Holstein sobre la extradición de Carles Puigdemont: “el comportamiento en Alemania frente al separatismo catalán será conocido como una de las causas próximas para el declive de la Unión Europea”.

El miedo, esa dichosa palabra, es más fuerte, a veces, que la ignorancia. Europa ha sufrido muchos a lo largo de su historia. Y en algunos casos, por ejemplo en 1938 con los acuerdos de Munich, se ha transformado en algo aún más caprichoso, el pánico. Un elemento que hace que las decisiones lógicas se conviertan en algo así como respuestas rebeldes. Y luego esa rebeldía en un tipo de hidalguía para huir del silencio.

El fin de Europa es el objetivo de los radicales. Puigdemont es consciente que sólo un gran conflicto puede llevar al cierre del momento más emocionante en la historia común de Europa. La política, las mercancías, incluso las personas en el viejo continente disponemos de unas ventajas inimaginables hace 50 años. Prácticamente sólo la Justicia y la Hacienda se han convertido en nichos inseparables al devenir de una frontera. Ambos disponen de los funcionarios más reaccionarios no sólo a perder su poder, sino sobre todo, a hacer algo tan básico en una sociedad moderna como aprender. Banqueros y jueces son los últimos mohícanos de la construcción de Europa.

Contra los primeros la Unión esfuerza sus acciones, contra los segundos, la eterna división de poderes, se convierte en su particular muro. El independentismo es conocedor que donde la política no permitiría un sólo salto al vacío, el poder judicial se moverá entre reinos de taifas para resguardar su posición. Los jueces alemanes no responden desde la ignorancia, no contestan con falso proselitismo, simplemente se comportan en medio del pánico al absurdo de perder un status que creen inviolable.

Un egoísmo judicial contra Europa. Jueces en Alemania, la pequeña corte regional, y luego la comisaria europea, un personaje perdido de la extinta Checoslovaquia, avanzan hacia la destrucción del continente con más tinos, y menos vergüenza que cualquier enemigo de la Unión Europea hubiera deseado. Aquí no hablamos ya del concepto euro-orden o no. No hablamos de extraditar a Puigdemont, más cadáver político que nunca en Cataluña, hablamos simplemente de picar la mesa y decidir si Europa quiere ser una grande y diversa, o simplemente una pequeña y confusa.

En la Konrad Adenauer hablaban del declive de Europa. Aquí pensamos ya en el pánico existente en Europa. Un continente donde nadie permitiría en sus fronteras adentro a un personaje siniestro como Puigdemont – en Alemania, como en otros países del continente, hasta su partido estaría prohibido -, pero donde nadie ha tenido las agallas de apostar con la voz por Europa para evitarlo. Y esos errores se pagan.

El último gran error europeo, fruto de un momento de pánico, fue el acuerdo de Munich de 1938 donde una Europa miedosa cedió al entonces incipiente gobierno alemán los “sudetes”. Entonces hablaban de paz, los violines sonaban, y el buen lugar común era creído como dogma de fe. Curiosamente la comisaria europea checa citada que hoy habla del acierto alemán, Vera Jourova, nació a pocos kilómetros de esa zona. Ya ven quienes se equivocaron una vez, vuelven a equivocarse, quienes lloraron una vez tienen pánico a volver a llorar y ceden hasta su libertad en nombre, dicen de todos

Al final, olvídense de razonamientos jurídicos, son tan claros que la Justicia sólo puede ser ciega. Piensen en que asistimos a algo que los catalanes ya tenemos hendido en venas. Esto no va de lógica, esto no va criterios, esto no va razonamiento, esto simplemente va del pánico que algunos habían logrado meter a otros, y que a diferencia de Cataluña donde luego del 8 de octubre hemos superado, en Alemania y Europa, empiezan a conocerlo. Y contra el pánico, como bien sabemos los catalanes respetuosos con la Ley, sólo vale un golpe de efecto. Aquí fue una manifestación, allí, en Alemania y en Europa, deberá ser, algo tan básico, como la información.

Expliquemos pues, desde ahora, y con más fuerza que nunca que hacen y que quieren los independentistas. Cualquiera que los escuche pensará que vienen de otro mundo. Y aunque no hay nada más humano que el pánico, también es cierto, que no hay especie con mayor capacidad de reacción ante un problema que las personas.

Sí los independentistas quieren internacionalizar el proceso que se haga ya. Pero explicando todo. Ya verán que pocos o muy pocos entenderán que en un Estado, por citar un ejemplo, el inicio de la escolarización no puede hacerse en el propio idioma del país. Menos entenderán que un comercio no pueda exponer su nombre en idioma de su país sin exponerse a una multa. O que se explique que la mayoría de parlamentarios vienen de apenas un 3% de las familias catalanas, o que los medios son huertos de cultivo de una minoría selecta que viven de los impuestos de todos. Les aseguro que informando las tonterías se acaban muy temprano. Y en 1938 había pánico pero no información, en el 2018 vuelve a haber pánico pero ahora podemos dar información.

 Publicado en https://gironanoticies.com por Carles Enric López/GN