Paciencia y prudencia

Hace una semana me referí a nuestras esperanzas de ver cumplidas las promesas electorales y a la confianza que debía inspirarnos el nuevo Gobierno para ganar credibilidad. Esta vez hacemos alusión a la paciencia que debemos desarrollar para no esperar soluciones rápidas, mágicas, y a la prudencia que debe caracterizar al nuevo Gobierno, porque tocará moverse por un sendero minado capaz de lisiarlo e impedirle moverse.

Una buena noticia es que el proceso de transición se está llevando con buen pie. Hasta ahora ambos equipos se reúnen en un ambiente cordial; salvo un pequeño traspié, es lo suficientemente diáfano para que la curva de aprendizaje se inicie rápidamente. En ese espíritu se vaticina la continuación de algunas buenas políticas y obras del Gobierno saliente —las hay— que deban concluirse; y ajustar las que lo merezcan. Es justo reconocer que ambos grupos están conscientes de que la campaña electoral culminó, solo que queda trabajar por el país.

Con nuestra transición ejemplar, observemos de reojo lo que sucede en la vecina República de El Salvador. Los electores, cansados de promesas vacías, de la corrupción, de ‘sobresueldos’ y del nepotismo, dieron a Nayib Armando Bukele Ortez el triunfo presidencial sin necesidad de una segunda vuelta. De solo 37 años y sin haber concluido estudios, Bukele fungió como alcalde de Nuevo Cuscatlán y de la capital, pasando en cinco años directamente a la Presidencia. Su discurso anticorrupción y antinepotismo caló en un electorado harto de la corrupción de Gobiernos de los últimos 30 años, cuando los tres últimos presidentes son investigados localmente, incluyendo uno que admitió haber saqueado al Estado a cambio de una reducción a su pena y otro exiliado en Nicaragua, acusado de robarse $351.0 millones del erario.

Hoy, con menos de 15 días en el poder, con una transición de cuatro días, el recién estrenado presidente Nayib Armando Bukele Ortez, haciendo honor a su nombre de pila, está armando un revuelo, cuyo estilo vaticina intranquilidad y sobresaltos. A partir del instante de su toma de posesión, mediante órdenes directas a sus ministros, inició una oleada de destituciones de funcionarios y nuevas contrataciones por tuits para ‘reordenar el Estado’. Entre ellas, ordenó a la ministra de Vivienda ‘remover al hijo del ex presidente de la República de Fonavipo’; a la ministra de Educación destituir 15 directores de Educación; al director de Innovación Tecnológica y con su salario contratar tres técnicos de 1100 dólares cada uno; ‘al ministro de Gobernación destituir al jefe de Procivilsv; al presidente CEL, William Granadino ‘remover de su cargo a Claudia Sánchez, hija del expresidente Sánchez Cerén, y no contrate reemplazo, enviando su plaza de 4000 dólares mensuales a ahorro institucional’; a la ministra de RREE ‘remover a José Mario Magarin Moreno’; ordenó ‘que se borre el homenaje al coronel Monterrosa’ y a Jacobo Wong ‘bañarse antes de grabar un videoclip con él’. Ordenó darle ‘like’ a sus tuits y oficialmente se proclamó ‘el presidente más ‘cool’ del mundo’.

Siendo ‘millennials’, se identifica con una generación moderna, pero tendrá que enfrentar la delincuencia y violencia extrema. Para frenar la emigración, tendrá que dar a su pueblo esperanza de prosperidad y muchos analistas contrastan esa situación con el ‘sueño panameño’ y el ‘sueño tico’ que atrae tantos inmigrantes centroamericanos.

Afortunadamente, el presidente electo de Panamá ha dado muestras de moderación distinta al tsunami del señor Bukele. Parece descansar especialmente en miembros de su partido político considerados particularmente competentes para gobernar en beneficio de la nación. Él y ellos tendrán toda la obligación de actuar con prudencia y los demás estaremos pacientemente pendientes.

EXDIPUTADA

‘Una buena noticia es que el proceso de transición se está llevando con buen pie. Hasta ahora ambos equipos se reúnen en un ambiente cordial […]’
 

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